lunes, 21 de febrero de 2011

Después del Big Bang Dios se quedo parapléjico y un poco idiota, pero al menos tiene la decencia de no dejarme comentarios en el blog.

Todo el mundo busca amor -algunas usan cronometro en vez de reloj. Envían cartas larguísimas sin dirección ni destinatario. Las chicas atractivas afrontan la situación con una tristeza incomoda porque saben que hay más hombres dispuestos a hacerlas daño, intuyen que todo deja algún tipo de huella y será una carga muy pesada. Al final encuentran un envoltorio de promesas. Pero duele y ensucia; terminan pagando demasiado por ello.

Durante un tiempo solo escuchan el sonido de sus pasos e intentan recuperarse, pero cuando por fin encuentran la salida, Él aparece de nuevo.

Los alérgicos al amor lo tienen más fácil: mueren con una estúpida sonrisa en el rostro. Ciertas sobredosis tienen la esencia de final feliz.

Hablas como si llevaras cinco años sin echar un polvo. Hablas como un si fueras un jodido puzzle en manos de un imbécil. “Ayer pedí permiso para vomitar y me dieron un trabajo” contesté. Tengo cajas de cordones rotos, efemérides de mis fracasos. Como un esquizoide perdiendo una discusión con sus amigos imaginarios. No puedo tirar de la cadena. Es como un grito abierto en canal, como una habitación llena de tiempo perdido que me consume, como ideas suicidas recurrentes, como una cicatriz de escombros que se esconde en mi pecho. Recuerdo cuando aun no me conocías tanto para no quererme.

“Ayer me desperté con ganas de vivir. Sólo había soñado con tu risa” Olfateo mi memoria, rescato tu beso, ese susurro de luz que rompe las sombras. Me gustaría vencerme en tus ojos, acariciarte con mis pestañas. Sabes que tu desnudez era una vocación para mis manos cuando el horizonte de felicidad de tu boca se extendía solo a cinco dedos de distancia.

Pero ahora me siento desgraciado de un millón de maneras distintas. Me siento como un negocio que va cambiando de dueño. Desperdiciando el pase de gol continuamente. Sin poder entrar a la fiesta de la Vida por no ir de etiqueta y, sin embargo, sin ganas de estrenar el traje porque no hay nadie que quiera seguir mis pasos.

Hay coños muy aburridos. Robé un coche y me fui al mar, era lo único que podía salvarme.

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