jueves, 4 de febrero de 2016

Historias de Blogger (I)

En diciembre del año pasado este blog cumplió cinco años de extraña perseverancia literaria. Quizás no tenga mucho mérito si me comparo con Gabriel Noguera que lleva con su blog doce años o Jordi Novas que lleva escribiendo relatos largos desde el 2007, pero teniendo en cuenta mi consustancial pereza creo que es algo que debo destacar. Anteriormente no tuve muchas ínfulas literarias. En el 2001 creé una mailing list sobre literatura y vampiros. Nos llegamos a juntar más de ciento cincuenta miembros, cada uno mandaba sus poesías, sus reseñas sobre libros que leía. También escribimos un par de novelas, creando un personaje cada uno y turnándonos en la escritura. No fue nada destacable, era como un grupo de WhatsApp con toques de rol. Duró dos años.

Por esa época también abrí un blog con un amigo intensito, de esos que sufren por el peso inevitable de la vida. Lo llamamos “Decadencia”, por la canción de Héroes Del Silencio. Fue divertido, incluso teníamos un par de lectoras. Mi nick en el IRC Hispano era Fistan pero en ese blog escribía como Desidia. Todo muy grandilocuente, eso no ha cambiado. Hablábamos del miedo al futuro, nuestras juergas, su imposible relación a distancia, de alcohol y música.

Éramos unos yonquis de internet, sin apenas vida social, gastando las madrugadas en intercambiar pensamientos y energía en un entorno virtual controlado. La adolescencia. El ridículo. Finalmente él implosionó dentro de su imposible relación a distancia y decidió borrar toda huella de ese divertimento literario. También decidió alejarse totalmente de internet. Medio año después, por una serie de circunstancias, me fui a vivir a Barcelona. Atrás quedaron esas jornadas pantagruélicas delante del monitor, ahora tenía todo mi tiempo ocupado con mis compañeros de piso, el trabajo y mi novia. A veces echaba de menos escribir y actualizaba un diario personal que tenía en mi ordenador, pero sin público no era tan divertido contar las miserias diarias.

Ahora demos un salto temporal: finales de 2010. Madrid. Volvía a vivir solo. Tenía un trabajo de madrugada los fines de semana, lo cual no me ayudaba demasiado a tener vida social. Mi vida sentimental era un infierno, un infierno solitario lleno de debacles y fracasos que se acumulaban como lápidas en el cementerio. Llegaba de madrugada, abría un par de cervezas y miraba al techo desesperado, sin saber muy bien qué hacer con el inflexible tiempo. Por fin, una de esas noches frías de diciembre, recordé mi antiguo blog. Y una vez que tienes el nombre lo demás es sencillo. Supuse que la ocurrencia me duraría un par de semanas, pero a los pocos días tuve mi primera seguidora. Y eso no hubiera sido significado sino fuera porque me encapriché de ella. Y ella de sí misma. Y claro, fue divertido sobre todo para el teclado. Y para los amantes de las canciones tristes. Y para todos aquellos que creen que la realidad se puede retorcer con un par de poemas malos. En cualquier caso cuando todo terminó ya llevaba siete meses con el blog. Tiempo de sobra para caer presa de cierta inercia noctívaga. Porque aunque Blogger sea un anacronismo, sigue siendo divertido publicar tus paranoias en tierra de nadie, casi por el simple hecho de llevar la contraria a todos esos youtubers y tuiteros que consiguen miles de seguidores sin apenas esfuerzo. 

Quizás mañana hable de toda la gente extraña que he conocido por aquí. No apto para mentes sensibles.