miércoles, 3 de junio de 2015

Ojos azules, acuarelas de holocaustos, lupus de rosas de vodka. Los años nuevos llegan como orgías de papel y cegueras. La petaca medio vacía te mira desde el espejo retrovisor. Intentas acallar tus pájaros de nieve, antes de gritar débilmente y rendirte.‎

Mi máscara cae sobre el esqueleto de un antiguo jardín, la marea sube y los barrotes se deshacen con tu carmín de madreselva. Abre tus piernas de diosa vagabunda, somos intrépidos enfermos hambrientos de vesania ámbar. Preciosos ventanales que dan a unos calabozos de marfil donde buscamos el punto G a tu huracán de falda airada y orgasmos infinitivos. La urgencia de dormir entre tus brazos, ebrio, rodeado de tu arena, frotándome contra las musarañas de tus sueños. No dejes que me convierta en comida podrida, sálvame con tus labios de tinta y tus doscientos mil folios de nieve y pasiones. Afuera las maquinas silenciosas siguen con su taxidermia de sentimientos. Nosotros gritamos, gemimos, guardamos en una cajita de cajón todo el rubor de tus mejillas y seguimos con la danza macabra. Nuestro amor es una guerra, un acantilado de palabras, un hermoso chute de serotonina, un hermoso sueño de cemento rosa...

***
La vida sigue con sus dolores, con sus guerras sentimentales, con su vacío congelado, con Hemingway salpicando el desayuno con sus sesos. Nos complicamos demasiado, el gato asume su naturaleza sin remordimientos cuando tortura al pájaro herido, saboreando el final anticipado mientras el sol escupe su telaraña amarilla sobre la escena. Libros manchados de vino, el humo blanco ensortijando tus recuerdos, tijeras con ojos de flor haciendo acrobacias sobre el cielo, calles oscuras como las venas del suicida.

El amor derramado entre nosotros, seco, sin saliva, una ventana apagada que solo contiene cárcel de huesos y orgullo. Castillos de carne y puentes de lluvia. Nos apagamos, ya no tenemos ganas de follarnos, de hablar, de compartir. El hielo de tu risa antes del portazo, antes de la vulgaridad total. Y yo tumbado en el suelo, observando el brillo de tus bragas rojas debajo de la cama, insensible, mientras me pregunto qué voy a comer hoy.