miércoles, 26 de enero de 2011

La sinceridad de la tristeza nace del amor. La sinceridad del amor nace de la alegría.

La indiferencia no le inspiraba por eso intentaba forzar sentimientos casi inexistentes paseando por escenarios de calles desiertas. El frío se estaba follando sin preliminares a esta mierda de ciudad. Le enturbiaba la sin razón de su existencia. Era una lucha perdida contra la muerte cerebral en vida, contra la dejadez, las secuelas del trabajo deshumanizador, contra las rupturas de ideales; era en el fondo un Sammy Jankis haciendo ejercicios nemotécnicos.

Estaba durmiendo cuando han llamado al móvil, una y otra vez, con esa insistencia absurda. ¿Quién cojones me llama a estas horas? Era claudia, como no. Me quede quieto mirando al vacío mientras su voz rasposa llovía sobre mi cerebro.

- He soñado contigo, solo llevaba unos zapatos rojos de charol, te esperaba con pasión de furcia en la cama. Pero el amor es un suicidio colectivo, cuando te acercaste derramé tu sangre como parte del escenario. Todo era rojo.
- Me ha despertado cierta ternura estas confidencias, pero te he cosificado como parte de mi imaginería onanística. En otras palabras: mi polla esta exhausta y mi corazón encogido, creo que ya no te necesito.
- Yo sin embargo aun necesitare soñarte un par de noches más. Eres un despojo, pero te quiero. Adiós.


Me gusta mi gabán negro, tiene miles de años, esta agujereado, roto, sin bolsillos útiles, manchado, quemado, despide cierto hedor a lluvia, alcohol y humo. Pero me ha acompañado en mis peores noches, en esas en las que odias las drogas pero no puedes dejar de tomarlas y sales de los bares, en una noche de invierno como esta, empapado de agua y con una histeria que quema tu cerebro, esas noches en las que no sabes si lo estas pasando bien o mal, en las que no sabes quien cojones duerme contigo, noches en las que haces reír a todo el mundo pero te sientes desgraciado, noches en las que vomitas como mero tramite hasta el siguiente bar, noches de taxis que cruzan Madrid contigo inconsciente, noches de rechazo, noches violentas, ridículas, de oportunidades perdidas, noches en las que el futuro no era importante pero pesaba como una losa a pesar de la edad. Ahora todo eso no tiene importancia. No tengo que fingir, el suicidio ya no es romántico a mi edad.

Pero si, me cuesta dejar atrás esta segunda piel, este amigo fiel que me protegió y acompañó todos aquellos años sin pedir nada a cambio. Soy más yo con el puesto.


Ayer te vi by Nacho Vegas & Christina Rosenvinge on Grooveshark