domingo, 13 de marzo de 2011

El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece.

Me he subestimado un poco. Pensaba que alguno de mis planes saldría bien, pero al final lo único que queda es beber solo en casa, intentar desintoxicarme del trabajo, superar este agotamiento anímico.

El trabajo. No puedo hablar mucho de ello, creo que nos están institucionalizando, como en la película “Cadena perpetua”. Ahora pedimos permiso para cada pausa visual, nos dan toques si tardamos mucho tras llamada o durante la misma. Es aburrido hasta explicarlo. Hablando de esa película hay un diálogo que me gusta mucho:

“Brooks no está loco, sino institucionalizado. Ese hombre se ha pasado aquí dentro cincuenta años Heywood, cincuenta años, no conoce otra cosa. Aquí dentro es un hombre importante, es un hombre culto. Fuera de aquí no es nada, un viejo inútil con artritis en las manos... No podrá conseguir un puñetero trabajo. Créeme, estos muros embrujan: primero, los odias. Luego, te acostumbras. Y al cabo de un tiempo, llegas a depender de ellos. Eso es institucionalizarse. Te encierran de por vida y eso es justo lo que te quitan, la parte que importa al menos”

La noche. Bebo con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método. Con ese regusto de sollozo en el estomago. Me gusta la soledad. Reflexionar sobre esto que, inhumanamente, alguien ha decidido llamar vida. Todo el mundo se masturba con soluciones mediocres. Yo prefiero brindar acompasado de mis penas. Escapar antes de que la luz del amanecer deshilache esos pensamientos. Como el hecho de que todo iba bien entre nosotros hasta que cometí la torpeza de enamorarme.

1999 by Love of Lesbian on Grooveshark