viernes, 22 de marzo de 2013

El estruendo mudo de tu clítoris follándose mis dedos.

A veces mi realidad es una puta pagada con tinta
una soledad en círculos siempre gastados por el mismo lado
cocodrilos de sonrisa aviesa que observan
como si fuera el beso de Klimt
el dibujo abstracto que han dejado los sesos de Hemingway
en mi pared
un reloj cuyas agujas se mueven
como arañazos catalépticos en un ataúd.

Subo la música, cierro los ojos
mi cerebro lisérgico ansioso de entropía
escribe un poema en morse 
sobre un coño repleto de efímeros
enamorado de sí mismo.

Suenan las alarmas 
en el lado equivocado de mi cerebro
quemo todos mis libros
doy de comer a las palomas en el psiquiátrico
corro con los cordones desatados en el cementerio
recorro de noche los bares
uno, dos, tres, quinientos
todos llenos de crisis existenciales
de genios desconocidos a perpetuidad
con el rostro ahíto de melancolía
abandonados como yo
dándote la razón también en eso.

Abro los ojos
a la danza esquizofrénica
de un cenicero lleno de colillas encendidas       
[no fumo]
en una habitación sin luz.

Me posee –insisto- 
una soledad demasiado concurrida por tus nostalgias
por la homilía de tus abrazos
la zozobra de tus caricias
la llama de tus labios
por el deseo de entrar en tus ojos
desnudarte lentamente
desvalijar tu cuerpo sin grumos literarios
inmolarme en tu boca
tus labios
tus pestañas
y convertir esta noche            
[todas las noches]
en parpadeos sin memoria.

Quiero follarte hasta que recites mi nombre en sueños
hasta que mi semen sea el único alimento que necesite tu estómago
quiero follarte hasta que esté tatuado a tu piel
hasta infectarte
quiero maquillar tu clítoris con el carmín de mi saliva
olas de mar penetrando tu orilla.

Quiero follarte hasta que dependas de mí
hasta que solo sepas reconocer tu cuerpo cuando mis manos lo recorran
quiero follarte hasta que me vendas tu ego con un beso de puntillas
hasta que me ofrezcas tus flujos
para dibujar sobre tu carne arabescos de placer.

Me corro con una mezcla de felicidad
fundido en negro
y sensación de vacío
me corro sobre tu abandono
naufragando
con mis dedos manchados de deseo
y de fláccida esperanza.

Pero, ¡oh, querida musa!
no tuerzas el gesto
a fin de cuentas
es una forma
como otra cualquiera
de tentar
al presente.

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