miércoles, 23 de julio de 2014

Los decadentes follamos mejor con nuestros errores que con nuestros aciertos.

No sé por qué últimamente escribo sobre metaliteratura, no creo saber más sobre estos temas que cualquiera que haya actualizado su blog más de un año. Quizás reflexionar sobre el acto mismo de leer y escribir sea una consecuencia de mi falta de vocación. Y que es más fácil orquestar una entrada así que un relato sobre como un decadente se folla brutalmente a una groupie de Madrid durante una calurosa noche de verano. De todas formas resulta un poco estúpido, es como si fuera a comprar una barra de pan y el panadero en vez de atenderme empezara a hablarme de marcas de levadura y harinas, del tiempo de la fermentación y amasado. Yo quiero pan, no quiero explicaciones, no necesito que me desvele ningún secreto. Además los lectores pagamos con algo más valioso que el dinero: nuestro escaso tiempo libre. Pero soy presa de mis incoherencias y voy a enfangarme de nuevo en estos temas. Mi excusa son diez cervezas de calidad media y media botella de vino que ahora mismo es mi única amiga de confianza. Subamos la música.

Creo que el escritor sin ínfulas solo se enfrenta a dos problemas: crearse una rutina y esquivar el bloqueo que produce la página en blanco. Lo primero resulta fácil: escribe como mínimo media hora todos los días. Da igual si es en Twitter, un diario personal, no importa si lo haces en los trayectos de metro en una libreta o a actualizando tu blog a través del móvil. Es indiferente que uses ese tiempo para contestar mails, comentarios de un blog ajeno o para editar tu biografía de una página de contactos. Lo importante es acostumbrarte al teclado, ordenar tus ideas antes de lanzarte, estructurar, ampliar tu vocabulario. Quizás media hora parezca poco, pero lo importante es la rutina, si cada vez te resulta más fácil, más divertido, las noches se alargarán sin que tengas que obligarte a nada.

El siguiente problema es sobre qué escribir. Bukowski cogía un par de cervezas y divagaba sobre su idiosincrasia personal. Observaba el mundo desde su misantropía elegiaca y disfrutaba de la prosa poética porque podía dejase llevar sin planes ni apuntes. Bien. Es cierto que de ahí se desprende un lenguaje muy básico, sin revisión, intentando decir cosas complejas de forma simple. Pero también es más divertido porque no requiere tanto esfuerzo. Lo prefiero a esos párrafos que son como bloques de piedra que tienes que dinamitar leyéndolos una y otra vez, golpeándolos con el diccionario hasta que se produce una brecha de entendimiento. Como si los hubieran escrito de pie sufriendo con cada metáfora. Todo vale, que conste, pero lo ideal sería un punto medio: no caer en la simpleza del discurso vacío y gañan, pero tampoco es esa pseudo intelectualidad absurda y eunuca que juega al escondite con el lenguaje volviéndolo artificiosamente enrevesado e incomprensible.

De todas formas el tema es sencillo: coge algo que te fascine, alguna materia que domines y vuélcalo en el teclado. Un ejemplo fácil sería Stephen King con sus novelas de terror. También puedes fijarte en tu propia biblioteca para averiguarlo, ¿cuál es el género predominante? ¿La ciencia ficción, la literatura romántica, la erótica? Empieza por ahí, por algo conocido, escribe algo que te gustaría leer y busca tu propio estilo. También puedes lanzarte a lo más básico y cercano: uno mismo. Se tiende a lo confesional incluso en la ficción. El desamor. La frustración. La alienación. El día a día. La muerte del padre. Del héroe interior. Cualquier cosa vale. Me gustaban los blogs al principio, pequeñas ventanas al universo particular de completos desconocidos envueltos en una catarsis exhibicionista. Al final cualquier menudencia es importante si consigues público. Nos leemos con avidez envueltos en la endogamia. Puedes echar un vistazo al pasado. O reescribir el presente desde un súper yo literario.

Todo depende de tu nivel de exigencia. Hay quienes prefieren que su estilo sea más literario y complejo y por ello necesitan dedicar muchas más horas a corregir, a desligarse de los lugares comunes. No quieren perder el tiempo. Tienen planes, vocación y ambición. Quieren publicar un libro. Escribir es algo necesario en sus vidas. En su caso no necesitan un tema, solo pulir su flâneur interior y observar el mundo con curiosidad de cirujano.

Escribir es un placer solitario. Adelante. Adelante. Adelante. No importa si nos repetimos o nos plagiamos a nosotros mismos. Siempre será mejor que no escribir. Que la cuota no aleje demasiado la diversión. Los temas siempre estarán ahí. Incluso podemos hablar de la NO necesidad de tema. De escribir dos o tres líneas mezclando simbolismo con masturbación. De grabar un vídeo en el que escribes, en el que recitas, en el que la complejidad personal se vuelve mundana.

Recuerda que lo importante no es el aplauso del público, lo único trascendental es no aburrirte a ti mismo, conservarte siempre como tu mejor y más exigente lector.

The Lost Song, Pt. 1 by Anathema on Grooveshark