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viernes, 21 de octubre de 2011

El borracho y la puta.

El borracho.

Azul sobre negro, camino durante horas con ese desprecio a las distancias convencionales, como si recorriera un desierto de luz cristalizada. He canjeado mi carisma por el clic, solo hay que superar los dos primeros vodkas, es bueno madrugar para beber, manteniendo la nausea a raya con copas escanciadas en motivos irregulares. Lo jodido son los temblores, beber con pajita para no derramar el preciado líquido, aunque luego se desborde ridículamente por el suelo donde vomito mientras pienso en la siguiente copa. Hay algo milagroso en la recuperación. No hay recesos ni pausas, continuas donde lo has dejado, obsesionado, calculando la cantidad de botellas que puedes comprar si no comes durante varios días. Las actividades sociales pierden brillo, tropiezas con ellas, caes, te llenas de cristalitos pequeños que solo te hacen reír. Nadie te levanta. Es mejor así: lisiado físicamente pero en soledad.

Los bares de madrugada antes del cierre, hogar de piltrafas con lesiones cerebrales, astrosos buscando el vacío, desvaneciéndose con el arrullo de la bebida pasando por su garganta, simios felices con metas fijas y dramas crueles escabulléndose como cucarachas agotados por la realidad. La botella, una apelación al suicidio legal, trasegada entre cubitos de hielo acolchados. El televisor se convierte aquí en la entidad más brillante y genuina deshilachando los sueños de concursantes sonrientes antes de la publicidad.

Un sueño irreal me consume durante la resaca: una mujer desnuda, pelo azabache, ojos violáceos, cubierta de cuerpos horadándola, bañándola con sus alientos pestilentes, mezclando su esperma con el alcohol que lubrica sus agujeros, lamiéndola entera de forma sórdida, saboreando su dolor, su excitación, sus gritos. Algo vil, demencial consume a todos cuando ella abre más las piernas intentando abarcarlos. Son perros, perros sarnosos aullando excitados por el olor del alcohol sobre ella. Quiero salvarla, sus ojos parecen barrotes cubiertos de sangre y sudor, pero de pronto me doy cuenta que soy uno de ellos, quizá el que más disfruta.

El mundo sigue cojeando bajo mis pies y mi subconsciente me empuja a polvos desechables. Un mal menor, otro tipo de nausea que no impide al corazón seguir bombeando alcohol a mi cerebro. El escenario no es ni quebradizo ni eterno, ni siquiera complaciente aunque me otorgue el beneficio de la duda. A veces juego con la atrayente inaccesibilidad de las personas introspectivas. Pero las putas no tienen mentiras solo una promesa de media hora en la indiferente fricción de su vagina. Una puerta abierta delante de otra puerta. Respuestas sin preguntas.

La puta.

Le sonrío en el bar, una forma de comunicación universal, una sonda que sin respuesta se transforma en una mueca, envuelta en un velo de desesperación cromada por los reflejos acartonados de las botellas que nos rodean. Deseo sin necesidad. Pero él no puede responder, esta encerrado en un circunloquio de inaccesibilidad derrotista. Hiede con ese gesto automático de llevarse la bebida contra la boca. Tiene el final escrito en la cara. Me atrae su drama.

A los hombres les gusta masturbarse con mi cuerpo, es la única forma real de reducir su insatisfacción, de prolongar este estado de supervivencia prosaica. Niños sucios. Sus manos se mueven más rápido que su cerebro. Pero reconozco que busco ese afecto, esa pasión que desprenden antes de eyacular, de vaciarse en mí…me dan un valor, una entidad. Sé que es un fraude, pero me siento aceptada. Solo lo hago cuando necesito el dinero y siempre eligiendo con cuidado. Mis peores experiencias han sido con mis parejas. La última vez estuve a un millón de años del orgasmo, al final solo pensaba en si quedaba enjuague bucal para poder quitarme cuanto antes el sabor de su polla. Inanidad. Un ligero aturdimiento, como una anestesia aburrida. No existen las marcas indelebles, no hay destino, solo decisiones.

Por eso esta vez insisto con mi sonrisa, acariciando el silencio que hay entre los dos. Una extraña coquetería se apodera de mí y siento que he elegido mal los pendientes. No debería de ser importante. Él se acerca y me invita a una copa. Acepto y me presento. Brindamos. Emerge una química inusual ajena a la típica representación de intereses y precios. Siento como si observásemos nuestras respectivas miserias y las aceptásemos sin pudor, desgajando un beso desde el fondo de mi corazón y de su copa.

Fue el destello de un momento perfecto. Un par más y podría haberme enganchado. Pero la decadencia siempre es un aviso. Subimos a la habitación pero no quiso follar. Quizá estuviera demasiado borracho, no lo sé…balbuceaba su soledad con cierto estilo, hablando de muchos temas y de ninguno. Al final se durmió. Me dio cierta lastima robarle la cartera pero ya no creo en cuentos de hadas. Solo quiero experiencias.

La próxima vez háblame de poesía mientras me comes el coño jodido gilipollas…

Inertia Creeps by Massive Attack on Grooveshark

martes, 2 de agosto de 2011

Coños

Programa de televisión. Cualquier hora de la tarde. Presentador. Primer payaso del circo.

Rorschach: Hola, soy Rorschach. Hay recuerdos enquistados en canciones. A veces escribir transforma la ficción en partículas de realidad que se adhieren a tu psique, no es la vida real, sólo un punto de vista, pero la repetición contumaz puede convertirse en amor, la autoestima en un paredón donde hay un redoble de tambores. El destino puede ser muy cabrón si permites que siga decorando de mierda tus paredes.

Pero aunque lo sé, no puedo evitar seguir moviendo las palabras, en este juego en el que me has dejado solo, recreando historias indecorosas que lubriquen corazones o coños, quizá corazoños. Y es que todavía me dueles a pesar de mi mismo.

Celos. Eso es lo que siento. Celos… Celos que aturden, que desligan rechazo, que transpiran ansiedad cuando entre bromas cuelgo tu llamada y sigo escribiendo. El accidente ha ocurrido ya.
Sin embargo -tú lo sabes- si alguien te hace daño solo tienes que silbar y acudiré a tu lado, como amigo, como siempre. Aunque tu ciudad me aborrezca y solo te masturbes pensando en él…en mí nunca…

Aparece un subnormal con traje de presentador y echa al tonto de Rorschach del escenario con brusquedad. No ha tenido mucho éxito. El público mira hacia los lados sintiendo vergüenza ajena…

Presentador: Después de este exabrupto pseudo romántico, que ha provocado –y disculpen por la información- ganas de cagar en casi todos nuestros contertulios, pasemos a cosas mas importantes no sin antes aconsejar a este cabrón sin talento que deje de perder el tiempo escribiendo semejante bazofia y que se folle algún coño de una puta vez. O que hable con alguna mujer real porque da la impresión de que le sacaron de la incubadora demasiado pronto.
Ahora con todos ustedes Braulio el Gañan…un fuerte aplauso.

Braulio el Gañan: Hola, soy Braulio el Gañán, y he encontrado la clave de todo: El Coño. No en si mismo, sino su ausencia. Yo no tengo. Una tragedia. La aportación más importante en una relación no depende de mí. Solo poseo un pene, un pene pequeño que subordinado por fluctuaciones del riego sanguíneo me deja a merced de las propietarias de El Coño.
He tenido malas experiencias, pero siempre intento ser paciente, si ellas me dicen que ya me llamaran, espero, llevo haciéndolo cuatro años con Andrea, y solo dos con Anita. A veces he hecho guardia delante de sus puertas hasta que finalmente he podido hablar con alguna de ellas, pero frases como “el mensaje no me llego” o “he estado enferma y luego se me olvido” han terminado desanimándome. Puede que solo haya tenido éxito en dar esquinazo a mi inteligencia porque sigo esperando noticias de Andrea…que buena estaba…
La única vez que intenté tomar la iniciativa, aquella chica pelirroja de la discoteca Moebius me roció con un spray de pimienta mientras balbuceaba que todavía no estaba tan borracha. Son cosas que te hacen pensar. Crees que mañana será otro día, pero no, mañana será el día después de que una mujer te gaseara como una cucaracha por intentar besarla.
Otra estrategia es escucharlas, siempre me he encontrado con mujeres que son capaces de hablar durante horas, grandes monólogos sobre si mismas y El Coño con la única aportación de un “aha” o “sí, claro, tienes razón” encajados cada diez minutos por mi parte. Desgraciadamente son las que finalmente te sueltan “eres demasiado bueno para mi” o terminan la amistad de pagafantas por cualquier tontería sin importancia, mientras permiten que el macho alfa de turno les doblegue a base de latigazos de semen sobre su cara.

Cuando había perdido toda esperanza de encontrar el amor verdadero y vagaba por calles desconocidas sumido en la desesperación, me cruce con Lola, que con gran desparpajo me agarro el paquete con fuerza y me dijo: “Cariño, 30€ y te daré todo el amor del mundo”.
Esa frase me llego al corazón y de pronto todas las piezas encajaron: supe que tenía una oportunidad de ser feliz, feliz junto a ella.

Sé que muchas pensaréis que es triste y un fraude pagar por El Coño cuando follar es comunicación, un ejercicio de naturalidad instintiva mezclado con la capacidad para obviar toda educación social. Actuar como putos animales descontrolados en un ring de carne. Utilizad la metáfora que más os lubrique.

Pero yo, Braulio el Gañán, demasiado jodido ya por el insomnio, las resacas depresivas, los pulsos ansiolíticos del alcohol, por las drogas –que son alegría y autentico bienestar solo los primeros cinco años-, prefiero caer en esa violenta honestidad del trueque para salvar un poquito de dignidad –inalienable dicen- que vosotras esnifáis como si fuera soma liquido, como putas dosis de vanidad a mitad de precio que El Coño necesita para sobrevivir en perfectas condiciones.

Sé que en ese solaz de media hora semanal que, como único capricho, mi trabajo basura me permite, estoy poco a poco entrando en Lola, en su alma, en su corazón. Sé que debería follármela con la intensidad adecuada pero aun sigo en conflicto con las limitaciones de mi cuerpo. De todas formas esos veinticuatro minutos que sobran están sirviendo para comunicarnos más, ella me ha pedido dinero prestado para traer poco a poco a sus siete hijos y cuatro nietos a España. Y sé que a partir de ahí podré ser feliz junto a mi amor y su familia porque…

Presentador mirando el reloj.

Presentador: Gracias Braulio por la generosidad de tu testimonio. Hombres así es lo que necesita este país violado por las agencias de calificación externas. Hombres que no se derrumben ante la adversidad, que luchen por su felicidad, con pundonor, con ganas, con esencia a casta, a toro de Osborne, a carajillo, a casquería de matadero. Gracias Braulio, creo que todos hemos aprendido algo muy valioso hoy.

Aplausos.

(…)

Moldy Eye by Igorrr on Grooveshark