miércoles, 1 de junio de 2011

La obsesión con el suicidio es característica del hombre que no puede ni vivir ni morir y quien nunca aparta su atención de esta doble imposibilidad.

No escribo porque todo parece una eyaculación de vomito diarreico, dedos grapados, atascados, moviéndose como mariposas muertas en un cielo granate.

Mecanismo de resolución no saludable, cortarse sin puntos, con esa misma cuchilla esterilizada que rasga la piel con el sonido de tu sonrisa al despedirme. Necesidad compulsiva frente a problema irresoluble. Dolor físico frente a dolor emocional. Heridas cicatrizando y renovándose una, y otra, y otra vez…

Sadomasoquistas dioses de la carne, del hambre, del deseo. No todo termina con un orgasmo. El blog esta muriendo.

La sangre gotea, como gotea el esperma de otro en tu boca, como ese carmín tristón deshaciéndose en muecas de placer que no es el mío. Beber. Sin etiquetas ni responsabilidad, solo embrutecimiento y entrega a la nada. Dolor subiendo como bilis por la garganta, dejándome sin aire, sin voz. Es duro amar a una puta, o quizá es duro amar simplemente. Cansancio. Sonidos en la calle, es estática sin sinapsis, solo oscuridad pidiendo sobrevivir.

Falta de amor o afecto, el desamor, la desafección. No hay poder redentor, las cosas transcurren sin saber abandonarte del todo. Sin establecer mas que cambios temporales que parecen sinergia por la excitación. Adora a tu pequeña cobardía, esa no-voluntad de poder. Acaríciala, acostumbrándote a su presencia. La infelicidad, estado natural, ese sutil, incomodo sopor como pompas de jabón emborronando tu mirada. Tu vida dada de baja por impago de sueños, ni siquiera un error puede sacarte de esa rutina enajenante.

El propio afán de trascendencia, convierte el no-olvidar en un trabajo. Todo se diluye de forma natural sino hay un resquemor obsesivo que lo mantenga en el presente a flote. Perpetuación de genes, la única inmortalidad posible, no la busques en el amor porque es una quimera cruel.

La nostalgia -ese tramoyista torpe que deja a veces sin escenario el presente-, que atenaza en momentos de soledad, curiosamente no se recrea en los amantes pacientes y generosos fácilmente conquistados, sino en los desdeñosos, los que provocan ese estado lamentable del ego con su rechazo, inapelable a cualquier excusa solidaria con la realidad. No piensas, sumergido en ese lago cenagoso, en Jantipa o en la desilusión de la satisfacción, solo suspiras, como ha suspirado mi vecina durante veinte años apoyada en su ventana viendo la vida pasar mientras se evade de lo que sucede a sus espaldas.


Consigues que el puto Hespérides huela a depósito de cadáveres

El genero humano esta jodido. Como esa hija adolescente que ocupa el puesto de su madre enferma. Algo desquiciante y miserable. Años después, casada y con hijos, aun acosa al padre, monstruo de producción propia, y busca su caricia. La nueva esposa exculpa, acepta, no ve más allá de otros problemas. Pero es real. Ocurre en estos momentos.

Me siento desubicado, aturdido. Puerta cerrada persiana bajada, me aíslo en la oscuridad de mi pequeña madriguera. Llevo días sin hablar con nadie. Lleno la copa de bordes suicidas y la vomito en mi estomago. Cierro los ojos intentando controlar el ataque de angustia que me sobreviene. Tengo ganas de gritar, de salir corriendo. Pero estoy inmovilizado, tengo miedo de abrir la puerta y comprobar que ahí afuera no hay nada. NADA.

Mi mano actúa sola y siento el dolor en el antebrazo, avanzando lentamente a través de mi piel, con una interacción musical que me abruma por su perfección. Ese cosquilleo familiar de la sangre resbalando.


Me doy cuenta que tendré que llevar camisas de manga larga todo el verano. No puedo evitar sonreír ante un pensamiento tan prosaico. Sigo cortando, incapaz de ver menos lógica en este acto que en el simple hecho de respirar.

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