viernes, 8 de julio de 2016

El club de los escritores suicidas: Martha Kornblith (1959-1997)

Llego a Caracas siendo niña, se licenció en comunicación social por la Universidad Central de Venezuela, donde también realizó estudios en su Escuela de Letras. Fue poeta y comunicadora social, miembro en su momento del grupo literario Eclepsidra y autora de una mesurada pero contundente obra poética: Oraciones para un dios ausente, publicada por Monte Ávila Editores en el año 1995 en la colección Las formas del fuego, Sesión de endodoncia editado por Editorial Eclepsidra  y El perdedor se lo lleva todo por la editorial Pequeña Venecia, estos dos últimos publicados póstumamente en 1997.

Tres libros que condensan una poética de la pérdida, del hastío y la locura, con un dominio del lenguaje riguroso y sosegado, en espera del golpe final. Es la gran olvidada. Una pequeña selección de sus poemas:

***
Me dices que te hable sobre mi vida.
Yo te propongo un poema sobre la locura.
Me propones una frase para desarrollar un poema.
Poema es momento presente, lo que me ocupa.
Me dices que me ponga en el lugar
de la que me hubiera gustado ser.
Yo te digo que una actriz de cine
famosa para vivir y ser amada por miles
que es como volar por encima de una playa
y saber que aquella gente me mira y me llama.
Eso es morir.
O suicidarse.
Vagar como un fantasma ausente
en la conciencia de miles sin cuerpo ni cara.
Para verlo tomar palco entre miles estupefactos
y llamarme.
Suelo volar como una paloma herida
en una playa interminable
y dejar rastros de sangre
ante el tin tin ausente
de tu teléfono,
llamarte es confrontarme con la realidad inexorable
de un fracaso.

(De Oraciones a un dios ausente)

***
Madre
ahora que tu espíritu
ya no recorre esta casa
que además ya no es la tuya
porque ahora el resentimiento
se mide en metros cuadrados
y jugamos a la herencia
como chivos expiatorios
esperando ansiosamente
la hora del monopolio.
Madre
ahora que ya no soporto
el desorden de las mañanas
la rigidez de los desayunos sola
sola,
cuando no encuentro los pares
de medias
y mis camisas están arrugadas
sola, cuando hay agua fría
en el calentador
sola,
cuando nos acompañábamos
con inocencia los sábados en la tarde
y que ahora parecen tan ajenos.
Madre
te he confesado que además de
haber enterrado a la muñeca
no he cumplido con tus aspiraciones
de buena ama de casa, madre del hogar,
hijos, nietos, etc.
que me convertí en poeta
que es lo mismo que decir
en poeta suicida
y que por eso
juego y seduzco a la muerte
todas las noches.
Madre
he de confesarte
que sola
ahora, apenas
persigo cucarachas,
persigo cucarachas
persigo cucarachas,
persigo cucarachas

***
Ella:
buscó amor en los conciliábulos médicos,
intercambió roles, rompió los límites para idear una relación
formal amorosa imposible.

Ella:
no tiene criterio de realidad,
desea más allá de lo deseado,
no tolera las frustraciones.

Ella:
se enamoró primero de su jefe (lugar común),
la apedrearon por loca,
ese fue el antecedente de la primera consulta
deprimida.
Ellos levantaron el telón,
el síntoma: su fracaso para realizar la expectativa.

Ella no tolera que le nieguen algo,
le dieron un mundo de confort, mármol y oro,
forma berrinches,
tira las puertas,
odia que la ignoren,
aunque a veces busca brillar por su ausencia y cuando
se suicida
olvida que no hay nada más olvidado que un muerto.
La gente, comentaba Chaplin, me pregunta cómo se me [ocurren
las ideas. Ellas nacen de un deseo incesante de tenerlas.

Tú eres la palabra:
mientras más me rechaza más la busco,
cuando la encuentro, puede que me acaricie o me maltrate,
se queda por tan sólo un instante, y luego se va con otra.
Tú eres la palabra:
me apedreas por grosera,
te saco provecho literario,
te quiero joder.

***
Mientras sólo
nos observan de reojo,
nos acusan de irrealistas delirantes
y naufragamos
en las lavadoras.
¿Sobreviviremos
al sopor de las cocinas,
a la puntualidad de los recibos?
Seremos
personas cotidianas
sólo cotidianas
pero no acudiremos  a la cita.
Fingiremos morir.

(De Oraciones a un dios ausente)

***
Sé que bajo de mí
algo se cuece, algo se conspira
Alguien me martiriza
sin derecho a réplica.
Yo callo y obedezco.
Pero lo diré en un poema,
lo diré en un poema.

(De Sesión de endodoncia)

***
Y si el poema
no fuese
mero ejercicio de vanidad
vana soberbia.
Y si el poema fuese
flecha que alcanzara
al asesino de poetas,
y si el poema fuese
papel que secara las
lágrimas
en las horas de más dolor.

(En Sesión de endodoncia)