viernes, 18 de mayo de 2012

Casimiro. Otra pequeña epifanía.

Doy una palmada en forma de aplauso sobre tu coño, una forma mediocre, burda, incluso infame, de enlazar la penetración. Pero soy así, no intento engañarte. Me corro sobre tu cara, en tus pechos caídos. Me limpias con tu lengua, recreándote, para eso te pago, a mi manera, con mi llamada, mi tiempo, mi energía. Y luego me secas con tus cabellos, como Magdalena. Una vieja broma, somos católicos, nos hemos leído el panfleto sagrado.

Y pienso en ti como un agujero en el que escurrirme solo para emerger más codicioso de otras presencias. Me duele la cabeza, la vida me produce indigestión. Apuro la copa, no te dejo vestirte. Media hora. Media hora más. Los dedos van arriba y abajo, la boca resbala entre tus muslos intentando romper mi juguete favorito. Entro en tu culo y te golpeo el rostro contra la pared. Gritas una sola vez. Escupo el rocío de mis filias sobre tu oído esperando hacer crecer una flor desconocida entre nosotros. Las prohibiciones son precursoras de los deseos, somos pequeñas erecciones, polla y clítoris intentando abarcar más de lo que comprendemos mientras la ropa cae como un animal muerto a nuestro alrededor.

Hay algo esencialmente hermoso en tocar fondo. Nadie nos quita ese derecho inalienable mientras lo hagamos en nuestros ratos libres, de forma silenciosa, civilizada, en relativa oscuridad. Soy una carga inútil para mí mismo, no me refiero solo a la carga de esperma sin focalizar. Me siento a escribir. Decido, después de abrir la segunda botella de vino, que mañana no iré a trabajar, ¿qué sentido tiene? Prefiero pasar hambre, prefiero expresar esta especie de canto de ballena crepuscular, prefiero vivir de insomnio. Prefiero contagiaros mi dolor de cabeza, mi hambre, mi soledad, mi nece(si)dad, mi toxicidad.

Me saco la polla en busca de estímulos. El amor. El deseo. Te echo de menos. A ti, mi gran desconocida. Morimos solos. Y así suicidaré esta noche. Creo que el gran problema de las mujeres es la música. Me explico, es como estar en New York desayunando croissants delante de Tiffany, pero sin Audrey cantando de fondo “Moon River” La vida funciona un poco así: ganas dinero, eliges la casa, los muebles, la pareja, los amigos, te desprendes de lastres, eres egoísta, taxativa, empática, y de pronto, con el escenario perfecto, no suena tu banda sonora. Eres un extra más en una aburrida película. Has planeado hacer sexo grupal y al final terminas escuchando los gemidos a través de la pared. Las mujeres son demasiado vitales para conformarse con algo así. Aunque cometan el error de llamarlo romanticismo.

Y ahora, con vuestro permiso, me voy a vomitar.

To Wish Impossible Things by The Cure on Grooveshark