jueves, 26 de mayo de 2016

Tenía los ojos verdes más bonitos del mundo.


Se coló en el portal y luego en mi casa cuando solo tenía unos meses
Los ojos verdes acuosos –una infección- la cola atropellada
Pequeño y hambriento
Esa misma noche durmió hecho un ovillo junto a mi almohada
Imposible no enamorarse de esa catedral negra de pelo y huesos
Que maullaba a las visitas con desdén
Y que, con porte regio, te hacía notar que la mascota eras tú

Creció rápido
Siempre me observaba tumbado junto a los libros de la estantería
Con esa altiva majestuosidad de lo eterno
Y aunque casi siempre huía de mis caricias
Como quién escapa de un baile de necios
Nunca me dejaba solo

Recuerdo una vez que estábamos en la terraza
Un pájaro alzó el vuelo hacía algún punto entre el cielo y el sol
Y él me miro con sus hermosos ojos verdes, frustrado su talento
Maullando con desazón rechoncha
Exigiéndome que arreglase esa extraña metáfora
De barrotes y anhelos
Que nos afectaba a los dos

Mi gato Kirk murió hace cinco años

No me gustan los teclados que lloran la muerte
O la superan con homenajes
Que nunca podrán estar a la altura del recuerdo

Para mí sigue vivo
Sigue maullando
Paseando por delante del monitor cuando escribo
Despertándome por las mañanas cuando quiere jugar
No quiero cauterizar
No quiero recriminar a su pequeño corazón
Que no fuera capaz de soportar tanta belleza

Por eso esta tarde brindo por ti, viejo amigo
Siempre estarás aquí dentro, conmigo
Persiguiendo a mi pájaro azul.