viernes, 9 de noviembre de 2012

El universo se arrodilla y observa los muros de nuestra prisión.

El niño abandona la matriz
sin saber que ahí afuera
solo hay finas alambradas para la mente
piedras inseminadas por ojos mancos.

Todavía es pronto para las balas con nombre de mujer
siempre vestidas de luto
que ofrendan su fugaz amor
besando el hueso
y violando la carne.

Pero el niño es curioso
mira debajo de la cama por las noches
y descubre al asesino del árbol.
Es un monstruo hermoso que vomita relojes
guillotinas
sogas
monedas de plata
y latas de cerveza.

El universo se arrodilla
y observa los muros de nuestra prisión
llena de seres tartamudos, hoscos e indiferentes.
Y le pregunta como es posible
que podamos vivir en un espejo roto sin jardín.

Y antes de que el niño pueda contestar
aparece la Muerte
con un humor seco y pegajoso
despertando amputaciones y un suspiro extasiado.

Bailar con ella es como pisar huesos rotos
los cortes dibujan un cuadro de sangre en su cerebro
mientras el piano, siempre hermoso, suena de fondo.

El adolescente besa su calavera
con un crujido de hierro y polvo.
Y el universo se retira
sin saber si tiene una respuesta que no comprende
o si realmente no hay ninguna respuesta.

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