viernes, 24 de febrero de 2012

El corazón a partir de los treinta es un condón usado. No te dejes engañar.

Todos los dolores son producto de la incompetencia, me duele la polla porque no sé masturbarme, me duele la cabeza porque no sé beber, me duele el corazón porque no sé amar como ellas necesitan. El dolor es un aguijón, salgo al exterior, a ese parque del extrarradio lleno de árboles y mierda. Y conejos enanos. Tenemos una invasión, una plaga. Alguien abandonó una pareja el año pasado. Ahora son miles, de todo tipo y tamaño, reproduciéndose como gremlins bajo el agua. Se han comido el césped de medio parque. En el fondo los entiendo, ellos solo quieren follar y comer. Pero el ayuntamiento los ha convertido en el enemigo, intenta aniquilarlos con trampas, con veneno, no les importa sus necesidades. Bella metáfora de otro contexto.

El caso que estoy hablando solo, rascándome los cojones, aterido de frio, pensando en trabajos de mierda, como ser mamporrero en una fábrica de condones. Me sube de pronto una arcada y empiezo a vomitar. Cuando termino me quedo mirando este cuadro de suciedad espiritual a las puertas del edén. Joder.

De pronto escucho una voz a mi lado
Voz de pito desconocida: Muerte y transfiguración.
Pego un respingo: es un puto conejo enano parlanchín.
Rorschach: ¿Qué coño significa eso?
Puto conejo blanco enano parlanchín: Dios y tú no habéis apostado al mismo caballo.
Mierda, una cosa es volverme loco y otra lecciones zen de madrugada.
Rorschach: Yo también tengo frases de mierda, Dylan Thomas diciendo en su lecho de muerte “He bebido dieciocho vasos de Whisky, creo que es todo un record
Conejo: Es un fraude, la tenías apuntada y la metes en estos diálogos febriles sin venir a cuento porque crees que queda bien, pero solo te muestra como un vago que jode la continuidad del diálogo.
Rorschach: Joder, nadie me paga por esto, tengo derecho a ciertos atajos.
Conejo: La verdad, te imaginaba más alto. ¿Sabes que es posible que Bukowski sufriera una lesión cerebral cuando estuvo a punto de morir por aquella ulcera sangrante?
Rorschach: Si, y también sé que siguió escribiendo otros treinta y cinco años. La potencialidad del ser humano es asombrosa. La gente común se vuelve común por la simple vulgar supervivencia del día a día. Pero intenta joder a tu propio cerebro a la vez que escribes, lees, o lo utilizas realmente en esos pocos trabajos no manuales que lo requieren. Se convertirá en algo diferente, pero lo conservarás útil hasta el final.
Conejo: Mierda, eres de los que no ve la televisión ¿verdad?
Rorschach: No me gusta que me llamen subnormal en voz alta, que vuelquen su política de miedo sobre mí con todas esas noticias inútiles, sesgadas, mal formuladas, mezcladas con catástrofes, accidentes, Urdangarines, ¿a mí que cojones me importa todo eso? Y luego los deportes. Futbol. Héroes nacionales. Los mataría a todos.
Conejo: Sois una raza de zombies.
Rorschach: En algún momento la clase baja amputada de la política social aprenderá a construir bombas atómicas en sus sótanos malolientes. Y cuando todo estalle, esos pretenciosos tacones, esas campanas de muchedumbre que eligieron no usar mi polla como badajo, se arrepentirán.
Conejo: Destilas misoginia. Los borrachos sois malos amantes, solo rendís pleitesía a vuestra amiga la botella. Pero al menos adoráis lo sucio, os causa diarrea las historias de felicidad y los corazones sobrevolando la pantalla, las frases hechas de lugares comunes del puto poeta burgués hablando de metafísica mientras su mama le hace la cama. Sois viles pero reales, sabéis que es comer un coño, sabéis que es sodomizar a una borracha. El hambre. El dolor. El fracaso.
Rorschach: En realidad el fracaso es infinito, porque es infinitamente divisible, cosa que no sucede con el éxito. El escritor no inventa, habla de cosas que sabe sin saber, como un flâneur solitario entre la multitud, espectador ocioso, apasionado pero a la vez indiferente, alienado, un paseante filosófico.
Conejo: ¿De qué cojones estás hablando?
Rorschach: Hablo de lo que significa escribir. Aunque puede que hable más bien de ella. A veces, durante la convivencia, me decía Te echo de menos mirándome fijamente a los ojos. Siempre me acostaba mucho más tarde ella, pero no importaba porque tenía el sueño muy profundo y nunca la despertaba. Sin embargo si me acercaba a su rostro y producía un leve sonido con los labios, como un beso apagado, se incorporaba inmediatamente, me besaba con los ojos cerrados y volvía a dormirse. Para suavizar el párrafo añadiré que siempre tenía que dar cuatro o cinco embestidas especialmente brutales para conseguir que gimiera.
Conejo: Vigila tu soledad, este trepanando eso que llamas talento. Aunque desde aquí solo parece pus con nombre de puta. El amor es otra forma de prejuicio.
Rorschach: Las personas son como los libros, mayormente una enorme pérdida de tiempo decepcionante. Pero hay otros, muy bien escondidos entre la masa, que son armas de destrucción masiva, orgasmos mentales. Y cuando lees la biografía del autor en que se le tacha con rigor de misógino, de ser un hijo de puta, da igual, la redención nace de la sublimación. Y sus libros son reliquias de santos incorruptos al alcance de todos, y sin embargo, tan lejos, tan lejos, tan lejos, tan lejos…la noche arde, observa esas estrellas de larga punta. Me recuerdan a mi vecina, mi particular pájaro azul, mirando siempre por la ventana, día tras día, tras día, tras día. Como un algo eterno carente de interés.
Conejo: Desvarías, y no es simplemente el delirium tremens habitual producido por las benzodiacepinas…

Se escuchan gritos de fondo, una violación, el amor haciendo un alto en su camino. El conejo se distrae y aprovecho para cogerle del cuello y partírselo. He declarado una guerra que no puedo ganar, pero la vida se compone de pequeños actos irreflexivos de terribles consecuencias a pagar en cómodos plazos.
El resto de conejos, acostumbrado a ese tipo de agresiones, llama a la infantería y empiezo a recibir una lluvia de piedras, jeringuillas usadas, trozos de camisa de fuerza y comprensas. Atacan por todos lados, muerden mis pantorrillas y casi consiguen hacerme caer. Pero de alguna forma resisto, sé que aún no ha llegado mi momento, he comprado de oferta varias botellas de vino y debo terminármelas. Tengo un destino. Una meta. Consigo escapar, aunque sé que nunca podré volver allí. Otra zona vetada. Malditos conejos enanos parlanchines.

Llego a casa. Pongo algo de música al azar. Suena esa canción. Me recuerda a ti. Me apena que creas que soy un animal sin sentimientos, una inanidad sin planes de futuro, alguien que muere lentamente por la falta de ejercicio en los rocos de la vida. Me conoces tan bien. Pero tengo fetiches. No hablo de dedos, ojos agujereados por un lápiz, tu sonrosado clítoris ablacionado, o tu larga melena con trozos de hueso y masa encefálica todavía adheridos a ella. No. Hablo de cosas normales, como entradas de cine, fotos, cartas, todas quemadas y reducidas a cenizas que conservo, con cierta ternura, en un dedal. Pienso en ti, en esa extraña combinación de lo mejor y lo peor, de lo mágico y lo terrible. Te mantengo un momento en mi memoria antes de intentar una reverencia que se trasforma en traspiés. Me quedo en el suelo. No es un mal lugar para dormir la borrachera y para perder un beso silencioso envuelto en su ligera erección

Estabas loca…y casi conseguiste volverme loco a mí también…suerte con el siguiente…y con el siguiente…y con el siguiente…

Hell by Disturbed on Grooveshark

miércoles, 22 de febrero de 2012

En realidad, el amo es el esclavo de la esclava, pues depende de que ésta acepte someterse a los servicios que lo excitan.

Siempre hay un germen en cada gesto, como un algo primigenio, como 
una idea perfecta que no adaptamos, solo imitamos. No hay madurez ni control, son ellos quienes se adhieren a nosotros. Como un hijo ilegitimo que te acusa con tus mismos ojos. ¿Sucede lo mismo con las despedidas? ¿Son solo un puñado de palabras, gestos, tópicos forzados, destinados con su melodrama a arañar nuestra memoria más tiempo del aconsejable?

No lo sé. Aún recuerdo la última, meses de convivencia intentando no discutir, tímidos intentos de llevarnos bien. Luego su precipitación al querer mudarse. Pero no fue ahí, con la puerta cerrándose y el fundido en negro cuando nos despedimos. fue antes. Cuando me mintió, cuando me miró a los ojos y me mintió. Él, que se consideraba el adalid de la honestidad por encima de cualquier convencionalismo. Y fue innecesario. Había leído sus correos. Cualquier oportunidad se perdió ahí. Dejó de existir como ideal. Solo sentía ese extraño y jodido apego que dan los años. Una pueril excusa. Y resultaba todo tan mezquino. Él me lo parecía. Haciéndome creer que quería hacer lo correcto cuando simplemente se sentía culpable. Pero no le culpo. Hay que aprovechar las oportunidades. Y nos separamos. Pero la despedida fue antes, meses atrás, cuando deslizó sus mentiras, sin tensiones, tumbados en la cama.

Y ahora estoy aquí, con otro como él, en esta pequeña habitación de motel, como un sueño opaco, sórdido, con su cama, sus sabanas mal dobladas rozando por un lado la moqueta, el verde mortecino de las paredes desconchadas, esa mesita de noche con una pequeña lámpara que ilumina más la suciedad. Sonrío, una sonrisa masoquista.
Cuando sale del baño estoy de espaldas sentada sobre la cama, mirando la puerta. Noto como se quita los zapatos, los pantalones. Como deja el reloj encima de la mesilla, un poco de sombra. Su aliento me acaricia brevemente la espalda, me tumba sobra la cama y me despoja de identidad. No hay palabras, no hay necesidad, ya es un juego orquestado.

Me desnuda a su manera, con brutalidad, sin dulzura, sin tocarme apenas con las yemas. Da igual, la lencería nueva cae al suelo, el maquillaje se borra de un guantazo.
Aleteo entre mis sentidos, cosificada, paralizada, con los ojos brillantes. Me abre de piernas y me palpa. Me arranca las bragas, me hace suya antes de empezar. Se pone a horcajas sobre mí, me agarra del pelo y me empuja hasta que la tengo dentro de mi boca. Jugueteo con la lengua, noto como crece, su presión aumenta y me bombea en la boca, disfruto de esta extraña asfixia. Pero controla los tiempos. La saca, pego una bocanada de aire y me la vuelve a meter brutalmente. Me mareo pero sigo succionado, me golpea con los cojones la barbilla mientras con la otra mano me agarra del cuello. Seguimos así varios minutos, a veces la saca y me golpea con su erección, con su polla en la cara. Me hace daño, son pequeñas bofetadas, y en agradecimiento le chupo los cojones con fruición, le lamo entero y pido más.

Se cansa pronto, estoy demasiado sumisa, no grito. Me agarra y me pone de espaldas, con la espalda arqueada. Mi cuerpo está seco y me empieza a insultar, repito sus palabras en primera persona mientras me folla con el pulgar -demasiado rápido-, y me restriega el clítoris con el resto de la mano. Su lengua mordisquea mi culo, me lubrica. ¿Qué le habrá dicho a su mujer? ¿Una reunión de negocios con un nuevo socio? ¿Tendrá ella un amante que la deje satisfecha?

Todo sigue lo marcado, me sodomiza, me agarra con saña los pechos. Pienso en las horas de gimnasio, en las cremas reafirmantes, los rayos uva, la bicicleta estática, las horas de peluquería, la depilación láser, todo concentrado en unos azotes con la mano abierta. Veo las estrellas, reacciono con el gemido y la mirada de soslayo adecuada. ¿Sigo encontrando placer en ese dolor, en sus marcas...?

Me voltea, se pone encima, ¿me mira? No, ni siquiera eso. Está enfrascando su ego, bombeando una y otra vez, con precisión pero sin alma, meros bosquejos. Mira el reloj. No me tendría que afectar. Empiezo con los gemidos un poco alterados de costumbre. Quiero que se sienta como un macho alfa, que sienta que ha merecido la pena el esfuerzo. Otra vez el reloj. Prefiero cerrar los ojos. En el fondo, da igual. Su pene, todo él, es como el recuerdo de una película que te hizo llorar, o reír en el pasado, y que luego, al volver a verla, no te produce ninguna sensación. Y te rebelas ante ese hecho, insistes... ¿por qué no sigue emocionándome cómo antes?

Aumento los gemidos y grito un poquito mordiéndome el labio. Que idiota, que sobreactuado. Él la saca y siento la huella caliente de su semen sobre mi cara, sobre mis pechos. Ya. Ya está. No quiero abrir los ojos, no quiero verle. Siento como su calor se aleja de mí. Tengo ganas de llorar, porque en el fondo todo es ridículo. Todo es mentira. Su voz, sus gestos de prestado, su mano rozándome ligeramente la muñeca acercándome unos pañuelos. Noto la puerta del baño cerrarse, la ducha. Y sigo aquí quieta, empapada en su sudor, en su semen, encharcada o seca da igual, insatisfecha, triste, sola, sucia.

Despedirse duele. Es amargo. La liturgia de los gestos nos permite banalizarlo un poco.

Podría abrir los ojos, sentir el semen deslizándose por mi cara, por mis pechos, sacar la pequeña pistola de mi bolso, entrar en la ducha y acabar con todo esto de una vez.
O simplemente levantarme, escapar de la inercia de las mentiras. Vestirme. Salir. Olvidar.

A New High by Marionette on Grooveshark

sábado, 18 de febrero de 2012

Top Rorschach Personajes Literarios

Nueve personajes literarios que me gustaría que existieran, sin ningún orden en concreto:

Sherlock Holmes (Las Aventuras De Sherlock Holmes)
No es necesario presentar al personaje: cocainómano, misógino, frío y cerebral. Alguien que quiere olvidar que la Tierra es redonda porque considera que esa información le ocupa un espacio innecesario en el cerebro pero que podría escribir un tratado sobre las diversas clases de ceniza de puros, cigarros y pipas. Por ahí andan las Obras Completas, edición Cátedra, dispuestas a abordarme en cuanto me despiste. Siempre he admirado la inteligencia, creía que era eso lo que movía el mundo. Ahora la realidad que nos rodea me impele a pensar lo contrario. De todas formas hay una serie en la BBC -Sherlock- que ha renovado al personaje. Indispensable.

Madoka Ayukawa (Kimagure Orange Road)
Bueno las razones son obvias. Prácticamente todo el post anterior va dedicado a ella. En el pasado fue mi ideal de mujer.

Raistlin Majere (Dragonlance)
Personaje inmenso de los libros de fantasía heroica de Dragonlance. Relacionado con rol, dados asesinos y palabras como Dulak, Shirak.
Un mago, inteligente, amargado, de salud enfermiza, pero con una ambición tremenda, y unos iris en forma de reloj de arena que le maldicen con ver la descomposición y la muerte de todo lo que le rodea. No cae bien a nadie y si no fuera por su hermano gemelo, Caramon -fuerte, alto, conquistador, todo lo que él no es- nadie le querría a su lado. Va con un grupo de aventureros y al principio crees que no va a sobrevivir ni cien páginas. Todo el arco argumental de la segunda trilogía está dedicado única y exclusivamente a él. Carismático, llega hasta la cima del poder desafiando a los mismos dioses. Tiene la culpa de que me haya leído más de treinta libros de esa colección –la mayoría, para que negarlo, abominables. Como curiosidad cualquier nick que utilizaba antes en foros, mailing list, irc hispano, tenía referencias a él. ¿Fistan?

Rorschach (Watchmen)
¿Os lo tengo que explicar? Personaje de Watchmen, novela gráfica con guión del genio Alan Moore. Uno de los mejores comics que he tenido el placer de degustar. De esos que te hacen odiar la memoria porque te impiden disfrutar una y otra vez del placer del encuentro.
Rorschach es un antihéroe, un nihilista, alguien que solo es capaz de ver el mundo en términos de bien o mal, blanco y negro. Una versión del protagonista de Taxi Driver en cómic. Parece que ha perdido el control, pero simplemente se ha acercado al abismo y ha permanecido allí demasiado tiempo sin apartar la mirada. Hay momentos increíbles, como cuando está en la cárcel e intentan matarle, él tira una fiambrera llena de aceite hirviendo a su atacante y dice “No estoy encerrado con vosotros, vosotros estáis encerrados conmigo” Sencillamente fantástico.

Scott Summers (X-Men)
Una versión descafeína de James Stewart sin carisma. Siempre atormentado por su poder -rayos ópticos siempre activos, tiene que usar unas gafas especiales para poder controlarlos- mientras los demás disfrutan sin angustias. Tópicos aburridos sino fuera porque al final se convierte en el líder del grupo y se lleva a la chica, a la pelirroja de ojos verdes Jean Grey. Todo acaba en tragedia, ella muere, una de las primeras muertes en un cómic, y él acaba destrozado.
La saga de Fénix Oscura. A los lápices John Byrne, guion Chris Claremont. Hicieron magia a finales de los setenta, tenían una enorme libertad creativa y llevaron los guiones a otro nivel, metiendo a los personajes en problemas morales y situaciones de difícil resolución.
Otro motivo para incluirle es que si existiera también lo haría el gen mutante, y todos podríamos desarrollar algún tipo de poder inútil. Siempre me ha sonado bien esa posibilidad.

Henry Chinaski (Factotum)
Otro clásico por aquí, aunque con trampa claro, Bukowski existió, pero tampoco nos podemos creer todo lo que nos cuenta. Su alter ego, Hank, es una versión ampliada, sesgada a veces de un consumado antihéroe: alcohólico, misántropo, mujeriego, vagando de trabajo en trabajo y de mujer en mujer. Versión propia de Bandini de Fante. Pero al final es un retrato que alberga cierta ternura, de carcajada sórdida pero sincera, de anular los impulsos suicidas rellenando los márgenes de un periódico, intentando mostrar en esencia, la enorme pasión por la escritura que le embriagó siempre.

Marla Singer (Fight Club)
Ser un adicto a los grupos de terapia para conseguir dormir y encontrarte en el de cáncer de próstata a una mujer allí. Que luego la persigas para llegar a un acuerdo mientras ella roba ropa en una lavandería. Que te llame porque ha tomado demasiadas pastillas o porque cree que tiene un bulto en el pecho. Su estética es deudora de Judy Garland, frases como: "eres lo peor que me ha pasado nunca" “me has conocido en un momento extraño de mi vida” “"Quiero que me dejes embarazada, quiero tener tu aborto" se han clavado en mi memoria. A la mierda Trinity, Buttercup, o cualquier Julieta sin alma. A Marla sí que la empotraría durante horas.

La Maga (Rayuela)

"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."

Ella    (Musa)

Faltan mujeres. Podría decir varias para quedar bien, Irene Adler sería una de ellas pero vamos a reconocerlo: tiene más notoriedad en el cine que en los libros. Amélie no cuenta. Las de Casona me gustan, pero son demasiado irreales para esta época. La de “El Jugador” de Dostoievski no termina de vislumbrase, La de Laura Esquivel que siga cocinando.

Pondría alguna de Kundera pero solo me acuerdo de “La Broma”, y a esa no quiero ponerla. Las de Etxebarria y Almudena Grandes están todas cortadas por el mismo patrón. “El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiera” el autor me robó la idea y la plasmó mejor. Las de Stefan Zweig no me convencen. Benedetti no tiene una en particular, ese es su truco. Emma Bovary es odiosa al igual que Karenina. Italia de “No te muevas” es una patología ajada. Laura y Beatriz muy bonito, pero solo son musas ajenas. Alice Gould de Torcuato no –en este momento estoy mirando la estantería, no tengo tanta memoria-, Carlota de Goethe NO, por Dios, tampoco Medea, ni Elisabeth Bennet, ni Sherezade, ni la Celestina, ni…hay tan pocos personajes femeninos interesantes, me temo que solo servís como musa, como posibilidad.
Si fueran personajes de película me quedaría con Clementine.

Al final, que está amaneciendo, haré una pequeña trampa. Me quedo con Irene de Drive. En el libro aparece con otro nombre y la matan en mitad de un párrafo. Pero la película es una hermosa obra de arte que emociona. Y eso es siempre lo más importante.

The End by The Doors on Grooveshark

viernes, 17 de febrero de 2012

Memorias del subsuelo de una mente ficticia.

Creo que voy a morir pronto. Tengo solo treinta y cuatro, lo sé, soy joven, productivo todavía para la cadena de montaje de esta sociedad, aunque el futuro sean las pensiones privadas. Pero no estoy bien. No me siento bien. No llevo una vida normal. Me embargan pensamientos que provocan que cada vez me resulte más difícil levantarme de la cama. Es cierto que de momento me puedo permitir seguir viviendo así, en esta habitación alquilada, solo, trabajando de noche los fines de semana. Pero me estoy quebrando.

La gente me pregunta porque leo tanto: simple supervivencia, escapismo mental, termino un libro y cojo el siguiente, a veces ni siquiera disfruto con ellos. Hoy no tenía ganas de leer, abulia mental, o quizá incapacidad para superar mi mediocridad. A eso de las cinco de la tarde me he metido de nuevo en la cama. A dormir. A irme. Creo que podría hacerme adicto a las benzodiazepinas. Debería. He despertado de madrugada. Sin comida en la nevera, con aliento de resaca. Llevo desde el domingo sin hablar con nadie. La comunicación a veces es dolor. Escribamos.

Creo que es difícil expresar las cosas importantes, al menos las que son importantes para ti, porque suenan ridículas dichas en voz alta. Nos sentimos demasiado expuestos, frágiles ante el escrutinio ajeno, ante su crueldad. Porque la gente es cruel, es lo único que resulta sencillo para todos.

Supongo que solo me pueden entender las personas que les gusta la literatura, que tienden a empatizar con personajes que no existen, a desear que existan, a enamorarse de ellos, a buscarlos, En el fondo perder esa inocencia es un proceso normal, una inercia como la muerte metafórica de tus padres. Aunque creo que esa incapacidad de ensoñación nos convierte en personas más tristes.

Cuando tuve mi época Amélie, no fue solo porque era una representación de todo lo que sentía y sufría por ella. No, era algo más, representaba un romanticismo todavía perenne en mi espíritu que había olvidado. Las canciones hablaban de mí, las películas me emocionaban. Me comunicaba con ella sin cinismo, directamente desde mi mundo interior y cuando terminaba, y ella me sonreía, sentía como las piezas iban encajando. Y aunque no me correspondía, me entendía, sentíamos cierta armonía en nuestros anhelos, en nuestras fantasías, en nuestras ternuras. Existe un lado cínico, pero este párrafo no es el lugar adecuado.

Y Amélie, con sus miedos, sus pensamientos, su álbum de fotos desechadas, sus piedras, su enano de jardín, consiguió brevemente que pensara que merecía la pena el peaje de sentir. El romanticismo es como literaturizar, es un engaño en sí mismo, pones el foco emocional sobre unas cosas dejando en sombra otras. Pero de alguna extraña manera eres feliz, que al final es lo importante. Y a veces, después, el apego consigue que Ella se transforme en un hogar permanente, en un ancla de significado al que siempre quieres volver. No hablo de dependencias, aunque las haya, hablo de tener fe. No en Dios, el Estado, El Trabajo o la Familia, sino en el Amor. En ese extraño cumulo de sentimientos que no deja de ser una oda suprema a la irrealidad.

Ahora ya estoy totalmente vacío de ese sentimiento, curado, como una metáfora de la fiebre del enfermo que desaparece justo antes de morir. Quizá sea un momento de lucidez en una carrera que me empeñaba en correr de espaldas, pero hay cosas que no podemos elegir como nos afectan.

Recuerdo cuando esa sensación latía con más fuerza en mí. Fue en EGB, cuando estuve perdidamente enamorado de Patricia. Nunca le dije nada. Me conformaba con el platonismo, con mirarla de lejos. Creía que sería difícil recordarla pero no es cierto: era una chica morena de pelo largo, nariz pequeña, destacaba por su inteligencia, muy aplicada en clase, tenía carácter, altiva, con toques rebeldes pero solo insinuantes el último año. Buena persona, intentaba hacer siempre lo correcto.
Pero yo era terriblemente tímido en la escuela, supongo que no sabía muy bien cómo comportarme, no tenía hermanos, vivía prácticamente solo, sin visitas, me dedicaba simplemente a jugar delante del televisión y a leer. Mi desconocimiento del género femenino era brutal.

Cuando tenía catorce años, justo antes de entrar en el instituto, fue cuando vi la serie. Kimagure Orange Road. Cuando la emitieron en Tele 5 le cambiaron el nombre por Johnny y sus amigos. Era un shojo anime, un triángulo amoroso. Un chico con poderes psíquicos –Kyosuke- llega nuevo a la ciudad, se encuentra con una chica –Madoka Ayukawa- en un parque, al final de una escalera de cien escalones, y surge la atracción. Pero al llegar al instituto conoce a otra chica –Hikaru- que se enamora de él y que resulta ser la mejor amiga de la primera. Madoka mantiene una lucha interior entre su amistad con Hikaru y los sentimientos hacía Kyosuke, y el susodicho nunca tiene muy claro que hacer, es tremendamente indeciso y por otro lado tiene que esconder que tiene poderes, lo cual siempre acaba metiéndole en problemas a él y al resto de su familia. Hay muchos personajes secundarios que apoyan los tintes de comedia. Hoy en día esta trama nos parecería demasiado ingenua, pero por aquel entonces –la serie data de finales de los ochenta aunque aquí se emitiera cinco años después-, tanta candidez no chocaba. También hay que tener en cuenta la mentalidad japonesa y la forma de afrontar sus relaciones de pareja, el contacto físico, un beso, para ellos requiere mucho más tiempo y es más trascendente.

Pero aparte de esa mezcla de romanticismo, comedia y ciencia ficción, teníamos a Madoka Ayukawa. Aunque el manga data de 1984, sigue siendo uno de los personajes femeninos más inolvidables de toda la historia del comic. Es la perfección arrodillándose ante sus ojos verdes y su pelo negro azabache de brillos violáceos. Atractiva, con un toque de voluptuosa adolescencia, romántica, con carácter, capaz de dar una bofetada a nuestro protagonista, con razón o sin ella, a la mínima excusa, incapaz de mentir, con un acusado sentido de la justicia, amante de la música -tocaba el saxofón y más adelante el piano-, con un pasado de pandillera poco claro, deportista, valiente. No había nada que no hiciera bien. Aparte de su debilidad por Kyosuke y el miedo a los fantasmas, no muestra ninguna grieta en su carácter.

La serie duro 48 capítulos, de los cuales me debí ver en su momento la mitad. Me impactó muchísimo, pero no había internet –era 1992-, por lo cual me quedé frustrado. Pero se había producido un cambio… series como Dragon Ball, City Hunter –que trataba de un investigador privado que siempre quería meterse en la cama con sus clientas-, Sant Seiya se emitían en la televisión. Akira se proyectó en los cines. El puño de estrella del norte se editaba en video. Pero todo fue muy lento, farragoso, se editaban mangas que vendían en Japón en formato tankōbon, como si fueran comics americano destrozándolos con el cambio de formato, sacaban películas en video con doblajes pésimos, dividiéndolas en dos partes para vender el doble. Un desastre. Pero algo bueno sobrevino de todo esto y fueron los fanzines, los salones del manga, las tiendas de importación. Volví a ver la serie, esta vez entera, y empecé con mi obsesión de acumular material, posters, cds con la banda sonora, fanzines con cualquier mención, libros de ilustraciones, Ovas, el manga en francés porque aquí nunca llego a salir completo. Supongo que si fuera ahora, solo tendría que bajarlo de internet y en un mes, sin apenas esfuerzo, ya habría agotado la experiencia. Pero en aquellos años, para bien o para mal, todo era nuevo y mucho más lento. La gente se reunía en las tiendas de comic, intercambiaba material, creábamos fanzines, mailing list que se fotocopiaban y distribuían en cada provincia, se enviaba material o copias de vhs por correo simplemente por el hecho de compartir. Ahora también hay cosas así, solo hay que ver la cantidad de foros o de gente que, por ejemplo, se dedican a subtitular series.

Toda esta obsesión transcurrió paralela a mi nula vida sentimental. Buscaba a esa mujer perfecta, no porque estuviera enamorado de un dibujo animado, pero sí de lo que representaba para mí. Rechazaba en la búsqueda de ese ideal y cuando creía encontrarlo, era a mí, a veces con talento y en otras ocasiones con crudeza, a quien rechazaban.

La verdad es que mi etapa en el instituto nunca llegó a acabar. Tampoco hubo mucha miseria. Yo era un buen estudiante, era inteligente, no tenía que coger apuntes ni estudiar. Pero me junté con la gente errónea. Y ni siquiera por una convicción de rebelde, simplemente porque fueron los primeros en aceptarme. Pasaron los años, y nunca llegué a acceder a la universidad, mataba las preguntas bebiendo a diario, drogándome a diario. A veces me daba por trabajar unos meses y observaba a la gente de mí alrededor mientras se reían por las cosas más estúpidas. No entendía porque no se hacían preguntas, porque estaban tan felices acumulando sin más un día tras otro. Pero… ¿y yo? Tenía las preguntas, las respuestas, y sin embargo estaba allí, con ellos, ¿Qué andaba mal conmigo, porque no quería buscar algo que me sirviera también a mí? ¿Era miedo a implicarme y fracasar, era simple indolencia? Luego me quedé solo. En parte porque era un cretino, en parte porque empecé a aborrecer a la gente. O quizás la gente me asustaba. Hay una línea muy tenue entre esas dos circunstancias.
Mi madre, con la cual nunca he tenido una gran relación, me dejó ocupar una casa familiar y me abandoné ahí. Cuando te aíslas tanto, todo empieza a perder importancia, el abotargamiento te impide valorar el paso del tiempo, no hay nada que tenga valor a tu alrededor.

Por culminar la historia, y llegar a alguna conclusión solo entendible por mí, diré que al final terminé follando por primera vez con una chiquilla que no representaba ninguno de mis ideales. Estaba tan borracho que no me enteré de nada. Cuando al día siguiente quiso repetir la eché de casa. Así de majo era yo por aquel entonces.
Lo que vino después fueron una serie de relaciones sin ningún ápice de romanticismo, ¿para qué? Realmente tampoco tenía mucho valor, y el sexo, ese enemigo natural de la religión que tanta represión y neurosis ha provocado, nunca me pareció realmente para tanto.

Forzando la elipsis diré que hace unos años editaron la serie completa en dvd con el doblaje original, extras, todo bastante trabajado, incluso las canciones dobladas. Uno de los que se habían encargado de ello era un conocido mío por fanzines de Madrid, freak pero aplicado.
Cuando la volví a ver, después de tantos años, no sentí nada, incluso he de reconocer que la tal Madoka me pareció un personaje bastante fastidioso. A mi novia P. le fascinó, se hizo fan, y reflejaba mi propia pasión de hacia una década. En ese momento ya supe que nuestra relación no tenía futuro, mi yo actual no estaba a la altura de su romanticismo, y ella, a su vez, no tenía el potencial de rescatar a ese antiguo yo, cándido e idealista, que había sido en mi juventud, ya en ese momento, tan lejana.

"Cierta noche me encontraba sentado en la cama de habitación de la pensión de Bunker Hill en que me hospedaba en el centro mismo de Los Ángeles. Era una noche de importancia vital para mí, ya que tenía que tomar una decisión relativa a la pensión. O pagaba o me iba: es lo que decía la nota, la nota que la dueña me había deslizado por debajo de la puerta. Un problema relevante, merecedor de una atención enorme. Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir."
Pregúntale al polvo / John Fante.

Symphony No. 5 In C Sharp Minor - IV. Adagietto (Conclusion) by Gustav Mahler on Grooveshark