viernes, 7 de enero de 2011

“Por un puto polvo no pierdo horas de sueño” Rorschach no supo que contestar.

Escribir es masturbación, no es trascendental, al menos que creas que el placer solitario lo es, y si es así entramos en el peligroso mundo de la petulancia y la idiotez. Asumamos con humildad nuestra vulgaridad, escribir nos hace bien, dado que en noches como esta es la única sublimación aceptable. Escribir nos da libertad, no nos deja encadenarnos en roles como Rorschach, hace que la ardua tarea de explicar una sensación o un sentimiento merezca la pena porque te permite empatizar con serenidad de animo.

Y eso es lo que busco, templar mis sentimientos. Todo me empieza a afectar, como si no pudiera seguir siendo frío y analítico. Como si ahora todo tuviese mucha importancia: las palabras, los actos, los sentimientos. Como si ya no pudiera estar solo, yo, que siempre he querido seguir estando solo en compañía. No sé que cambio se ha producido en mi, cambio que se lleva incubando desde noviembre, pero no me esta haciendo feliz. Espero que pase.

Pasando a otros temas hoy he leído un blog que me ha producido de nuevo esa sensación. Es el tipo de blog que me recuerda la forma que teníamos de expresarnos a través de Internet en tiempos pretéritos, alejados de modas y notoriedad, esa forma de sincerarte simplemente cogiendo el procesador de textos e intentando sacar la basura de tu alma.

El resumen ideológico del autor era desahogarse sobre una de las causas mas común del mal de amores que acarrea no pocas noches en vela, ojeras y rostros macilentos: la Indiferencia, o esa otra variante no menos molesta: la desaparición sorpresiva. Es en definitiva una maldición para algunos espíritus soñadores y con ínfulas de cuento de hadas. La razón es evidente, dejando aparte que es el peor maltrato para la autoestima, este tipo de personas recurrirán a dos terribles rutinas para salvaguardar su ego.

La primera será justificarlo todo. Serán capaces de defender/disculpar cualquier acto cobarde, cualquier ausencia, pasaran por alto las mínimas reglas de cortesía exigibles a su antiguo partenaire. Para este acto que se prolongara debido a la obsesión y que provocara que la dignidad y el orgullo desaparezcan como por arte de magia tenemos la segunda rutina, el combustible para toda esta locura: la idealización. De pronto los recuerdos de esos meses, o el periodo de tiempo más o menos largo que durase nuestro romance, se modifican, se endulzan, se engrandecen. De pronto las discusiones, las diferencias, las decepciones, las piezas que no encajan desaparecen y solo se ve un Dios entre los hombres que nos bendijo con su breve presencia y que un golpe del destino nos lo ha arrebatado cruel e injustamente. Pero tranquilos, porque la energía que nunca usamos para dirigir nuestra vida la gastaremos para luchar por él/ella porque nosotros merecemos ser felices y mas ahora que hemos tocado la perfección, que hemos saboreado la felicidad imperecedera.

Nadie desea sufrir gratuitamente, simplemente coincide con momentos de debilidad, de desconcierto existencial o emocional en los que no sabemos equilibrar nuestra individualidad. Nos hacemos dependientes. De algo que no existe, de algo que no nos merece. Por ello hay que amputar sin pudor y llenar el hueco con uno mismo. El tiempo te ayudara a saber cuando puedes descubrir la herida y mirarla a la cara.

No hay mucho más que añadir a este manido texto.

Down By The Water by PJ Harvey on Grooveshark