jueves, 20 de diciembre de 2012

El hijo bastardo de Dios.

Me despiertan los gritos de la calle. Miro el reloj, son las tres de la tarde.
Me incorporo despacio de la cama, me sube una arcada. Espero con los ojos cerrados a que pase.
Llevo varios días bebiendo, y siempre, al despertar, tengo que correr al baño a vomitar
es una forma desagradable de empezar el día
estoy seguro de que hay formas más limpias y rápidas de suicidar la conciencia en estas fechas
pero nunca dije que fuera demasiado inteligente.

Cojo aire y salgo de la habitación esperando que la luz mutile con saña mis ojos
sin embargo todo está oscuro, los gritos siguen afuera, ¿qué coño sucede?
Salgo al balcón y lo veo: miles, millones de arañas de todos los tamaños inimaginables caen del cielo, peludas, negras, blancas, rojas, transparentes…
cubren con sus cuerpos el cielo en un gigantesco crespón
la gente huye, intenta protegerse en los soportales, algunos se arrodillan en mitad de la calle y rezan histéricos
se escuchan choques de metal contra metal, gritos, sirenas, cristales rotos
¿el fin del mundo se ha adelantado un par de días?
Sonrío ante la idea, pero me jode, todavía tengo cinco botellas de Absolut esperando.

Me tumbo en el suelo de la terraza, boca arriba, incrédulo
entonces las siento caer sobre mí, como tijeras de neón enmohecidas
recorriendo mi cara, mis brazos, mis piernas
empiezo a reírme, por fin la locura me abraza con cierta pasión: “bien, adelante, venid pequeñas putas, sois el mana, sois mi soma”

Abro la boca, pozo de muerte, madriguera de amor
empiezan a caer dentro, a inundarme, se deslizan por mi garganta
mi boca se transforma en una cloaca de vida
algunas empiezan a luchar, pero es demasiado tarde, no hay escapatoria
las compuertas se cierran lentamente, empiezo a masticar
me inunda el sabor del marisco rancio
me levanto, entro en mi habitación, alzo la botella de vino de anoche y la termino.
Aquello termina de bajar a mi estomago.

Tengo una erección.

Me tumbo unos instantes y me quedo dormido. No sé cuanto tiempo pasa, pero cuando despierto y miró por la ventana, todo ha vuelto a la normalidad.
El miedo, sinónimo de religión, desaparece, el hombre civilizado sale de su caverna de nuevo.
Busco información por internet, sin embargo no hay vídeos ni imágenes, alguien habla de una conspiración mundial para drogarnos con el agua. Hay miles de versiones sobre lo sucedido, diferentes personas en el mismo lugar han visto caer del cielo cosas totalmente diferentes: ratas, bebes, ninfas, dinero, cucarachas, condones, jeringuillas, difuntos, nieve…así ad infinitum.

De pronto tengo un insight, una loca explicación: Dios ha eyaculado sobre nosotros, y nuestros cerebros, incapaces de procesar esa información, limitados como están ante la visión de algo imposible de entender, de adaptar al lenguaje, a nuestros sentidos, han creado un espejismo de apariencia normal, diferente en cada uno, pero necesario para evitar la locura.

Pero si eso es cierto, entonces, al tragarlo, me he convertido en su puta.

Me introduzco los dedos en la boca, necesito vomitar, pero no soy capaz, de hecho no siento nada, ni resaca, cansancio, hambre, sed… es como si mi cuerpo hubiera transcendido, no me atenaza ni siquiera el deseo sexual. La divinidad, su poder, recorre mis venas, soy el hijo bastardo de Dios, podría hacer cualquier cosa, el mundo es arcilla en mis manos, tengo una oportunidad única de recrearlo a mi antojo, de…

Rompo una botella y me secciono la yugular. La sangre salpica con dignidad la pared.

Enough by SONOIO on Grooveshark