martes, 28 de agosto de 2012

Ophelia (II)

Madrid y el mar. A pesar de ser joven y bonita hoy me siento infinitamente sola porque he perdido uno de mis calcetines favoritos. Ni siquiera ese gesto de sorpresa y lubricidad al subirme la falda ha conseguido que la noche mejore. Ni correrme en. He huido en cuanto la niebla de la garganta ha desaparecido, sintiéndome como una retorcida fuente de vida, blanca huella de lo efímero fluyendo analmente, deslizándose por mis muslos rotos. El amanecer de un matriarcado con olor a alquitrán.

A veces me gustaría ser una lesbiana que se enamora de hombres, que desbroza ansiedades escuchando canciones tristes, atiborrándose de helado porque sabe que el mundo es tan atroz que es imposible no enamorarse. Pero también vive en mí quien lo niega todo y se revuelca en la pornografía nihilista y aséptica de internet, no busca salvarse en besos, abrazos, o en esos leves mordiscos en los pezones que golpean el alma como un accidente de trafico. 
Ahora, como punto medio, me hago fotos delante del espejo, quizás para demostrar que existo.

Contengo la respiración, el silencio me aplasta. Intento distraerle entrechocando los cubitos de hielo del vaso. El vodka hace un quiebro. Bailo un vals -o quizás sea un tango-, delante de la ventana. Luz de luna, jardín inmenso. El sonido de ambulancias en Madrid rompe el embrujo.

A veces pienso en ti, te (d)escribo desde el manido artificio del lado frío de la almohada. Porque la antítesis del amor no es el odio, pasión fea y mezquina que insiste en forcejear con la sensibilidad para no pasar desapercibida, la antítesis es la indiferencia, terrible y dolorosa para cualquier amante.

Al final los sentimientos residen en el estómago, no en el corazón; cuando el amor se rompe el corazón no se inmuta, sin embargo el estómago se cierra y vomitas aire y vacío.

La niebla en la garganta se sigue expandiendo, pronto, siempre demasiado pronto, moriremos todos de normalidad.

El mar no cesa(en directo) by Héroes del Silencio on Grooveshark