viernes, 2 de octubre de 2015

La puta se disfraza de muerta, cruza las manos sobre el pecho y se cubre de flores. La pistola es su crucifijo. Podría haberla salvado, pero preferí amarla. La muerte no es otra cosa que un espejismo estentóreo, mi sexo mutilado dentro de su boca.

Estoy en un periodo de indolencia absoluta, de pobreza espiritual que me impide escribir nada, crear nada. Es gracioso, por un lado aborrezco todas las salidas habituales de mis conciudadanos para soportar el hastío existencial, me refiero al triunvirato neoliberal: familia, trabajo y consumismo. Tener hijos me parece un acto de irresponsabilidad, de bajeza moral. El trabajo no vocacional –es decir, la mayoría-  me parecen paletadas de tierra sobre mi cerebro, y el consumismo –la nueva religión y musa del siglo XXI- tiene poco recorrido con los bolsillos llenos de pelusas. Pero da igual, no digo nada nuevo, en el fondo todos son tópicos, la mayoría de la gente apenas tiene tiempo para plantearse otra forma de vida, acepta su dosis de mierda y da las gracias.

Nulla dies sine línea” locución latina que significa “Ningún día sin una línea” Se atribuye a Plinio el Viejo, escritor, militar y naturalista romano (23 - 79 d. C.), que contaba la historia del griego Apeles de Colofón, pintor oficial de Alejandro Magno, quien no pasaba ni un día sin dibujar aunque sólo fuera una línea. Tradicionalmente es un consejo que se da a los escritores, no hay que dejar pasar un día sin escribir, sin crear. Era incluso una de las frases favoritas de Beethoven, quién la escribió en alguna de sus partituras.

Metas. Objetivos. También Plinio el Viejo es el autor de otra sentencia interesante: “Difficile est tenere quae acceperis nisi exerceas”, es decir, “Para retener lo aprendido hay que practicar”. Siempre es recomendable leer a los clásicos. La mayoría de los libros actuales son basura.

En cualquier caso siempre existe el problema de la falta de inspiración. El olor a manzanas podridas, la ausencia de mujeres con bragas de escarcha recorriendo la habitación con sus gritos y sus besos. A veces te pones delante de la página en blanco y es como estar desterrado, sin idioma, solo ruido, insatisfacción. Como si la abulia fuera un parásito incurable de la razón. Como una hoguera de ángeles sacralizando la página con su llanto escarlata. Luego hay otros días que todo eso es una consideración secundaria, escribes para llenar un vacío que existe dentro de ti. Como si hubiera una verdad emocional que al plasmarla por escrito te permitiera sentirte de nuevo como una persona real, valida y así justificar tu humanidad, tu tiempo, tu existencia.

Eso último ha quedado demasiado intensito. Hay veces que solo escribes porque no hay nada mejor que hacer. Porque quieres echar un polvo y sueltas el cebo a esas pequeñas groupies de la decadencia. Otras veces escribes solo para demostrarte que puedes hacerlo. O porque todo el mundo lo haces y piensas que no debe de ser tan difícil. O quizás porque confundes Twitter con Poesía. O Ask con un Taller Literario. O un Blog con una forma de Arte. O tener Seguidores con coronar una Montaña de Mierda. A veces te inventas una vocación justo antes de que te corten el cordón umbilical. O justo antes de que ella te pregunte si has publicado algún libro.

Tampoco importa demasiado, a fin de cuentas el talento es tan improbable como un decadente curando la anorgasmia de su musa. Pero recordad: algunos todavía seguís vivos, no os habéis convertido en Minions, seguid luchando por no desperdiciar vuestra singularidad. La mediocridad y el final pactado son inapelables, pero al menos hay que intentar llegar con cierta elegancia.

Escribir es pervertir nuestra idiosincrasia. Nos hace ser diferentes, y por tanto mejores. Oh, sí...