jueves, 1 de marzo de 2012

Corpo di moribonda è il corpo mio. Prendilo dunque. Io son già morta cosa!

Me dice que le gustaría follarse a Hitler. Asiento sin inmutarme, una mera provocación. No es nadie a quien tener en cuenta, ese cigarrillo que sostiene, manchado de carmín, tiene más humanidad que ella.

Sólo es una cara redonda donde sobresale un ápice de nariz y unos ojos llanos, simples, carentes de todo. Un sujetador cogido por un imperdible y un coño teñido de blanco, muerto y acribillado, importado directamente desde el infierno.

Una tristeza enferma donde la vida solo es comer, joder y cagar. Una búsqueda metafísica de carteras grandes y pollas inmortales.

Le chupo el labio superior, del coño, del alma, cadencia de golpes de cadera, risa de mutilados, dentro y fuera, una y otra vez, hundiéndome en sus genitales –asfixia erótica-, esparciendo mis cenizas en su culo, ese pozo de nostalgia que me deglute y desgarra. Hay una especie de talento torpe en todo esto, como el gusano de la manzana débilmente iluminado por la lámpara hecha con el escroto de su anterior amante.

Mi semen no busca Ítaca, solo es un globo lechoso estrellándose sin trascendencia en su cara. Descansamos.

Somos zánganos, moviéndonos por pura estupidez y miedo animal en este tañido-sueño. Decido abandonarla, es mejor la resaca (solo) que el manicomio (a su lado). Una vida simple y no demasiado dolorosa, donde pueda tapar las cosas malas con el ruido habitual de la rutina, masturbando mi cerebro con gente muerta, creyéndome un genio antes de caer, trasegando con la indiferencia de un febrero que ya no existe, pero que aun se retuerce como el rabo cortado de una lagartija muerta.

Y fin.

Maria Callas La Mamma Morta by Various Artists on Grooveshark