lunes, 14 de marzo de 2011

Mariposas Asesinas.

...enfadarse con el amor es como enfadarse por tener las muelas del juicio o apéndice. Un poco de solipsismo. La naturaleza simplemente ha buscado la mejor manera de empujarnos unos contra otros. Si nos disgusta esta mentira aprendida, este cortejo irreal, ¿Por qué seguimos escuchando las mismas canciones una y otra vez entre suspiros de nostalgia? 

Si, al final solo se trata de follar naturalmente, es una obviedad. Pero también creo que hay gente que con su sensibilidad puede convertir cualquier gesto vulgar en algo sublime, romántico, elegante, dotarlo de entidad propia. Se puede pensar que es una impostura, algo caduco, artificioso –como los modales en la mesa por otra parte, dado que solo se trata de alimentarnos-. O también conciliar que es una forma de sublimar el deseo sexual y adaptarlo a nuestra forma de sentir, a la empatía que nos produce nuestro entorno.
Naturalmente esto no está al alcance de todos, y no se puede hacer solo. Los dos tienen que haberse emocionado con Amelie -ejemplo personal-.

Recuerdo aquel día que volvía en metro al amanecer, totalmente borracho. Aún tenía en mis ojos lisiados tu veneno, sabías que prohibir despertaba mi deseo; intentaba convencerte, mientras me acariciabas con tu sonrisa, que lo mejor no era llegar a la meta sino follar durante toda la carrera. Moría un poco en cada intento infructuoso. No quería ir al cine solo, no estaba preparado para construir una vida en soledad. Cerré los ojos. Era Elmer Battes dibujando tus pies con mi cámara, era el maestro, el flagelador en este enorme club de perdedores, esquivando la casquería humana con talento. Cuando los volví a abrir, inmerso en un viaje temporal, estaba de nuevo en tu parada y habían pasado dos horas. Pensé en bajar e intentarlo de nuevo.

Hay seres transparentes en todas partes, como ese carroza sin barbilla, con su cubata en la mano, apoyado en la pared de la discoteca, solo, sin amigos, esperando a la nada rodeado de gente que no repara en su presencia, con esa sonrisa de compromiso -la misma que usarías en un museo Kitsch-. Ver al adolescente bordeando el coma etílico, tirado en el suelo, mientras sus amigos hacían fotos y se reían resultó ser menos doloroso para mi sensibilidad.

Carmen me enseño su habitación, inmediatamente me di cuenta de que algo iba mal: un enorme crucifico presidía la habitación. Uno de esos enormes Cristos llenos de sangre y heridas hiperrealistas en su tortura. La cama tenía la apariencia de haber acogido las bajas pasiones, no ya de los padres, sino de los abuelos. Cuando empezamos el magreo solo tenía en la cabeza la imagen del Cristo cayendo sobre mí, castigándome por semejante afrenta, las posibilidades de que fuera mi sangre y no la del virgo de Carmen las que mancharan esas sabanas se centuplicaban en mi cabeza. Baste decir que no puede hacerlo y que tampoco volví a intentarlo: nunca me gustaron los tríos.

Desear es esencialmente sufrir, como vivir es deseo, la vida es en esencia dolor. Hacía girar el vino de mi copa, embarrado en estos pensamientos optimistas. Fuiste la no-historia más importante de mi nostalgia. Como una canción que nunca dejas terminar, porque solo te gusta el principio. Como esos créditos que esconden un final diferente pero que estropean toda la película. Como esa última llamada en la que sobra que contestes y me dejes hablar. Como la segunda parte de una novela donde te explican todo y los protagonistas acaban juntos. Como un mail donde eres sincera cuando a mí me mientes a la cara. Siempre entiendo mis motivos, lo triste siempre tiene más contenido que continente.

Lucha De Gigantes by Love Of Lesbian Y Zahara on Grooveshark