viernes, 21 de diciembre de 2012

Breve conversación entrañable antes del fin del mundo.

Rorschach está viendo un vídeo notoriamente inquietante: chica asiática, lagrimas, semen y maquillaje deslizándose por su cara, la bola roja con mordaza le impide gritar demasiado, su cuerpo siendo violentado una y otra vez por hombres, animales y metal. Se arquea inconmensurablemente. Solo lleva unos zapatos rojos de tacón de aguja.

De pronto alguien llama por teléfono. Es ella. Sonrisa. Su voz es el perfume de los pájaros en celo

Musa: Eres el escroto más triste que he conocido en mi vida, un alma desfondada. A mi no me engañas con tu voz de distopía romántica, con esa risa mutilada, eres otro poeta de dados trucados, pones una marcha fúnebre para soltar tu mierda personal intentado parecer trascendente, pero solo buscas un coño. ¿Y para qué? Ni siquiera sabes follar.
Rorschach: Tienes razón, solo folláis bien vosotras, sobre todo con otros, pero ten cuidado, me estoy cansado de ser el papel higiénico de perturbadas emocionales, ya no me enamoro de antiguas marcas de muerte en la piel. Además, para ser la segunda vez que hablamos, utilizas un tono demasiado íntimo conmigo.
MusaTe llevo observando desde hace tiempo, querido decadente, no eres un solipsista, tus textos necesitan público, al igual que tu polla de excéntrica impostura mi coño inmortal. Tu vida giraba, sin darte cuenta, paralela al amor reminiscente que invocaba en cada orgasmo que me provocabas. Soy la ciclotímica protagonista de todos tus relatos, de cada una de tus ponzoñas de pornografía y sadismo.
Rorschach: Todo es magnifico cuando se mezcla el alcohol con las malas decisiones. Ven, ven a verme. Demuestra que eres la sinrazón hecha costumbre, carne y anhelo.

Y vino a mí, acompañada de los tambores del fin del mundo. Y mereció la pena. Oh, sí.

Until the End of the World by U2 on Grooveshark