jueves, 24 de julio de 2014

Escritura automática para no convertirme en un robot atiborrado de cerveza, con ese escaso talento que hace la zancadilla a un teclado que tiene la manía de cruzar en rojo sin mirar (II)

Demasiado calor para dormir. Poco recomendable con resaca. Me acerco a Correos y la humanidad me espanta. Quiero comprarme un libro, leer, desfallecer entre tinta e ideas bien perfiladas. Pero no tengo dinero. Es cruel que la bebida sea muchísimo más barata que los libros, seguramente hay más alcohólicos que lectores. Las bibliotecas existen, pero también el fetichismo de poseer, subrayar y doblar las páginas. Bah. Todo infunde tedio. Nada puede salvarte. La vida social también tiene su precio. Al final prefiero mi cerveza fría. Sé que beber a estas horas no es lo más conveniente, pero hace tiempo que me aleje de toda potencialidad.

Terminé la primera temporada de “The Following” y no, no, no. Me gusta la idea de un ejército de locos, tengo una entrada referida a eso. Y hay personajes interesantes. Pero el protagonista tiene el carisma de un cactus, y a partir del quinto episodio la calidad cae bajo mínimos. Un desastre. Si has conseguido desplegar una buena idea no la maltrates, no la alargues, ten algo de respeto hacia tu obra. A veces parece que los guionistas solo son capaces de realizar un buen episodio piloto, es la zanahoria para su público. Luego un par de pinceladas. Y finalmente la nada creativa más absoluta. Joder. No. Deberían de tener un poco más de consideración hacia nuestro tiempo libre. Dadnos algo que nos estimule. Aparte de la lejana “True Detective” y quizás solo la primera parte, solo los documentales me motivan.

Y no es que me crea un exigente intelectual gafapasta que solo ve las películas en versión original, no por favor, lo único que pido es no aburrirme. Seguro que para muchos puntear –técnica referida a adelantar trozos redundantes e innecesarios de las películas/series cuando las disfrutas en casa-, le parece una abominación, pero a ver, si es que son monótonas, predecibles, si es que la mayor parte de las películas son campañas de marketing y una hora de efectos especiales y guion cliché. Y parece que vamos a peor: Noé del director de Réquiem Por un sueño, el Luchador, Cisne negro, es una gran bazofia sin sentido. Transcendence una oportunidad perdida. Se hacen películas lacrimógenas y tramposas en vez de intentar aprovechar las dotes de actriz de Dakota Fanning. Al final uno se rinde y va a ver a Tom Cruise en su enésima película de acción. Ha sucedido con “Ocho apellidos vascos” no es que la película sea buena, es que el cine español es un erial subvencionado sin criterio por el estado donde campan a sus anchas el humor gañán de Torrente y unos pseudoactores de pacotilla que han vivido sus mejores momentos luciendo palmito en televisión. Y claro, aparte de Nacho Vigalondo y algún otro director, no hay lugar para la sorpresa.

Y la literatura. Venga hombre. Ya está bien. Se publica sin control, parece que prima llenar una cuota que la propia calidad del catálogo. Excepto Anagrama que es un ejemplo a seguir. El entorno underground de las pequeñas editoriales es demasiado endogámico. Vas a las librerías-café que hay en Madrid y conoces a todos. Así no hay forma de crear un contexto de crítica real si al lado de un autor más o menos decente está el libro de su novia, el de su amigo de la infancia y también el del vecino, que un día se apuntó a una jam session de poesía y se dio cuenta de lo fácil que es ligar si dices que eres poeta. Que sí, que nuestra madre nos dijo que éramos un copito de nieve maravilloso y único. Pero era nuestra madre. Y una tirada de cien ejemplares en una editorial online no te convierte en escritor. El tener un poemario de ochenta páginas no te convierte en Sylvia Plath, varios millones de chicas con el síndrome premenstrual o que les ha dejado el novio hacen lo mismo en Twitter, hablan del desamor, de frías sábanas, de masturbación nostálgica, de idearios que quedaron obsoletos con el disparo en la sien de Werther. Tatuajes de Amelie que dan arcadas. Pero oye, es Twitter, gratis, sin más ínfulas que un fav.

Si realmente te gusta escribir y no es una cuestión de simple masturbación del ego ve a por la autoedición. Trescientos euros por ochenta copias de tu libro. Vende tu libro al precio de imprenta y no borres el material de tu blog o red social. No te integres en los círculos literarios kitsch de la capital. Lee y escribe todos los días. No debería de importante el contador de visitas, más bien la satisfacción inherente en el hecho de escribir. Lee a Kafka y Pessoa pero no admires su biografía. Tómatelo con calma: el talento no es una suma de esfuerzos artificiales, es más bien la sana y entrañable costumbre de inventar una vocación y que solo se la crean los demás.

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