martes, 22 de diciembre de 2015

Salvar al soldado Sánchez.

House Of Cards en versión española. Y en medio, con toda la presión de no tener ninguna opción buena, Pedro Sánchez. La persona en el centro de la historia, quien puede dirimir el futuro de su partido y del país, el único que puede investir como presidente a Rajoy.

Solo hay cuatro opciones. La primera es el pacto de Gran Coalición PPSOE. Algo que según vayan pasando los días se irá haciendo más verosímil, las presiones de los mercados, el afán de “estabilidad” “gobernabilidad” y la “unidad serena de España”. Pero si hace eso, da igual si se decide ahora o en tres meses, será un auténtico desastre para el PSOE. Dará la razón a Pablo Iglesias cuando afirma que PSOE y PP son lo mismo, partidos complementarios con sutiles diferencias ideológicas que beben del mismo pesebre corrupto. Ir junto al presidente indecente, el de los SMS a Bárcenas y los sobresueldos sería el camino más rápido para convertir al PSOE en una fuerza irrelevante –y ya ha pasado en otros países como Portugal.

La segunda opción es un pacto de izquierdas. Pero es otra opción inverosímil, Susana Díaz y otros barones están en contra y en el comité Federal que este mismo sábado se ha convocado Pedro va a notar el aliento advenedizo de la andaluza. Lo determinante son los aliados catalanes de Podemos y la prerrogativa de un referéndum vinculante que Pablo Iglesias ayer ponía como línea roja para aceptar cualquier pacto. Eso para el PSOE ahora mismo es inasumible, más con el granero de votos en Andalucía como único bastión perdurable.

Tercera opción: Elecciones anticipadas. Otro escenario que puede resultar un desastre. Los 922.000 votos de IU truncan el 'sorpasso' de Podemos al PSOE, pero seguramente en otras elecciones sí llegarían a un acuerdo. El PP estaría contento con esa situación, es muy probable que recurra al llamado “voto útil” de la derecha y Ciudadanos siga desinflándose. De tal manera que será casi seguro que el PSOE acabara como tercera fuerza política y con unos resultados misérrimos a tenor de la ley electoral actual.

La cuarta y última solución para salvar al soldado Sánchez: Abstenerse en la segunda investidura. También sería un descalabro, pero los medios afines podrían macerar la decisión enmascarándola en patriotismo por la estabilidad del país, etcétera, etcétera. Al igual que Ciudadanos ha sabido vender su decisión de apoyar al PSOE de los ERE en Andalucía y el al Gobierno de la Gürtel en Madrid. Para el PP sería una gobernabilidad precaria, sin acuerdos, y seguramente breve. En un año, aún con la campaña hecha para Podemos, Pedro tendría alguna oportunidad de mejorar su imagen como líder de la oposición. Y naturalmente podría recurrir al comodín del público: Soraya Sáenz de Santamaría como nueva candidata a la investidura. Pero aunque muchos se conformarían con sacar a Rajoy, Aznar entre otros, me da la impresión de que el gallego tiene mucha querencia al poder, mucho más que al país y a su partido.

Lo tiene complicado. Más si cabe dentro de su propio partido, por eso doce horas después de conocer los peores resultados del PSOE de toda su historia, ya se ha postulado como candidato a la reelección en las próximas primarias de su partido. Pero no importa, no podrá esconderse, haga lo que haga tendrá consecuencias negativas y en un par de meses podremos comprobar qué clase de político es: si detrás de esa sonrisa de cartel publicitario hay ideología y coraje, o solo es otro personaje endeble y mediocre con ansias de poder.

Pero ahora mismo no me importa demasiado, desencantado con esos siete millones de votantes del PP y la pobre participación, tengo que dar la razón a Celia Villalobos cuando dijo aquello de: “los políticos somos un fiel reflejo de la sociedad”. Nos merecemos lo que suceda.