sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz 2012

¿Recuerdas ese momento en el que estas con una mujer, ella te hace una pregunta banal y tu tardas en responder…y ese silencio que se ha formado mientras tanto no es incómodo y sonreís? Hay parejas que matarían por esos silencios compartidos, y de pronto, unos desconocidos lo consiguen, en el trabajo, quizás en un restaurante con más gente ¡Bang! Sucede.
Y es casi como el tiempo tuviera banda sonora y sus ojos fueran un refugio donde bailar.

Es mi vecina. Está en una situación complicada. Yo también. La quiero. Nunca se lo he dicho. Ella tampoco a mí. Nos conformábamos con los silencios, con los paseos. Pequeñas confidencias, su libro, su película favorita. Su hijo. Es tan guapa, que muchas veces naufrago en sus ojos, siento como una mordaza en la garganta que me impide respirar. Ni siquiera se maquilla cuando sale conmigo, solo unos clips en el pelo. Sé cuándo le preocupa algo porque no busca mi mirada. No va a abandonar a su marido. Algo se quiebra. Ni siquiera nos hemos acostado. No son solo las endorfinas de mi cerebro, es sentirse vivo, deslumbrado, fascinado. Es sonreír sin motivo, como si todo tuviera más sustancia, más color. Te pilla totalmente desprevenido, te has acostumbrado a vivir con los sentidos aletargados que es casi como sufrir una intoxicación de vida.

Es la última vez que vamos a quedar, vamos al cine. Nos emocionamos con la escena del ascensor. Es absolutamente brillante. Trasciendo el momento y la beso, nuestro primer y único beso. Siento sus lágrimas saladas, lo demás me llega como amortiguado. Seguimos viendo la película. No puedo soltarle la mano. La película termina, nos acercamos al coche. Nos despedimos.

Es todo ficción claro.

Aunque podría decir que pasó hace años. Podría añadir que luego tienes más parejas, pruebas, hay buenas recomendaciones, incluso parece que van a tener un final feliz. Siempre te esfuerzas mucho al principio atrapado por el misterio. Pero son aburridas, bostezas, sabes lo que va a suceder a continuación. Muchas no tienen la culpa, solo actúan como se supone que tienen que actuar, como un treinta y uno de diciembre: con su cena perfecta, sus programas en la televisión, las llamadas a amigos, sin preocupaciones, simplemente un nuevo año ruidoso quemando el almanaque sin darnos tiempo a pensar en nada más. Sin silencios. Y todo se convierte en simple corporativismo, un Stand By hasta el siguiente colapso, hasta el siguiente pliegue de vida que nos permita escuchar el “tic tac” del reloj que nos deja llenos de canas y bolsillos vacíos.

Pero a veces la explicación es un error bien vestido. Por eso desde aquí os insto a buscar esa epifanía en el 2012, a buscar ese silencio o esa emoción, porque realmente hay pocas cosas más que merezcan la pena. Puede ser la escena de una película que os emociona -como emociona siempre el talento cuando te sorprende a bocajarro-, un libro, una canción, una mujer, un hombre, puede ser el sexo cuando hay un sentimiento intenso correspondido o simplemente cuando te dejas llevar por el instinto sin velas ni guiones de por medio, puede ser creando o recreando, puede ser cuando luchas por tus principios, tus sueños...hay mil maneras y cada uno es libre de escoger la suya propia.

Por ello, y porque ya estoy empezando a beber, os deseo a todos un feliz 2012. Incluso a los anónimos. Seré un alcohólico, pero tengo sentido del humor.

An Ending (Ascent) by Brian Eno on Grooveshark