lunes, 14 de noviembre de 2011

25 de noviembre.

Nick Drake murió el 25 de noviembre de1974 a los 26 años, como resultado de una sobredosis de antidepresivos. Nunca se llegó a confirmar si fue un accidente o un suicidio. Lo cierto es que padecía depresión e insomnio. Editó tres álbumes sin éxito. El ultimo “Pink Moon” lo grabó en dos noches sin más acompañamiento que su guitarra y unos escuetos arreglos de piano. Sin florituras. Dejó la cinta master al recepcionista de su discográfica y fue encontrada varios días después. Naturalmente vendió menos que los anteriores. Si queréis saber más.

Pero seamos realistas, esto de idealizar biografías o edulcorar mitos no es lo mío, no es real, el señor Drake fue un cobarde, no tiene que ver la sensibilidad con el miedo, la falta de fortaleza mental con la injusticia del ostracismo, mezcló su adicción al hachís con antidepresivos, no intento vender su música, vivificarla en los conciertos porque se dejó vencer por su timidez crónica y su frustración, nunca llegó a intimar con una mujer en la alcoba. Y claro que se suicidó, tuvo una crisis nerviosa dos años antes, estuvo internado cinco semanas en un centro psiquiátrico. Estaba enterrado en su depresión, cuatro meses antes de morir entró al estudio a grabar nuevas canciones y era incapaz de tocar la guitarra y cantar a la vez.

Una vez regalé un libro de poesía de Bukowski a una mujer para impresionarla. Su comentario días después fue que Bukowski era un fracasado, se había convertido en un outsider porque nadie le aceptaba, no por creencias propias, escribía desde la letrina, inventado una biografía aderezada de putas y resacas cuando realmente sus años de juventud habían sido de infelicidad y aislamiento. Le di la razón y pasé a otro tema: no había comprendido nada.
No había entendido que lo importante era la sublimación de su arte, la capacidad para transformar toda esa miseria, esos modales de penitenciaría, ese sutil resentimiento hacía las mujeres, ese alcoholismo gañan e indecoroso en algo que nos emocionase, y al proveernos de esa emoción se redimía sin consecuencias.

No fue su muerte lo que revitalizó la figura de Nick Drake: fue el tiempo, jurado perfecto para el arte, el que poco a poco le ha encumbrado. Sin apenas novedades en treinta años, solo un box set y un disco con cuatro canciones nuevas, se ha producido un movimiento pendular de buen gusto. Pink Moon son treinta minutos de poesía, de otoños crepusculares, de días amarillos y suerte echada, de amores en ruina que crujen bajo tus pies. Y emociona. No es una biografía, ni una imagen en tu camisa, ni un ejemplo. Es arte, el único legado real, aparte del genético, que da sentido al vacío, a la náusea, a la falta de fe. Es, junto al sexo, la única forma de comunión real con los demás, de romper las barreras de la piel de nuestra isla y lograr algo de empatía espiritual.

Ahora vemos como las vocaciones fracasan, como se pervierte la educación, la sanidad, la política. Ser creativo significa vender más, crear al consumidor antes que al producto. Las marcas como tatuajes cerebrales. Pero tenemos una oportunidad cuando al menos nos planteamos la NECESIDAD de crear. Puedes fracasar…seguramente estamos fracasando en este momento, continuamente. Por ello es tan valioso valorar, por encima de todo, quienes a pesar de si mismos, logran llevarnos al otro lado.

Place to Be by Nick Drake on Grooveshark