viernes, 28 de julio de 2017

Cada uno tiene sus salidas más o menos asépticas, sus autoengaños, un hogar donde cantar una canción indefensa.

Muchas veces cuando tienes un trabajo basura el sentido de tu vida se convierte en lo que NO haces con ella, en este caso no estar en una oficina perdiendo tu existencia solo por dinero. La forma más barata y rudimentaria de apagar tu alma es ser un esclavo asalariado. La alienación y el conformismo permiten poco espacio a una coartada sana. Ahí está mi vergonzoso intento de gastar mi tiempo libre en un canal de YouTube dedicado a los videojuegos. Aunque quizás sea mejor opción que dedicar mis noches a beber y a escribir sobre el mismo tema una y otra vez, regurgitando odas a Bukowski es un estilo cuanto menos pomposo. Un estilo que, como bien podría indicar el lector leal, sigo manteniendo en todos los textos.

En cualquier caso cuando las hoces de la aversión contra mí mismo no se aplacan intento acudir al teclado. El problema es el de siempre, sobre qué escribir que resulte interesante, no solo a mí, sino a un hipotético lector. No creo que describir como el ventilador mueve el aire caliente de un lado a otro de mi habitación, o quejarme de las obras de mi calle, obreros levantando la acera, perforando durante días el cemento, provocando una de las peores y más infames migrañas de mi vida sea muy entretenido.  

Me gustaría escribir un relato erótico, como antaño. Un poco de sublimación literaria. Algo de fricción. De comportamiento animal. A fin de cuentas, ¿cómo no estar obsesionado con el sexo rodeado de tanta publicidad que es pura pornografía soft? La mujer cosificada en pos de mantener a una sociedad donde el ciudadano existe sí consume, en la que todos nos hemos convertido en mercancía, donde todo se puede comprar y vender.

            Vivimos en la inopia. Políticos controlados por los empresarios, por la plutocracia. El cambio climático ignorado por los países más contaminantes. En realidad fomentado por todos, para así explotar el Ártico una vez se derritan los casquetes polares. Escalada nuclear. Es posible que EEUU ataque Corea del Norte y alguien de al botón rojo. No sería la primera vez que sucede, en tiempos de Kennedy estuvieron a punto de acabar con el planeta. En cualquier caso el futuro que nos espera es una pensión insuficiente que nos obligará a seguir trabajando con setenta años. Eso sí podemos, porque con las máquinas destruyendo empleos y las deslocalizaciones uno de cada cuatro ciudadanos serán parados de larga duración. Qué importa por tanto un relato más, un poema más, un orgasmo más…

            Eso me recuerda que el fin de semana pasado me leí de nuevo el libro “Mujeres” de Bukowski. Nuestro protagonista con más de cincuenta años intentando compensar su resentimiento conociendo mujeres, follándoselas, usándolas para luego escribir sobre ellas. Si el viejo indecente hubiera publicado ahora ese libro las feministas exigirían un linchamiento popular. Demasiado misógino, demasiado cerca de lo políticamente incorrecto, describiendo varios momentos de abuso sexual. En el fondo parece que ahora es más fácil quejarse, censurar, denunciar, que asumir que cada uno tiene la capacidad y el filtro intelectual para responsabilizarse de lo que una obra de ficción puede influenciarle. Si ahora actuamos con ese infantilismo censor es porque no confiamos en nuestro propio criterio, se subestima a la gente, sea joven o no, y el problema no es salvar su integridad, el mundo es un mal ejemplo continuo, el problema es no luchar contra su pereza mental, porque la prioridad y el foco del problema es ese. Por eso la gente prefiere ver la televisión a leer, porque discriminar, responsabilizarse, preferir ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho –dixit Stuart Mill-, es más cansado que deglutir escapismo, chabacanería, prejuicios, y reírte con productos basura que menoscaban su sensibilidad intelectual. Y eso no lo cura la censura ni los linchamientos en las redes sociales –que suelen ser contraproducentes en una sociedad en la que cualquier publicidad es buena si se polariza la cuestión-, eso solo se cura con autoexigencia intelectual. Como aquella famosa frase de Pio Baroja, que luego ha sido manipulada según la cuestión en boga: "El carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando". Lo que tendríamos que hacer, aquí y en cualquier país civilizado, es invertir en educación; pero por desgracia, como ya he explicado, en esta lucha de clases que los ricos ya han ganado, eso sería perjudicial para sus intereses, porque lo que quieren es convertirnos en ganado complaciente.

            Y así es como uno empieza queriendo escribir un relato erótico y surge una reflexión más o menos bienintencionada sobre la censura. Otro día lo vuelvo a intentar. Un saludo.