jueves, 8 de noviembre de 2012

Era otra noche de insomnio.

Era otra noche de insomnio,
de esas que luego echas de menos,
como las cosquillas de tu madre cuando eres pequeño,
que luego el adulto rechaza con un mohín insolente.

Celebraban una fiesta en mi cerebro a la que nadie me había invitado.
Había vino, vodka, y un extraño humo azul.
Chopin coqueteaba con la amante de Liszt,
el lobo estepario refunfuñaba mientras Rachmaninov improvisaba algo.
Se lo estaban pasando en grande ahí arriba.

Mientras tanto la prostituta ajedrecista brindaba conmigo, asegurando que era virgen,
la esquina jugaba con la sombra de la aguja,
el cristal roto suspiraba enamorado de mi carne, 
y la cortina ardía lentamente, sobrellevando su locura en silencio, sin molestar a nadie.

Todo era tan perfecto, tan aburrido,
(la luna guiñando un ojo, 
las tortugas ganando la guerra, 
una solicitud de matrimonio por correo)
que mi corazón de mermelada no tuvo más remedio,
que derretirse en el suelo
recién fregado
de la cocina.

Y los grillos,
las hormigas,
las garzas del lago helado,
(y un melocotón perdido)
se acercaron a disfrutar del espectáculo.

Pero entonces Ophelia, guapa como la nieve en verano,
me cubrió con sus bragas y parte de su amor.
Y todo terminó,
por fin,
bien.

Etude for piano No. 12 in C minor ('Revolutionary' / 'Fall of Warsaw') Op. 10/12, B. 67 by Frédéric Chopin on Grooveshark