martes, 1 de abril de 2014

Si te quisiera más hablaríamos de canibalismo –me dijo ella. Y me sentí como una mosca que se acerca demasiado a la bombilla y cae fulminada.

Como en otras ocasiones te arrodillas ante mí y te ofreces. Alargo la mano hacia la mesilla, hacía el vaso, hacia el malditismo del nunca jamás, hacia esa disciplina del borracho y su necesidad de grito sordo. Un trago largo. Nos inmolamos dentro de una fábrica, de una oficina, ¿para esto? No lo sé, siempre he sido el payaso, el torpe, el que llegaba siempre tarde a su propia vida. Pero, ¿qué importa? Mereces mi erección. Mereces que mi polla entre en tu cuerpo como un puto ejército invasor dispuesto a violar tus escrúpulos. Sin banderas blancas, sin capitulaciones. Hay que provocar una masacre, dejar un recuerdo imborrable, un milagro de aristas y otoños.

Porque quieres ser musa. Y vienes, como en otras ocasiones, con la mirada emputecida de diosa. Con falda escasa y ropa interior a juego. Subiendo y bajando por mi polla con esa boca de maquillado frenesí. Una boca que es el corazón vivo del mundo. Tú, que arqueas la espalda hermosa en tu entrega, que eres como una canción de Nacho Vegas, como un aplauso en un museo cerrado. Tú… que a pesar de todo ello, no consigues que se me ponga DURA.

Me miras con impaciencia. Pero sigues. Tu ropa interior se despliega sobre la cama como un animal herido. Pero todo es fútil. Nada funciona. La música se agrieta. Los perros ladran cuchillos. Las maquinas deciden nuestro destino. Los halcones son destripados por los cuervos. El cementerio de elefantes se convierte en el centro comercial de los ejércitos que han pisoteado nuestros sueños de singularidad. Hemos perdido la belleza, hemos sido asesinados por la normalidad.

Y me gustaría deshacerme de mi vulgaridad. Sacar las cuerdas. Dibujar hematomas en tu piel con cada azote. Deslizarme por el carmín de tus labios. Desgarrar tus bragas y utilizarlas para ahogar tus gemidos. Morderte los pezones mientras te miro a los ojos. No dejar que los recuerdos hagan trampa. Los dos sabemos, o antes creíamos saber, cómo perdernos el respeto en la cama. Cómo follarnos el corazón y ensuciarnos entre cuchillas de afeitar, charcos de semen y bombillas a punto de explotar. Sin embargo, ahora lo único que nos folla es el silencio. El único golpe es tu atroz portazo de despedida. El único juego posible: seguir vivo.

Take Refuge by Grails on Grooveshark