martes, 23 de abril de 2013

Capítulo 14 - Pace Is The Trick (Mario)

Cuando llego a comisaria están también ahí los padres. Son una familia pudiente de Valencia. Según parece Ana lleva más de ocho meses desaparecida. Fue en Valencia cuando alguien la reconoció en la playa, apuntó mi matricula y avisó a la policía. Me llevan a una sala y empiezan a interrogarme.

Observo a los padres, perplejos, cansados, como si hubieran envejecido una década de golpe. Carla, la madre, me mira inquisitiva.

Realmente no puedo contarles demasiado. Me siento culpable pero quiero proteger a Natalia. Les digo que la conocí hace un par de días cuando salía de una discoteca, fue en la calle donde empezamos a hablar y luego fuimos directamente a mi casa. Solo hablamos de banalidades, no me dijo ni donde vivía, a que se dedicaba, nada de su vida actual. Lo de ir a Valencia fue idea suya y quería complacerla. El domingo desapareció mientras dormía. Les enseño el mensaje que recibí de Peter. Uno de los policías coge el móvil y empieza a manipularlo. Hace una llamada. Le salta el contestador.

Mario: Yo también he intentado contactar varías veces pero siempre está apagado, ¿sabéis quién es ese Peter?
Policía: Hemos averiguado hace poco que Ana estuvo viviendo siete meses con él en Londres. Al parecer contactó con ella a través de internet, en unos foros de temática un tanto… inquietante. Cuando se fue de casa se llevó sólo su portátil y una maleta con ropa, da la impresión de que fue algo impulsivo. Él es una persona peligrosa, con antecedentes psiquiátricos y problemas familiares muy serios. Tiene una denuncia por malos tratos de su anterior pareja, que se retiró cuando el juicio ya estaba a punto de celebrarse. También está en paradero desconocido. Dejó su trabajo sin dar ningún aviso y lleva un mes sin aparecer por su domicilio. No sabíamos nada de Ana desde marzo hasta que apareciste con ella en Valencia.

Entra en la sala otro policía, al parecer mientras estaba aquí han tomado declaración a alguno de mis vecinos. Todos confirman mi versión. De todas formas me mira de forma extraña, supongo que alguno de ellos han añadidos detalles desagradables sobre mis hábitos de vida.
Los dos policías me miran con gesto adusto pero me dejan irme. Me despido de los padres en la salida de la comisaría. Emilio me da una tarjeta con su número.
Mario: No se preocupe, sí recuerdo algo más o se vuelve a poner en contacto conmigo les avisaré inmediatamente.

Me dirijo directamente a casa de Natalia. Atravieso como una tromba su salón.
Mario: No me jodas Natalia, te he protegido ante la policía, me están amenazando. Lo mínimo es que me cuentes que sucede.
Me mira con una mezcla de preocupación y cansancio. Me conoce, sabe que no es momento de discutir, nos sentamos en su habitación y empieza a hablar.

Natalia: A principios de abril estaba en mi turno en el hospital en el ala de psiquiatría cuando llegó de madrugada una chica inconsciente a urgencias. Se había tomado un bote de pastillas. Le hicieron un lavado de estomago y la salvaron de milagro. La habían traído en un taxi y ella no llevaba su documentación. No teníamos ni siquiera un número de contacto. Cuando despertó me llamaron para que tuviera una pequeña charla con ella. Pero ella lo negaba todo, decía que simplemente tenía problemas para dormir y que se había pasado con la dosis. Nada premeditado. No quería que llamásemos a nadie, solo quería irse. Le contesté que en una situación así debíamos de contactar con algún familiar. Entonces se puso histérica, se arrancó el gotero y se lanzó a mi cara. Me araño, estaba completamente fuera de sí. No pude controlarme, llevaba haciendo guardias dobles toda la semana y le di un bofetón. Te juro que me arrepentí inmediatamente. Pero lo peor fue su reacción. Tenías que haberla visto. Fue como en una de nuestras sesiones. Se tumbó en el suelo de cuclillas, los brazos extendidos a los costados y empezó como en una lenta letanía: “Perdona mi Amo, perdona mi Amo, perdona mi Amo” Estaba horrorizada. La incorporé e intenté meterla de nuevo en la cama. Se desmayo en mis brazos. Me sentí tan culpable que me quedé a su lado hasta que volvió a despertar.

Estuvo un par de días más en el hospital. Le pregunté cuando le dieron el alta si tenía algún lugar al que ir. Me respondió que no y le ofrecí mi casa hasta que encontrara un trabajo o quisiera volver con su familia. La tenías que haber visto, Ana apenas sonreía, pero cuando lo hacía iluminaba toda la habitación.
Estuvo conmigo un par de semanas. No hablamos mucho. Pero si conseguí que me contase lo que le había sucedido. Ella siempre había tenido curiosidad por el BDSM y a principios del año pasado conoció a un chico a través de un foro que vivía en Londres.
Mario: Peter…
Natalia: Sí, eso es. Peter es, básicamente, un psicópata. Estoy segura de que Ana no ha sido su primera victima. Con la excusa de ayudarles a entrar en este mundo capta a chicas jóvenes con problemas, familia disfuncionales, poca experiencia a través de foros, chats y redes sociales. Luego las va convenciendo de que la única manera real de vivirlo es un 24/7 y mudarse con él. Allí las aísla poco a poco y machaca sutilmente su autoestima hasta que consigue que dependan de él por completo. Después de eso empieza con las vejaciones, malos tratos, roles de esclavitud y todo lo demás. Ni sano ni consensuado. Ya he conocido alguno así.
No te voy a contar los detalles sórdidos. Tiene casi cincuenta años y lleva media vida medicado. Ana acabó un par de veces en el hospital. Pero no se atrevía a abandonarle, la había amenazado de muerte, la decía que si le dejaba enviaría a sus padres todos los desagradables vídeos sexuales que había grabado de ella. Me insinuó incluso que la había violado.
Mario: Joder, toda esta historia apesta. Tenemos que ir a la policía y contarles todo esto. Ese tío es peligroso.
Natalia: Hay muchos claroscuros, en todo esto, cosas que Ana no me contó. No sé como escapó. Que sucedió exactamente. El jueves cuando volví a casa estaba muy asustada. Había visto a Peter en el portal. Solo era capaz de repetir: “Es él, es él, es él”
Mario: Y fue esa noche cuando me llamaste.  
Natalia: Sí, la obligué a salir a la calle. No había nadie. Pedimos un taxi y le di tu dirección. Yo me quedé allí. Ningún coche salió detrás de ella.

Llaman al móvil. Es Emilio. Miro a Natalia. Quizás saben algo nuevo de Ana.
Emilio: (su voz suena apagada) Hola… Han encontrado a Peter hace una hora.
Mario: Perfecto. Él es la causa de todo esto. Ahora Ana aparecerá…
Emilio: (pausa) Esta muerto.
Mario: ¡¿Muerto?! ¡¿Pero cómo ha sucedido, un accidente?!
Emilio: No ha sido un accidente. Lo han asesinado. (pausa) Hay más. Lleva muerto varios días, es imposible que fuera él quien te envió ese mensaje el domingo. Ahora te llamará la policía. Ve de nuevo a la comisaría. Es posible que necesites protección.

Fin capítulo 14.

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