viernes, 14 de octubre de 2011

Abre tus piernas totalmente y déjame salir, no he encontrado nada que merezca la pena ahí dentro.

Des ennuis des chagrins, des phases Heureux, heureux a en mourir.

Me llamo Z y estoy encharcando el teclado con mi sangre.

Sonrío al oír chapotear mis dedos sobre las teclas como soniquete expresivo de mis paranoias, como ese otro característico de cojones contra vagina que nos suele dilatar la imaginación cuando el diálogo es innecesario. La sangre gotea de los antebrazos, cortes horizontales, desde el codo hasta la muñeca que me están liberando poco a poco. No hay mucho dolor, la combinación de drogas legales y vodka obra milagros. De todas formas no voy a morir hoy, no son heridas, son tatuajes de miedo y locura. Solo necesito un poco de libertad.

Esta bien, eso es excesivo: sensación de libertad únicamente. Me veo rodando junto a las demás bolas de mierda, rodeado de egoísmos, robots, maniqueísmo, traumas, mentiras...lastres que hacen que la inercia aumente y que choquemos unos contra otros produciendo dolor y odio sordo.

La mano izquierda se me esta durmiendo un poco, pero no me preocupo, no es la primera vez que hago esto. Antes me masturbé, pensé en pulgares horadando anos, en vaginas deshaciéndose en mi boca como un atardecer en ruinas, pensé en tu boca meciéndose en mi entrepierna, en poderosas ficciones. ¿Mienten algunos cuando afirman que la cosa más viva es un recuerdo? Quizá no. El caso es que no conseguí correrme. Mi polla de sangre me desprecia, como una puta sin clientes, como un almanaque de sentimientos que estornuda cuando tiene que reír.

Sería un buen relato si ahora llamasen a la puerta, entrase una putilla venida a menos, tasándome con sus ojos inquisidores y yo, calculando su tarifa, sacara la botella de vodka y dos vasos. Sería una buena metáfora observar como va pisando con sus tacones rojos de aguja mi sangre, todas esas pequeñas perlas de sangre que van enlodando el suelo. Sería interesante sin duda, pero acabaría en muerte, acabaría con su garganta cortada, con su pequeña cabeza separada del tronco y follada una y otra vez, resbalando por su traquea hasta que saliera toda brillante y púrpura por su boca, una felación diferente, pero gratificante sin duda.

Pero si hiciera eso pensaríais que estoy loco. O peor aun: que soy un misógino. Nada más lejos de la realidad. O más cerca. La literatura es lo que tiene, amputando la verdad pero dejando partes a la vista.

El caso es que llaman a la puerta pero no abro, no tengo fuerzas para levantarme, quizá me he excedido con los cortes. Sigue pasando el tiempo de una forma irreal, mientras la sangre me salpica el pecho en cada pulsación. Quizá debería parar la hemorragia, quizá sentía más odio de lo habitual por mí y he apretado demasiado la cuchilla contra mi carne, quizá escribir mientras pienso en mujeres abarrotando sus vaginas con mis palabras provoca que mi corazón me desangre más rápidamente, siendo vosotras culpables indirectas.

Cojo el vaso de vodka e intento beber, pero mi mente pierde el equilibrio y noto el sonido del cristal cayendo amortiguado por el dolor de cabeza. Tiemblo, estoy cerca del punto de ruptura, pero siento la pulsión de libertad que produce atrapar el eco de mi estertor en un párrafo…nunca me preguntaron si quería una oportunidad. Me folle a mi madre, mate a mi padre, viole a Dios y me cague en su cruz. Pero todo era inútil porque el problema real se reflejaba en el semen incandescente que se deslizaba por tu cara: era yo. Siempre YO. Porque para mi no había mucha diferencia entre los puntos suspensivos y un punto y aparte, entre dejarme vivir o dejarme morir.

We’re in This Together by Nine Inch Nails on Grooveshark