lunes, 19 de marzo de 2018

Byung-Chul Han - La sociedad del cansancio

El neoliberalismo ha logrado, mediante el acoso de la publicidad, la idealización del lujo y el consumismo compulsivo, que nos convirtamos en esclavos del trabajo, sometiéndonos por propia voluntad a sus intereses. Que seamos nuestros propios verdugos, matándonos a trabajar, literalmente, y que veamos este estilo de vida, asfixiante, ultra competitivo y enfermizo, como algo natural, deseable y positivo. Al final estamos agotados y deprimidos, sometidos al criterio de una supuesta eficiencia. Se reduce al individuo a mero competidor del otro y la vida a la entrega al trabajo y el rendimiento. Esclavo de sí mismo. Explotador de sí mismo, sin tiempo para ser libres, sin tiempo de ocio. El neoliberalismo es para los incautos, para las masas, que poco o nada entienden de sofisticadas estrategias de manipulación mental e ingeniería social. El fin es convencer a las masas que pueden ser felices matándose a trabajar, compitiendo entre ellos hasta lo irracional, cuando el verdadero objetivo es la plusvalía. Y lo han conseguido.

Según se desprende de ‘La sociedad del Cansancio’ el siglo pasado puede definirse desde una perspectiva inmunológica: existía una clara división entre el adentro y el afuera, el enemigo y el amigo o entre lo propio y lo extraño. El paradigma inmunológico estaba dominado por el vocabulario de la guerra fría, ataque y defensa determinaban no solo la acción del organismo en el campo biológico sino también el comportamiento del conjunto de la sociedad. Lo extraño era rechazado aunque no encerrara en sí mismo ninguna intención hostil.  El objeto de resistencia, tanto en lo biológico como en lo social, era la extrañeza. Desde el fin de la guerra fría la sociedad se ha sustraído a la idea de la “otredad” sustituyéndola  por la inofensiva “diferencia”. Así, la negatividad que era el rasgo fundamental de la inmunidad, de lo otro como negatividad, es reemplazado por la dialéctica de la positividad y su “totalitarismo de lo idéntico”, como lo definió Baudrillard, marcada por la desaparición de la singularidad, la proliferación de la homogenización y la equivalencia, así como por una sobreabundancia de los sistemas de comunicación, información y producción, que no generan una reacción de rechazo inmunológico en la sociedad, así como la obesidad no produce una reacción inmunitaria en el organismo. El agotamiento, la fatiga, la sensación de asfixia son manifestaciones de esa violencia neuronal.

Según explica Byung-Chul Han la sociedad disciplinaria de Foucault, con sus cárceles, hospitales y psiquiátricos, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. Una nueva sociedad de gimnasios, torres de oficina, laboratorios genéticos, bancos y grandes centros comerciales componen lo que el autor denomina la sociedad de rendimiento. El anterior “sujeto de obediencia” ha sido reemplazado por el “sujeto de rendimiento”. Las motivaciones, el emprendimiento, los proyectos y  la iniciativa han reemplazado la prohibición, el mandato o la ley. Con afán de maximizar la producción se ha reemplazado el paradigma disciplinario por el de rendimiento, ya que la positividad de “poder” es más eficiente que la negatividad del “deber”. Lo peor es que ese cansancio, el agotamiento del Yo, desarma y afloja la atadura de su identidad, volviéndole demasiado permeable a la homogeneización externa.

Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento como nuevo mandato de la sociedad de trabajo tardomoderna, y su libertad paradójica. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra contra sí mismo, sentencia Byung-Chul, se abandona a la “libertad obligada”, la libre obligación de maximizar su rendimiento. El exceso de trabajo se agudiza y se convierte en autoexplotación.

El exceso de positividad también ha variado la estructura y la economía de la atención, la superabundancia de estímulos e informaciones han provocado la fragmentación y la dispersión de la percepción. Esta fragmentación o atención “multitasking” (multitarea) a la que se somete el sujeto contemporáneo es casi una regresión a la técnica que utilizan los animales salvajes en la selva: para su supervivencia el animal debe de estar atento en todo momento a los diferentes elementos de su entorno para evitar ser devorado por otros depredadores. Esto imposibilita sumergirse en la contemplación. La capacidad de atención profunda y contemplativa, de la cual descienden los grandes logros de la humanidad, está siendo reemplazada progresivamente por la hiperatención y la hiperactividad, lo que no genera nada nuevo, solo reproduce y acelera lo ya existente. La histeria y el nerviosismo imperante necesitan a su vez del dopaje para un rendimiento sin fricciones, de drogas inteligentes que maximicen el rendimiento, una tendencia bien argumentada incluso por científicos serios que ven hasta irresponsable el no hacer uso de tales sustancias en algunas profesiones.

Dejo un par de vídeos: el primero es un resumen del libro con dibujitos, para el que no quiera leerse el texto; el segundo es un especial de la UNED sobre el autor comentando brevemente todas sus teorías.



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