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jueves, 1 de diciembre de 2011

El tricornio y el consolador.

Me llamo Mauricio y soy policía desde hace más de veinte años, un hombre con mayúsculas, con los cojones como el toro de Osborne. Si hay que meter una paliza, ya sea dentro o fuera de casa, soy el ejemplo a seguir. Mi mujer, ese animal de compañía que encharca las bragas al pensar en su alcaldesa Ana Botella, es sobre el papel mi pareja perfecta, lubricando su coño a mi antojo. Convivimos sin que las cosas terminen de funcionar.

Supongo que el único momento de pasión de su vida fue con su amante, es una lástima que este desapareciera de repente y todas sus entelequias se vieran frustradas. La pobre envió durante varios años cartas de amor no correspondidas hasta que finalmente, resentida, se resignó a mi verga y a mis lunas de hiel. Nunca sabrá que su Romeo, después de la paliza que le metimos en comisaría y las dos noches que pasó con un par de violadores en el calabozo, tenía sobradas razones para desaparecer y nunca atreverse a contestar sus misivas. A veces leo alguna de ellas y me sobrecojo ante esa exultante fantasía que hace presa de las mujeres:

“(…) Ganar o perder lo que me humedece es el riesgo. Siento el clítoris tembloroso solo con recordar tu voz. Esa voz penetrante, grave, borracha de vino y ansiedades que me penetraba hasta lo más hondo. Soy un premio ya conquistado antes de que me bajes las bragas. Te recuerdo marcando el camino con tu saliva, arrodillado, haciéndome arder. Tu lengua agujereándome mientras tu nariz rozaba mi clítoris febril y enfermo de tamaño. Esa música de fondo como si quisieras adoctrinarme mientras te suplicaba, te imploraba, que me la metieras, que me follases, necesitando que me compensaras todo el tiempo pedido. Sentirte caliente, duro, entrando en mí, saborear el sabor de tu semen en un solo latido, sin sentido y sin final mientras bebemos de nuestros orgasmos. Te amo y te amaré siempre, nos conocimos con un beso de despedida, nunca te olvidaré”

Qué bonito.

De todas formas he descubierto que lo que realmente me gusta no es follarme a mi esposa en la misma posición aburrida del misionero con el Cara Al Sol de fondo. No. Lo que realmente me gusta es que me sodomicen, que me den por el culo. Pero no un puto homosexual, mierda, ojalá mueran todos de alguna enfermedad más perfeccionada. Solo me dejo sodomizar por una mujer. Podría ahorrar dinero y pedírselo a su esposa, pero en plena menopausia eso erosionaría la poca lucidez que le queda. Por eso recurro a Carla.

Carla es majísima, una puta de alto postín, todo artificial: tetas, culo, labios…me gusta sus preliminares cuando empieza a chuparme los huevos y va bajando. Cuando me penetra con su consolador me humaniza, casi consigue por unos instantes que desaparezca esa necesidad de violencia que me provocan esos putos perroflautas de Sol. Si tuviera algo de poder acabaría con todos esos gilipollas, esos anarquistas okupas de mierda que ralentizan el buen devenir de ese maravilloso país: España. Y que me dices de Cataluña…cada vez que veo las noticias se me revuelve el estómago con todos esos independentistas, antipatriotas de mierda, exigiendo derechos. Si pudiera me follaría a todas esas putas afrancesas y les obligaría a chuparme el cimbrel en condiciones y en castellano. Me quedo con las fachillas de Madrid: prepotentes, un poco idiotas, pero acostumbradas a bajarse las bragas cuando es necesario.

A veces pienso en chupar una polla mientras Carla me sodomiza, son extrañezas pasajeras, fruto del stress del trabajo. No soy un jodido gay, no tengo necesidad de ir al psiquiatra a medicarme. Solo tengo curiosidad. Por eso compré aquellas revistas, con escenas de perros pasándolo bien. Se lo propuse a Carla pero no era su campo. Me puso en contacto con Sandra.

Sandra si lo hace, ella tiene su propio perro, es hermoso ver como se la folla Marcus, su pastor alemán, con ese enorme falo. He pensado mucho en ello: lo que me excita es la sumisión, la denigración de la mujer, me gusta cuando Marcus se corre y la llena con esa enorme cantidad de semen y ella tiene que permanecer quieta porque el glande del perro está totalmente inflamado y tiene que seguir dentro de ella durante unos minutos hasta que por fin puede sacarla sin hacerse daño. Me gusta ver como se la folla brutalmente mientras me la chupa. Una mera esclava…menos que eso: un simple animal.
Pero Sandra disfruta con ello, le gustan las emociones fuertes, desgraciadamente se rompió la magia al darme cuenta de ello.

Quizá sea un poco misógino, quizá debería dar un poco de libertad a mi hija. Pero cuando vi ese condón no pude evitar darle una ostia, aún es muy joven para follar, para vestir con esa ropa de puta. Joder, solo pido un poco de respeto en mi propia casa. ¿Qué coño es eso de que necesito controlar mi ira? Alguna vez rompo algo y tengo que tomar medidas disciplinarias para mantener el orden, pero eso no es motivo para encerrarse en su habitación y poner esa puta música tan deprimente.
Cuando nos vino a ver ese asistente social del colegio diciendo esas tonterías de que la niña no comía, me reí y empecé a limpiar mi arma reglamentaría H&K -rutina habitual en las sobremesas familiares-, ¿estamos locos? Mi hija es delgada porque es su constitución, la veo comer todos los días, joder, en mi casa siempre hay comida, para eso me mato a trabajar. Menudo gilipollas. Que no me lo cruce cuando voy de servicio porque no sale de comisaria.

Al final encontré a Regina, adicta al caballo, pobrecita, es duro para ella a sus treinta y cuatro aparentar veinte años más y ver como su hija le hace la competencia en la esquina de enfrente. He intentado hacer un trio con las dos pero no quieren. Es cuestión de tiempo. De momento me conformo con el servicio gratuito que me ofrenda -previa amenaza- en el asiento de atrás de mi coche. Me gusta su boca, ahogarla con mi enorme polla llena de postulas –a saber el motivo…- y ver como se derraman sus lágrimas de rimen, como se retuerce cuando mis pequeños soldaditos pasan por su garganta. Este es el puto paraíso: violar la boca de una puta. Soy ateo, no puedo aspirar a más.

Ahora sin embargo estoy de mala ostia: han ingresado a mi hija. Dicen que pesa menos de cuarenta kilos, el médico me lo recalca con tono desaprobador, como si tuviera la culpa. Mi mujer llora desconsolada. La tienen entubada, con quince años. Bueno, está claro que necesito liberar tensiones.

Vuelvo con Esther, me gusta hablar con ella. Es una mujer grandota, tetas caídas, pocos dientes, conserva ese talante vetusto de pueblo, esa risa sincera a pesar del aliento perpetuo a semen rancio. Esta ajada, cuando miras a sus ojos vislumbras una puerta entornada llamada esperanza, que va cerrándose irremisiblemente sin ni siquiera la protesta de un portazo.
Me cuenta sus experiencias, hoy la han pagado por comer la mierda de un tío y dejar que le vomiten encima. Más tarde se lo ha encontrado en el supermercado con su mujer y su hija pequeña. La felicidad de un matrimonio se basa en volcar el vómito reprimido en ella, a veces literalmente.
Sabe que tengo potencial para el sadismo, para romper los límites de la degradación establecida. Pero es complicado, ya ha tenido sexo con animales, películas de bondage, violaciones, reconstrucción de colon. Incluso su falta de dientes mejora las felaciones. Ha hecho de la miseria sexual, de la barbarie, su razón para vivir, su forma de definirse como individuo. Me mira inquisitiva, esperanzada, pero ¿Qué puedo ofrecerle yo cuando golpearla es un simple preliminar, un bostezo existencial, cuándo ha hecho del castigo sexual una rutina?

No se me pone dura y seguimos hablando. Me enseña fotos de un antiguo novio de su juventud, me habla del pueblo, de su familia, de su primer aborto, me dice que nunca la quisieron, que la prostitución es como la guerra: una excusa para mostrarte como realmente eres, un animal. Dice que bebe demasiado, que su madre murió el año pasado y no se atrevió a ir al entierro. Le hubiera gustado llevar una vida normal y ser madre. Mierda, casi me enternece, no podré volver aquí. Sería como escupir en un pozo seco. Me despido.

Ya es de noche, Madrid está podrida por dentro. No me gustan las drogas, Franco no se drogaba, pero la noche es larga. Voy al poblado de siempre, nadie se percata, la policía es clientela fija. Me meto un par de rayas. La cocaína en vez de hacerme hablar me pone introspectivo. La imagen de mi hija en el hospital, con ese tubo en la boca, mirándome con odio cuando fui a verla… Joder, me he follado a yonquis de su edad con más ganas de vivir que ella. Me siento un monstruo.
Me meto otra raya, que extraño es este impulso que nos empuja a seguir a pesar de todo. Bebo un trago de la petaca. Me gusta conducir borracho con la sirena a toda leche, me encantaría ir a Sol o cualquier otro sitio, y en medio de una manifestación romper la cabeza a algún perroflauta, sino fuera por las denuncias, por esta mierda de democracia de pacotilla…

Es curioso donde me ha llevado la vida con cuarenta y cuatro años. Yo quería ser dentista, pero en algún momento se torció todo. Quizá no luché lo suficiente, o quizá me dejé llevar por las circunstancias del momento, adaptándome para sobrevivir. Genio o genocida, al final lo único importante es el presente. Saco la nota de suicidio de aquella yonqui a la que encontramos muerta hace unos días:

“Explicar el suicidio en una nota es una incoherencia, normalmente es un simple arrebato, la cuerda, el puente, el gas, la pistola. Nadie da explicaciones de porque Mozart acabó en una fosa común, de porque si tienes un gatillazo siento que la culpa es mía, de porque elegimos no elegir y no abrir la puerta al superyó. Sé que hay gente que me quiere…pero no me comprenden, y si no eres capaz de comprenderme no puedes aceptarme. No sabes porque lloro cuando estoy sola, y por eso me siento sola en tu compañía. Ya ni siquiera me siento viva con la música, cuando escribo, cuando me masturbo…lo siento. Y te pido perdón porque sé que es cosa mía, mi percepción, mi forma de enfocar las cosas, sé que no hay razón para quejarme, que no tengo perspectiva…pero no puedo evitar sentirme así. Simplemente sobrevivo. Podría ir al psicólogo, pero es como la fe ¿de qué serviría a un ateo? Me enamoro sin pensar, de ojos gastados, sin brillo, que tienen miedo a los espejos, coleccionistas de llamadas perdidas, de mails sin respuesta, a rebufo de la funeraria. Así soy yo: complicada, caótica, inservible, de las que se apoyan en la barra de algún bar, inmutable a invitaciones sórdidas o canciones de amor porque esperan que la ginebra haga efecto para volver a aquel verano donde sonaba esa canción y Él, por fin, me sacaba a bailar. La vida, como siempre, tenía otros planes. Pero no quiero enmarcar ese viejo neón estropeado de la nostalgia…solo pienso en la nieve…blanca, pura, apocalíptica, un réquiem de luz que lo inunda todo sin dejar ninguna pista al enemigo. Y dejas tus huellas, esperanzada en ese simple legado, mientras caminas ignorante hacia el Sol que hará desaparecer todo detrás de ti. Pero conozco esa verdad, noto el frio tras el cristal del segundero que marca la marcha fúnebre, y aunque hay cierta ternura contenida en este epigrama separado por comas, no espero que mis palabras sean un gran acontecimiento, todo es tan fugaz como los ojos verdes de ese conductor de autobús que, sin interés, flirtea conmigo. Ya siento el cansancio, el veneno circulando por mis venas, actuando, desatando ese instinto atávico de supervivencia. Subo el volumen, rechazo la llamada, no hay nada por lo que merezca la pena resistir…”

Llamo a Silvia, le digo que tengo coca y caballo. Llego a su cuarto, está sembrado de fotos suyas antes y después de la operación: antes era Silvio y tenía polla. Ahora tiene una vagina de juguete. Lo bueno es que te la puedes follar sin condón. Le gusta poner la música muy alta, creo que lo hace para joderme. Día equivocado. La ato como siempre y empiezo a follármela sin preliminares, me gusta el tacto de esta vagina de mentira, de virgen incapaz de lubricar. Le duele y mi empatía me empuja a meterle sus bragas en la boca y aumentar el ritmo. No consigo correrme y entonces saco la porra y empiezo a golpear esa cara que tanta cirugía y hormonas ha necesitado. No destrozo nada hermoso, solo una patética mentira.

La sangre me salpica, es divertido, excitante, intercalo mis crueles penetraciones con golpes en sus pechos de porcelana, en su rostro amorfo ya por las lesiones. Le arranco un pezón para devolverle la conciencia. Necesito que siga despierta, sus bragas están rojas de sangre y sufre espasmos. Me rio, la vida tiene sentido: golpear, penetrar, matar. Soy un puto psicópata. Y sí: al final somos los únicos supervivientes. Vivís en un mundo de horror. Welcome

¡Qué sonrisa tan rara! by Extremoduro on Grooveshark

viernes, 21 de octubre de 2011

El borracho y la puta.

El borracho.

Azul sobre negro, camino durante horas con ese desprecio a las distancias convencionales, como si recorriera un desierto de luz cristalizada. He canjeado mi carisma por el clic, solo hay que superar los dos primeros vodkas, es bueno madrugar para beber, manteniendo la nausea a raya con copas escanciadas en motivos irregulares. Lo jodido son los temblores, beber con pajita para no derramar el preciado líquido, aunque luego se desborde ridículamente por el suelo donde vomito mientras pienso en la siguiente copa. Hay algo milagroso en la recuperación. No hay recesos ni pausas, continuas donde lo has dejado, obsesionado, calculando la cantidad de botellas que puedes comprar si no comes durante varios días. Las actividades sociales pierden brillo, tropiezas con ellas, caes, te llenas de cristalitos pequeños que solo te hacen reír. Nadie te levanta. Es mejor así: lisiado físicamente pero en soledad.

Los bares de madrugada antes del cierre, hogar de piltrafas con lesiones cerebrales, astrosos buscando el vacío, desvaneciéndose con el arrullo de la bebida pasando por su garganta, simios felices con metas fijas y dramas crueles escabulléndose como cucarachas agotados por la realidad. La botella, una apelación al suicidio legal, trasegada entre cubitos de hielo acolchados. El televisor se convierte aquí en la entidad más brillante y genuina deshilachando los sueños de concursantes sonrientes antes de la publicidad.

Un sueño irreal me consume durante la resaca: una mujer desnuda, pelo azabache, ojos violáceos, cubierta de cuerpos horadándola, bañándola con sus alientos pestilentes, mezclando su esperma con el alcohol que lubrica sus agujeros, lamiéndola entera de forma sórdida, saboreando su dolor, su excitación, sus gritos. Algo vil, demencial consume a todos cuando ella abre más las piernas intentando abarcarlos. Son perros, perros sarnosos aullando excitados por el olor del alcohol sobre ella. Quiero salvarla, sus ojos parecen barrotes cubiertos de sangre y sudor, pero de pronto me doy cuenta que soy uno de ellos, quizá el que más disfruta.

El mundo sigue cojeando bajo mis pies y mi subconsciente me empuja a polvos desechables. Un mal menor, otro tipo de nausea que no impide al corazón seguir bombeando alcohol a mi cerebro. El escenario no es ni quebradizo ni eterno, ni siquiera complaciente aunque me otorgue el beneficio de la duda. A veces juego con la atrayente inaccesibilidad de las personas introspectivas. Pero las putas no tienen mentiras solo una promesa de media hora en la indiferente fricción de su vagina. Una puerta abierta delante de otra puerta. Respuestas sin preguntas.

La puta.

Le sonrío en el bar, una forma de comunicación universal, una sonda que sin respuesta se transforma en una mueca, envuelta en un velo de desesperación cromada por los reflejos acartonados de las botellas que nos rodean. Deseo sin necesidad. Pero él no puede responder, esta encerrado en un circunloquio de inaccesibilidad derrotista. Hiede con ese gesto automático de llevarse la bebida contra la boca. Tiene el final escrito en la cara. Me atrae su drama.

A los hombres les gusta masturbarse con mi cuerpo, es la única forma real de reducir su insatisfacción, de prolongar este estado de supervivencia prosaica. Niños sucios. Sus manos se mueven más rápido que su cerebro. Pero reconozco que busco ese afecto, esa pasión que desprenden antes de eyacular, de vaciarse en mí…me dan un valor, una entidad. Sé que es un fraude, pero me siento aceptada. Solo lo hago cuando necesito el dinero y siempre eligiendo con cuidado. Mis peores experiencias han sido con mis parejas. La última vez estuve a un millón de años del orgasmo, al final solo pensaba en si quedaba enjuague bucal para poder quitarme cuanto antes el sabor de su polla. Inanidad. Un ligero aturdimiento, como una anestesia aburrida. No existen las marcas indelebles, no hay destino, solo decisiones.

Por eso esta vez insisto con mi sonrisa, acariciando el silencio que hay entre los dos. Una extraña coquetería se apodera de mí y siento que he elegido mal los pendientes. No debería de ser importante. Él se acerca y me invita a una copa. Acepto y me presento. Brindamos. Emerge una química inusual ajena a la típica representación de intereses y precios. Siento como si observásemos nuestras respectivas miserias y las aceptásemos sin pudor, desgajando un beso desde el fondo de mi corazón y de su copa.

Fue el destello de un momento perfecto. Un par más y podría haberme enganchado. Pero la decadencia siempre es un aviso. Subimos a la habitación pero no quiso follar. Quizá estuviera demasiado borracho, no lo sé…balbuceaba su soledad con cierto estilo, hablando de muchos temas y de ninguno. Al final se durmió. Me dio cierta lastima robarle la cartera pero ya no creo en cuentos de hadas. Solo quiero experiencias.

La próxima vez háblame de poesía mientras me comes el coño jodido gilipollas…

Inertia Creeps by Massive Attack on Grooveshark

viernes, 2 de septiembre de 2011

El sexo es muy solitario sin ti, ¿Por qué eres tan zorra, Puta?

Es mejor reconocer los errores en voz alta: Te quiero. Ya me cobraré las deudas que tengo con tu cuerpo en una ocasión más propicia, por ejemplo cuando no te estés follando a otro. Te cedo el tatuaje de mi beso por un día, y mi aliento para siempre.

Pues aquí estamos, días que vagan sin acritud pero que se difuminan sin más potencial de cambio que la nostalgia de un mañana agotada de antemano. Como una muerte a latigazos que dura demasiado, como mendigos bajo soportales escupiendo su felicidad en cervezas picadas por el sol y libretas Moleskine. Contando con esa voz llena de arrugas como empujaron al amor contra la pared y se lo follaron sin permiso una noche de viento y espinas.

Y creo que compartimos las mismas alucinaciones porque bebemos la misma basura barata, visiones resacosas -y sin ánimo metafórico- de mierda cayendo sin parar, cantidades industriales que el cielo defeca sobre nosotros, un alud, una avalancha, un manantial que ahoga todo porvenir, que causa nausea y enfermedad a su paso, sin ningún lugar donde esconderse, golpeando como granizo sobre las casas, separando a los amantes y desfigurándolos, creando riadas como una última eclosión de los desastres naturales.


El límite del juicio estético es el asco, como pensar que nuestra felicidad depende del agravio comparativo que ejerce la melancolía de nuestro alrededor, como ahorrarte una relación sin sentido al comprobar que el sexo es una mierda en la primera cita.

La soledad, como muchos dicen, es una puta barata, y de eso quería hablar: me he enamorado de una puta. Y antes de que empecéis a borrar mi página de los favoritos no me refiero a una mujer a la que considero una puta, no, no, de verdad, es una puta, de las que cobran desde el principio.

Me encontré con ella en un club que hay a cincuenta y dos segundos de mi casa, nunca me había atrevido a entrar porque lleva ahí media vida siendo una metáfora viva de lo casposo, con esos neones rosas y ese cartel de dos mujeres bailando. Pero era una de esas noches en que la idea de utilizar mi cuerda de saltar a la comba para ahorcarme estaba siendo mas nítida que de costumbre. O sea que franqueé el escenario. Y que decir: ahí estaba Ella, nada emocionante en su físico -debía de tener diez o quince años más que yo-, pero había indiferencia, dejadez en su mirada. No es un lugar para buscar retos pero me senté en la barra a su lado y le invité a una copa, que es la forma más natural de romper el hielo y el precinto del condón.

Rorschach: Dejando aparte que tienes unos ojos miel exquisitos y que este vaso esta muy sucio… ¿Tienes hijos?
Puta: Mi instinto maternal desapareció con mi padrastro, pero también es cierto que nadie ha conseguido tentarme estando vestido.
R: Todos son decisiones a fin de cuentas, Radiohead o Vivaldi, escupir o tragar, follar o morir, una elección siempre contamina el resto. Por ejemplo: elijo terminar estos preliminares y follarte, ¿Cuánto cobras?
P: Siento desilusionarte pequeño alfeñique, pero solo hago mamadas, eso sí, felicidad en estado puro, y me temo que escupo…
R: Mierda, que extraño, tengo poca experiencia en estas lindes pero veo raro que tus clientes se conformen con una simple mamada...
P: De simple nada, mis mamadas son transcendentales, estratos de felicidad convertidos en arte, pura metafísica de mi lengua saboreándote, envolviéndote, te hago el amor con mi boca de forma más intensa que con mi coño.
R: Joder, me dejas impresionado, lastima que no puedas chuparla y hablar a la vez, ¿Dónde están los reservados?
P: En este local elegimos nosotras y mi arte felador no esta disponible para cualquiera.
R: Mierda, ¿es por mi cara?
P: No, termínate tu copa y vete. Inténtalo en otra ocasión.

Se levanta y desaparece con ese gesto noble del que da por hecho que la visita ha durado demasiado y deja en manos del criado sacarte del salón.

Y así fue, mis queridas contertulias, como me he vuelto a enamorar. Rasgos comparte con las pretéritas aparte de la vocación: esos labios altivos de cereza y el pelo largo ensortijado crean un cuadro de turbadora belleza femenina.

Pero así somos los hombres, buscando a quien dedicar las derrotas, iluminando el camino con el semen del amor. 

Hellraiser (VNV Nation Remix) by Suicide Commando on Grooveshark

martes, 2 de agosto de 2011

Coños

Programa de televisión. Cualquier hora de la tarde. Presentador. Primer payaso del circo.

Rorschach: Hola, soy Rorschach. Hay recuerdos enquistados en canciones. A veces escribir transforma la ficción en partículas de realidad que se adhieren a tu psique, no es la vida real, sólo un punto de vista, pero la repetición contumaz puede convertirse en amor, la autoestima en un paredón donde hay un redoble de tambores. El destino puede ser muy cabrón si permites que siga decorando de mierda tus paredes.

Pero aunque lo sé, no puedo evitar seguir moviendo las palabras, en este juego en el que me has dejado solo, recreando historias indecorosas que lubriquen corazones o coños, quizá corazoños. Y es que todavía me dueles a pesar de mi mismo.

Celos. Eso es lo que siento. Celos… Celos que aturden, que desligan rechazo, que transpiran ansiedad cuando entre bromas cuelgo tu llamada y sigo escribiendo. El accidente ha ocurrido ya.
Sin embargo -tú lo sabes- si alguien te hace daño solo tienes que silbar y acudiré a tu lado, como amigo, como siempre. Aunque tu ciudad me aborrezca y solo te masturbes pensando en él…en mí nunca…

Aparece un subnormal con traje de presentador y echa al tonto de Rorschach del escenario con brusquedad. No ha tenido mucho éxito. El público mira hacia los lados sintiendo vergüenza ajena…

Presentador: Después de este exabrupto pseudo romántico, que ha provocado –y disculpen por la información- ganas de cagar en casi todos nuestros contertulios, pasemos a cosas mas importantes no sin antes aconsejar a este cabrón sin talento que deje de perder el tiempo escribiendo semejante bazofia y que se folle algún coño de una puta vez. O que hable con alguna mujer real porque da la impresión de que le sacaron de la incubadora demasiado pronto.
Ahora con todos ustedes Braulio el Gañan…un fuerte aplauso.

Braulio el Gañan: Hola, soy Braulio el Gañán, y he encontrado la clave de todo: El Coño. No en si mismo, sino su ausencia. Yo no tengo. Una tragedia. La aportación más importante en una relación no depende de mí. Solo poseo un pene, un pene pequeño que subordinado por fluctuaciones del riego sanguíneo me deja a merced de las propietarias de El Coño.
He tenido malas experiencias, pero siempre intento ser paciente, si ellas me dicen que ya me llamaran, espero, llevo haciéndolo cuatro años con Andrea, y solo dos con Anita. A veces he hecho guardia delante de sus puertas hasta que finalmente he podido hablar con alguna de ellas, pero frases como “el mensaje no me llego” o “he estado enferma y luego se me olvido” han terminado desanimándome. Puede que solo haya tenido éxito en dar esquinazo a mi inteligencia porque sigo esperando noticias de Andrea…que buena estaba…
La única vez que intenté tomar la iniciativa, aquella chica pelirroja de la discoteca Moebius me roció con un spray de pimienta mientras balbuceaba que todavía no estaba tan borracha. Son cosas que te hacen pensar. Crees que mañana será otro día, pero no, mañana será el día después de que una mujer te gaseara como una cucaracha por intentar besarla.
Otra estrategia es escucharlas, siempre me he encontrado con mujeres que son capaces de hablar durante horas, grandes monólogos sobre si mismas y El Coño con la única aportación de un “aha” o “sí, claro, tienes razón” encajados cada diez minutos por mi parte. Desgraciadamente son las que finalmente te sueltan “eres demasiado bueno para mi” o terminan la amistad de pagafantas por cualquier tontería sin importancia, mientras permiten que el macho alfa de turno les doblegue a base de latigazos de semen sobre su cara.

Cuando había perdido toda esperanza de encontrar el amor verdadero y vagaba por calles desconocidas sumido en la desesperación, me cruce con Lola, que con gran desparpajo me agarro el paquete con fuerza y me dijo: “Cariño, 30€ y te daré todo el amor del mundo”.
Esa frase me llego al corazón y de pronto todas las piezas encajaron: supe que tenía una oportunidad de ser feliz, feliz junto a ella.

Sé que muchas pensaréis que es triste y un fraude pagar por El Coño cuando follar es comunicación, un ejercicio de naturalidad instintiva mezclado con la capacidad para obviar toda educación social. Actuar como putos animales descontrolados en un ring de carne. Utilizad la metáfora que más os lubrique.

Pero yo, Braulio el Gañán, demasiado jodido ya por el insomnio, las resacas depresivas, los pulsos ansiolíticos del alcohol, por las drogas –que son alegría y autentico bienestar solo los primeros cinco años-, prefiero caer en esa violenta honestidad del trueque para salvar un poquito de dignidad –inalienable dicen- que vosotras esnifáis como si fuera soma liquido, como putas dosis de vanidad a mitad de precio que El Coño necesita para sobrevivir en perfectas condiciones.

Sé que en ese solaz de media hora semanal que, como único capricho, mi trabajo basura me permite, estoy poco a poco entrando en Lola, en su alma, en su corazón. Sé que debería follármela con la intensidad adecuada pero aun sigo en conflicto con las limitaciones de mi cuerpo. De todas formas esos veinticuatro minutos que sobran están sirviendo para comunicarnos más, ella me ha pedido dinero prestado para traer poco a poco a sus siete hijos y cuatro nietos a España. Y sé que a partir de ahí podré ser feliz junto a mi amor y su familia porque…

Presentador mirando el reloj.

Presentador: Gracias Braulio por la generosidad de tu testimonio. Hombres así es lo que necesita este país violado por las agencias de calificación externas. Hombres que no se derrumben ante la adversidad, que luchen por su felicidad, con pundonor, con ganas, con esencia a casta, a toro de Osborne, a carajillo, a casquería de matadero. Gracias Braulio, creo que todos hemos aprendido algo muy valioso hoy.

Aplausos.

(…)

Moldy Eye by Igorrr on Grooveshark