martes, 4 de octubre de 2011

Rorschach cree en los Reyes Magos.

En el futuro, después del Apocalipsis maya, la esperanza de vida es de ciento setenta años, no hay alzhéimer ni enfermedades degenerativas que puedan privar a la humanidad de una vejez aparentemente privilegiada. Los avances médicos son inauditos, no hay ninguna religión establecida solo cultos a las partes pudendas de los actores porno. La promiscuidad no tiene límite y la sociedad es muy permisiva con ello, no es extraño ver parejas follando en cualquier parte, como si un parque fuera un local de intercambio, como si el metro fuera un cuarto oscuro.

La música abarca desde gemidos hasta coitos completos de famosos, la publicidad son películas pornográficas donde el producto es introducido o consumido durante el polvo. El futbol se convierte en arte cuando los vencedores dan por culo a los del equipo contrario entre las risas del anfiteatro. Hay una cámara y una pantalla de televisión cada metro cuadrado retransmitiendo basura legal.


Pero como decía hay avances médicos inauditos. O no tan inauditos. Porque la humanidad siempre ha soñado con tener dos sexos, dos vaginas, con follarse a si mismos, con poder orgasmar no solo con su polla o su coño, con partes mecánicas que puedan evitar problemas de lubricación o fricción convirtiendo los minutos en días mientras tu animal sintético graba y te suministra la comida en los cambios de postura.
Hay guerra fuera de Europa, medio planeta es un campo de concentración virtual donde la gente muere sin esperanza, pero aceptamos el coste moral de nuestro bienestar. Es sencillo cuando todo el mundo se deja violar por el progreso, somos niños mimados moldeados para pensar solo en producir, consumir, y eyacular en esa sonrisa de labios vaginales bien engrasados.

Por eso el médico me mira con desconfianza cuando le cuento mi problema. Los síntomas parecen claros: el regusto metálico en la boca, echarme a llorar por una foto, una canción, una película, insomnio, melancolía…pero hay demasiados casos de absentismo laboral y prefiere esperar a los resultados de las pruebas. Cuando llegan me mira azorado, me hace firmar unos papeles apresuradamente y saltándose el protocolo habitual dispone una mesa de operaciones en apenas una hora. La operación va bien, a pesar de la falta de experiencia y de la problemática logística que conlleva el procedimiento. Cuando despierto siento una rara inercia, un vacío indistinguible, un vértigo que me asusta. Pero dura poco. Muy poco. Entra una enfermera comprueba los puntos y me mira con ternura. No siento nada.

Tardo varios días en recuperarme. He recibido varios hologramas, me he hecho famoso, incluso tengo una entrevista que se retransmitirá a nivel mundial. Debería de estar contento. El cirujano viene a verme, me hace las preguntas de rigor y luego con cierta simpatía –él también es ahora importante- me pregunta si quiero verlo, lo tiene en su vitrina, en un frasco en formol.
Una vieja angustia, como el cosquilleo de una mano amputada me recorre brevemente. Deniego con la cabeza.
Antes de marcharse me pregunta: ¿Por qué no viniste antes, como dejaste que creciera tanto?
Le pido que me deje solo, estoy cansado. De todas formas él no podría entenderlo y ahora mismo tampoco sería capaz de explicarlo.

Cierro los ojos e intento dormir. No sueño nada. Tardo meses en darme cuenta de ese detalle, pero no le doy importancia, hay cierta indiferencia en todos mis pensamientos. Serenidad también. Voy a mi última entrevista. Ahora soy feliz. Tengo dinero. Me lo merezco. A fin de cuentas he sido el primer caso de amor que se ha dado en décadas. Menos mal que lo extirparon a tiempo. Menos mal…

Hoy te la meto hasta las orejas by Extremoduro on Grooveshark