viernes, 4 de mayo de 2018

Reseña del libro “La expulsión de lo distinto” de Byung-Chul Han

El terror a lo igual
Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social. Lo que lo enferma no es la retirada de la prohibición, sino el exceso de comunicación y de consumo. El signo patológico de los tiempos actuales no es la represión, es la depresión.

A causa de su positividad, el violento poder de lo igual resulta invisible. La proliferación de lo igual se hace pasar por crecimiento. Pero a partir de un determinado momento, la producción ya no es productiva, sino destructiva; la información ya no es informativa, sino deformadora; la comunicación ya no es comunicativa, sino meramente acumulativa. El terror de lo igual alcanza hoy todos los ámbitos vitales. Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento. Uno se queda siempre igual a sí mismo.

Sin embargo, lo que constituye la experiencia en un sentido enfático es la negatividad de lo distinto y de la transformación. Tener una experiencia con algo significa que eso “nos concierne, nos arrastra, nos oprime o nos anima”. Su esencia es el dolor. El pensamiento es la forma de acceso a lo completamente distinto. Puede interrumpir lo igual. En eso consiste su carácter de acontecimiento, de relación nueva con la realidad. Calcular, por el contrario, es una inacabable repetición de lo mismo. A diferencia del pensamiento, no puede engendrar un estado nuevo.

El violento poder de lo global y el terrorismo
A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido. El neoliberalismo engendra una injusticia masiva de orden global. La explotación y la exclusión son constitutivas de él. Construye un “apóptico”, una construcción basada en una “óptica excluyente” que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él. El panóptico sirve para el disciplinamiento, mientras que el apóptico se encarga de la seguridad. Alexander Rustow, quien acuñó el concepto de “neoliberalismo”, constató que si la sociedad se encomienda únicamente a la ley mercantil neoliberal se deshumaniza cada vez más y genera convulsiones sociales. Por eso señala que hay que completar el neoliberalismo con una “política vital” que siembre solidaridad y civismo.

El miedo por sí mismo no solo se manifiesta como xenofobia, sino también como odio a sí mismo. La sociedad del miedo y la sociedad del odio se promueven mutuamente. Precisamente la actual crisis de los refugiados revela que la Unión Europea no es más que una unión económica comercial que busca el provecho propio. El grado civilizatorio de una sociedad se puede medir justamente en función de su hospitalidad, es más, en función de su amabilidad.

El terror de la autenticidad
Hoy se habla mucho de autenticidad, la publicidad del neoliberalismo lo presenta con un atavío emancipador. Ser auténtico significa haberse liberado de pautas de expresión y de conducta preconfiguradas e impuestas desde fuera. De ella viene el imperativo de ser igual sólo a sí mismo, de definirse únicamente por sí mismo, es más, de ser autor y creador de sí mismo. El imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente, a vigilarse, a estar al acecho de sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista. En último término, la autenticidad es la forma neoliberal de producción del yo. El yo como empresario de sí mismo se produce, se representa y se ofrece como mercancía. La autenticidad es un argumento de venta.

El esfuerzo por ser auténtico y por no asemejarse a nadie más que a sí mismo desencadena una comparación permanente con los demás. La lógica de comparar igualando provoca que la alteridad se trueque en igualdad. Esa autenticidad de la alteridad se consolida solo en aquellas diferencias que son conformes al sistema, es decir, que son lucrativas. Hoy todo el mundo quiere ser distinto a los demás. Pero en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual. La singularidad es algo totalmente distinto que la autenticidad. La autenticidad presupone la comparabilidad. Quien es auténtico, es distinto a los demás.

Miedo
Lo que suscita el miedo es, en primer lugar, lo extraño, lo siniestro e inhóspito, lo desconocido. El miedo presupone la negatividad de lo completamente distinto. Según Heidegger, el miedo se produce en vista de una nada que se experimenta como lo completamente distinto de los entes. La negatividad, lo enigmático de la nada nos resulta hoy ajeno, porque el mundo, como si fuera unos grandes almacenes, está repleto de entes.

En los tiempos actuales, que aspiran a proscribir de la vida toda negatividad, también enmudece la muerte. La muerte ha dejado de hablar. Se la priva de todo lenguaje. Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo destructivo. Y el neoliberalismo individualiza al hombre convirtiéndolo en un aislado empresario de sí mismo. La individualización que acompaña a la pérdida de solidaridad y a la competencia total provoca miedo. La lógica del neoliberalismo reza: el miedo incrementa la productividad.

Alienación
La novela de Albert Camus El extranjero describe la extranjería como sentimiento óntico y existencial fundamental. El hombre es un extraño en el mundo, un extraño entre los hombres y también un extraño para sí mismo. Hoy nos entregamos a una comunicación irrestricta. La hipercomunicación digital nos deja casi aturdidos. Pero el ruido de la comunicación no nos hace menos solitarios, las relaciones son reemplazadas por las conexiones, la falta de distancia expulsa la cercanía. Dos bocanadas de silencio podrían contener más proximidad, más lenguaje que una hipercomunicación. El silencio es lenguaje, mientras que el ruido de la comunicación no lo es.

            La situación laboral actual no se puede describir con ayuda de la teoría marxista de la alienación. Ahora en el régimen neoliberal la explotación ya no se produce como alienación y desrealización de sí mismo, sino como libertad, como autorrealización y autooptimización. Una explotación voluntaria de uno mismo que puede llegar al burnout (síndrome del trabajador quemado) En el momento en que el sujeto se siente forzado a aportar rendimiento se percibe a sí mismo –por ejemplo su propio cuerpo- como un objeto funcional que hay que optimizar, entonces se va alienando progresivamente de él. A causa de la falta de negatividad, esta autoalienación prosigue sin que nos demos cuenta, provocando trastornos en la percepción neuropsicológica del organismo. La anorexia, la bulimia o el trastorno de sobreingesta compulsiva son síntomas de una progresiva alienación de sí mismo.

Escuchar
Escuchar no es un acto pasivo. Escuchar es un prestar, un dar, un don. En cierto sentido, la escucha antecede al habla. El oyente es una caja de resonancia en la que el otro se libera hablando. El arte de escuchar se desarrolla como un arte respiratorio. La acogida hospitalaria al otro es un inspirar que, sin embargo, no se anexiona al otro, sino que lo alberga y lo protege. El oyente se vacía. Se vuelve nadie. Este vacío es lo que constituye su amabilidad. El oyente se pone a merced del otro sin reservas. La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa. Hoy oímos muchas cosas pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento.

Hoy es necesaria una revolución temporal que haga que comience un tiempo totalmente distinto. El tiempo del otro. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y la eficiencia. La política temporal neoliberal elimina el tiempo del otro. A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad.

2 comentarios:

  1. "Que importa si eres espejo
    si humillas a la trascendencia cuando te desnudas
    si ya sufro una sequía de contexto en tu ausencia..."

    Estupennnnnnndo!!
    Comprado y leido

    Me ha gustado mucho,
    aunque a tu compi con ser bonito lo que escribe
    le falta un poco de sangre para mi gusto
    un poco de tu radicalidad característica.
    Incluso tu a veces te suavizas
    cuidadín
    que te veo escribiendo blandeces sobre la primavera
    y sus jodidas flores!!
    jejejeje

    Pero repito que me ha gustado mucho
    Abrazos y enhorabuena.

    ECDLC modo vaguete sin loguear

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  2. Ostras, la primera crítica literaria ja ja ja. Gracias ;)
    Tienes parte de razón, es que claro, con el tema de que era un poemario sentimental había que suavizar un poco los contornos y aun así me han dicho que hablo demasiado de sexo, demasiado genital xD De todas formas en caso de animarme a escribir algo más –esto tiene cuatro años-, buff, sería de muchas otras cosas. Yo creo que sería más ensayo que otra cosa. O sea ue nada de blandeces por favor, no me pintes un futuro tan agorero ja ja ja
    Me alegro que te haya gustado, a mí eso de poner precio a las cosas no me terminaba de convencer –hubiera prefiero digital y gratis-, pero también tiene su gracia tenerlo en papel. Un abrazo muchacho, feliz viernes ;)

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