viernes, 28 de junio de 2013

La autodestrucción me guiña un ojo y se hace una coleta, quiere que la folle de nuevo despacio el corazón.

Intento limpiarme en la ducha todos los imperios perdidos
que me ha tatuado mi último sueño
como si así pudiera quitarme las astillas de la piel
secuela del complejo de Diógenes que habita en mi interior.

La autodestrucción me guiña un ojo y se hace una coleta
quiere que la folle de nuevo despacio el corazón
pero me siento inseguro
ayer por la noche sufrí un gatillazo con la Poesía
quizás sea culpa de esa cama nueva que tiene
llena de escalones
telarañas de lejía
hielo verde, alegorías baratas
y partidos de fútbol.

Pero no puedo eludir la verdad: ya no me pone como antes
se le forman esas arrugas extrañas en el vaso justo antes de
como si ya no se sintiera orgullosa de ser una puta
y pierde todo su encanto, ese sutil sabor a mandarina, salitre y petricor.

Suspiro y alargo el brazo
ahí está la sempiterna botella de vino caliente mostrando su escote
tiene un sabor horrible, a ceniza
pero resulta agradable precisamente por eso
porque beber es como eludir el desierto masticando la arena.

Hace demasiado calor esta noche
debería comer algo
pero comer es para pusilánimes, prefiero seguir bebiendo
y un rato después empiezo a pensar en ella, mi hada color absenta
volando inconclusa sobre un paisaje de cicatrices infinito.

Perder el equilibrio es divertido, ¿estás segura de preferir…?
no, joder, no: vomita tu amor, sueña con ángeles de tiza cayendo por los márgenes de un tic-tac descontrolado
sueña con un río rojo de tinta violando la página en blanco de una desidia que, desde aquí, sólo parece miedo.

Desnúdate, sí, tú, puta de mis besos, desnúdate y baila sobre mí
porque tu amor me debe dos suicidios y una escena de celos
porque quiero abrazar tu perfume
porque quiero que aplastes mi cuerpo mientras la luna blanca de espuma nos espía con envidia.

Gime conmigo aunque tu sombra cobije laceración
gimamos mientras las paredes resbalan sobre nosotros como orugas sobre el filo de la navaja
gimamos aunque las piedras ganen la guerra a las flores y bañen de vida muerta las calles
gimamos porque sólo somos orillas dormidas, pavesas ciegas iluminadas brevemente por el faro de la nada.

Y al final cuando todo explote
cuando el poema ladre iracundo e intente devorarnos
cuando la megafonía de tu locura anuncie el allanamiento del suicida
cuando muestres el lado oculto de tu sonrisa
yo dibujaré te quieros en la arena de una playa sin olas
y extinguiré toda la culpa atrofiada entre mis brazos
hasta que seas feliz.

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