martes, 8 de marzo de 2011

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

Sólo era un número, una huella en la ventana en la planta decimoquinta de un rascacielos cualquiera, la mujer que empezó a escribir este día ya no existe. No te obsesiones con la báscula sino sabes chuparla. Siento la necesidad de una muerte sobrevivida cuando me siento patético, aunque no tenga la culpa de tener predisposición a contraer enfermedades afectivas.

El silencio en una canción puede ser más acogedor que las personas.


Sin alarmas ni sorpresas voy vaciando tu carpeta, la agenda vacía, sin imágenes, sin mensajes, sin recuerdos. El corazón puede ser un vertedero que lentamente te mata, por eso prefiero ser todos los días que elegiste ignorar.

Todo bien. Como siempre. Cuando las cosas van mal es cuando me esfuerzo en no ser fiel a mi propia pasividad, con lo fácil que es seguir siendo uno mismo y dejar los cambios para otros. Lección aprendida. El otro día hablaba con una chica que no le gustaba la música. Me pareció extraño. Lo normal es que no te guste la vida, no las cosas que la hacen soportable. Hasta Nietzsche estaba de acuerdo. Recordemos la anécdota del burdel: sus amigos le arrastran a uno y él espera abajo. Divisa un piano y comenta: "La única cosa con alma en la sala" y soporta la experiencia afinándolo y tocando alguna pieza.

Sin embargo muchos de los síntomas de su precaria salud y posterior enfermedad concuerdan con una sífilis arraigada desde su juventud. Puede que la música no fuera tan importante a pesar de todo.

High and Dry by Amanda Palmer on Grooveshark