lunes, 8 de abril de 2013

Días apilados en nichos de alquitrán, opacos al parpadeo de la memoria. Dos perspectivas.

Cuando terminaba una relación sólo me sentía tenuemente triste o enfadada, sin embargo contigo no puedo evitar sufrir unos celos terribles; celos que me hacen odiar a esa chica que no conozco por ocupar mi lugar sin merecerlo, bilis negra quemando mi garganta cuando imagino como te folla, como acaricia tu cuerpo mientras escucha tu poesía. Y es ridículo, sobre todo porque han pasado ya dos meses desde nuestra última conversación telefónica.

Inventar, idealizar, aislar, adoctrinar, domesticar, abducir, no sé qué es el amor, solo sé que tengo ganas de anestesiarme brutalmente, ganas de ti, ganas de dar la vuelta a mi vida como si volviera un bolsillo del revés, ganas de meterme en la cama y no levantarme nunca más, ganas de llorar, sí, hasta encoger mi alma como si fuera arcilla mojada.

Y no te lo mereces. Nadie. Pero me siento como una mierda, como si no hubiera estado a la altura,  como si el rechazo fuera un golpe físico, un muñón, un eco en mi cerebro. ¿Cuánto tiempo más? Creo que ya debería de ser suficiente. Solo quiero seguir, convertirme en un fraude a tiempo completo enamorada de mi soledad y de unos recuerdos apagados, pero nada más, buscando la reasignación emocional en manos de cualquiera, con elipsis que llenen mi bancarrota de finalidad.

Y sin embargo aquí estoy, en la ducha, perdiéndome entre mis dedos, el chorro a presión del agua intentando conmover mi cuerpo, pensando en ti, todavía en ti, maldito e insensible hijo de puta. Intentando forzar el orgasmo que me debes y que necesito.

***
Estaba volviendo a beber de forma enfermiza
quería terminar con todo de una vez
sobre todo con esta soledad, pútrida muerte, que me rodeaba
las mujeres, todas ellas, seguían ahí afuera, como grillos en mi cerebro
masturbando sus cuerpos, sus mentes
suspirando por otros
ajenas a mí.

Y luego estaban los problemas reales:
mi cuenta bancaria riéndose en mi cara
obligándome a elegir entre facturas y comida
el trabajo infame, los despidos,
el gobierno convirtiendo a la clase media
en esclavos.

Y miré a mi alrededor
los cadáveres exangües de las botellas
las paredes resbalando hacía mí
como moscas en la cuchilla
y pensé en llamarte
                    [ya sabéis,
                             esas ridículas llamadas de madrugada
                                         que arrojan más mierda sobre uno mismo]
así podría hablarte de amor
                    [esa cosa inconclusa y palpitante]
o quizás recordarte
como te abrías de piernas en mi sofá

te hablaría del olor de esta soledad gris
plomiza y excesiva que me rodea
                    [como ausencia de héroe]
y para que no colgases te recitaría a Rimbaud
o Benedetti

y en mitad de un verso te confesaría
que echo de menos el sabor
de tu coño en mi boca
que echo de menos tu mente
                    [ese rompeolas con vocación de puente]
y poder arrojarme desde allí
una, y otra, y otra vez.

¿de verdad no quieres limpiarte el semen de la cara con uno de mis poemas?
¿de verdad prefieres que te sigan desflorando desconocidos de almas aguadas?

Ah, veleidad,
calada de sangre
tengo miedo a que el sonido de tus tacones
llene de pelusas mis bolsillos

quizás esté prostituyendo el pudor
en esta cornisa de soledad
quizás sólo eras un escalón de carne
que conducía a la nada
quizás te diste cuenta antes que yo
que el sentimiento
sólo es reverberación de saliva
en una celda acolchada

Ah, flor destripada, jaula de carmín
las cucarachas se amotinan
y se hacen fuertes en mi corazón.

Llegué a ti demasiado tarde.

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