miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cicatriz - Sara Mesa "Echar de menos un instante es echar de menos a aquel que éramos entonces."

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente… exhaustivo». Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse. 

Una historia de humillados y ofendidos, frente a felices que pretenden disfrutar gratis del amor, sustraerlo al mercado, como si amar no fuese otra forma de poder adquisitivo, de desigualdad. Una novela ágil, de reflexiones brillantes, centrada solo en sus dos protagonistas –los secundarios quedan desdibujados-, en un contexto de relación a distancia, de idealización y putrefacción del amor platónico, de fetichismo y soledad. Tiene solo doscientas páginas, pero es un claro ejemplo de novela con alma, de esas que te hacen reflexionar. Recomendable. 

"...mi relación contigo es una forma de rescatar esa existencia que no tuve. Llevar adelante un plan de escritura conjunta representaría, de alguna manera, el rescoldo sentimental de esa añoranza."

"También persisten la tristeza y los vaivenes. La soledad, a ratos, muerde con insistencia. Sonia ha cumplido treinta años, puede mirar hacia atrás y descubrir tras ella un camino enroscado, sinuoso, en el que ya no es capaz de atisbar el lugar de salida."

"...fabula la escena dando infinitud de rodeos: es capaz de escribir un largo párrafo para detallar cómo se le tensan los músculos de un muslo, pero despacha, con una simple evocación, el resto. Todo es delicado, vaporoso y, al mismo tiempo, profundamente perverso."

"Él recuerda cada día la escena. La luz del distribuidor, sutil, amarillenta, envolviéndolos. El polvo en suspensión. La belleza en medio de la sordidez, deslumbrante y desafiante, consiguiendo vencer la suciedad, con todo lo que a él le asquea. Aquel silencio: sólo rumor del tráfico, amortiguado, en la distancia. Ella estirando los brazos para cambiarse. Sus brazos tan blancos, las axilas tentadoras. La curva del pecho, sostenida por aquel sujetador de encaje, las copas con tres telas diferentes, el brillo de la seda. También estaba la cicatriz, tu fea cicatriz. Te la vi, te lo dije, luego me arrepentí. Ahora me doy cuenta de cuán significativa era esa señal. Ni más ni menos que la constatación de una realidad que yo me empeñaba en disfrazar."