domingo, 6 de septiembre de 2015

Mischief. Mayhem. Soap.

Los bares de madrugada antes del cierre, hogar de astrosos buscando el vacío, desvaneciéndose con el arrullo de la bebida pasando por su garganta, sombras estériles con metas fijas y dramas crueles, agotados por la realidad. La botella, una apelación al suicidio legal, trasegada entre acolchados cubitos de hielo. El televisor se convierte aquí en la entidad más brillante y genuina deshilachando los sueños de concursantes sonrientes antes de la publicidad. Cuando salga el mundo seguirá cojeando bajo mis pies, como una puerta abierta delante de otra puerta. Pero aquí todavía queda algo de paz.

Llego a casa, el ordenador farfulla bilis blanca, como esta página que mancho con el sonido del sacacorchos, con el color sinestésico -o cenestésico, ya no sé- de tacones de mujeres embutidas en cuero negro y pupilas dilatadas, de hadas de absenta y putas sin clase. Pero, ¿qué importa? No encuentro la pulsión. Y no es culpa de la miseria que me habita, del saturnismo que provoca las cañerías ilegales de plomo de mi casa, ni siquiera del alcohol… es mi cerebro sin brillo, que confundió hace demasiadas madrugadas el sonido del viento con el suspiro de las musas.

Escribir, ¿para qué? Hay demasiada mierda bloqueándolo todo, demasiada gente intentándolo desde hace décadas con ahínco, vocación, ensueño y sin nada de éxito, la vocación como el paisaje que ve desde su cama el tetrapléjico. La vida sin premios, sin ganadores, saltando a la comba con tu sombra, intentando no perder lo imperdonable, creyendo tener elección como tantos millones de seres antes que tú. Llegando siempre tarde a pesar del despertador.

Lo malo es que luego coges un poemario de Cohen, lees un par de poemas y dices: “Joder… sí, sí, sí, adelante, inventemos la vocación, quizás merezca la pena”

Leonard Cohen

EL AMOR VERDADERO NO DEJA HUELLAS 

Como la neblina no deja cicatriz 
sobre la colina verde oscuro 
así mi cuerpo no deja cicatriz 
sobre el tuyo y nunca lo hará 

A través de ventanas en la oscuridad 
los niños vienen y los niños se van 
como flechas sin diana, 
como grilletes hechos de nieve 

El amor verdadero no deja huellas 
si tu y yo somos uno. 
Está perdido en nuestros abrazos 
como las estrellas contra el sol 

Como una hoja que cae puede descansar 
un momento en el aire 
así tu cabeza sobre mi pecho, 
así mi mano sobre tu pelo 

Como muchas noches se soportan 
sin una luna o estrella 
así soportamos nosotros 
cuando uno se ha ido y está lejos 

El amor verdadero no deja huellas 
si tu y yo somos uno. 
Está perdido en nuestros abrazos 
como las estrellas contra el sol.