jueves, 4 de febrero de 2016

Los decadentes todavía no nos han cortado el cordón umbilical, seguimos saltando a la comba con él, sin pensar que hay más allá de la rayuela, el teclado y la conjetura con sus medias agujereadas de puta.

Otra noche en guerra. El dictador tiene sabor a cerveza caliente. Normalmente los artistas con el paso de los años pierden su talento, decepcionan, se humillan, se repiten, se venden. Hay demasiados casos para citarlos aquí, pero está claro que la mayoría no prefieren la solución de Hemingway o Salinger. Sin embargo Bukowski estuvo a la altura de su obra hasta su último poema, ese que envío a su editor por fax con setenta y cuatro años. Fue inflexible en su honestidad brutal, en su sarcasmo y descreimiento, en su desconfianza hacía el resto de la humanidad.

Su poesía evolucionó, seguía reelaborando recuerdos de su juventud pero también surgían poemas sobre gatos, sobre la risa perfecta de los dioses cuando te alzas desde tu aislamiento contra la mediocridad imperante, sobre la vejez y la muerte, sobre el propósito que consigues dotar a la vida cuando tienes delante una máquina de escribir y una página en blanco. Una lucha personal, una lucha solitaria, una lucha por el éxito, que muchas veces empieza y termina de madrugada, ajeno al resto del mundo. Bukowski conoció ese éxito tarde, con más de cincuenta y cinco años, pero quizás eso le ayudó a gestionarlo con más templanza. Otro merecido premio para el viejo indecente. Siempre he creído que si existe esa llamada “justicia poética” tiene que disfrutarse en vida, tiene que volcarse sobre la única oportunidad de redención y hedonismo que tenemos, ¿qué importa las placas, las estatuas, los premios póstumos literarios o que estudien su obra en las universidades? La transcendencia se disfruta en vida lo demás es morralla para necios.

Como comenté en otra entrada llevo un par de semanas acercándome a la Fnac en mis días libres a leer uno o dos libros de poesía, de esos de ahora, generación Twitter me gusta llamarlos. Destellos puntuales de talento acompañados de grandes dosis de aburrimiento sempiterno, soy así de curioso y masoquista. En cualquier caso me llama la atención que ahora tengan un espacio reservado, unas baldas para las veinticinco publicaciones más vendidas, cuando hasta hace tres años si querías ese tipo de poesía tenías que recurrir a internet o a librerías muy concretas. Por eso quiero dar un consejo a mis queridos lectores: ¿quieres publicar, tienes algún bosquejo de poemario olvidado en la mesita de noche? Este es el momento para buscar editorial y estar ahí, en ese estante sacralizado junto a Irene X y Diego Ojeda.

No sé las dificultades que vas a tener para contactar y colar tu material en esas editoriales, pero me da la impresión que es este año o nunca, luego vendrá la sobreexplotación o la caída en el olvido, en cualquiera de los dos casos es ahora cuando vas a ganar más visibilidad si publicas tu libro. Luego no tendrán interés en ti o habrá demasiados. Hoy he visto en Facebook un comentario de Adriana Bañares referido a los resultados de publicar su libro en una editorial pequeña: 38 vendidos con ellos, setenta vendidos por ella misma en recitales. De esto se desprende que hay público, pero que si no consigues elegir –o que te elija- una buena editorial, estás condenado al ostracismo. Obviamente creer que puedes vivir de la poesía en España es una idiotez, pero estaréis conmigo en que vender tres mil ejemplares de tu poemario, estar en la Fnac o en la Casa del Libro, es un masaje muy edificante para el ego.

Dicho lo cual dos aclaraciones: voy a intentar escribir/actualizar todos los días, mi mente se hace vieja y necesita estímulos, hacer el ridículo más a menudo. Además, hice hace poco una encuesta en mi cuenta abandonada de Twitter preguntando que tenía que hacer, si dedicarme más al blog o utilizar Twitter. Quince votaron a favor de esto último, solo una persona votó a favor de dedicar más tiempo al blog. Como diría Bukowski: hay que hacer caso a las minorías.
Y dos: no, no voy a abrir los comentarios. El decadente es un dios entre los hombres, no necesita demostraciones de afecto ni correcciones. Sé que siempre tengo razón excepto cuando me equivoco, que suele pasar la mayoría de las veces, por lo tanto no necesito que nadie me lo recuerde xD

Un saludo.