lunes, 24 de noviembre de 2014

No desnudes mi amor, podrías encontrar una tumba. No desnudes mi risa de mutilado, podrías encontrar el amor.

Podría dedicarme a ser el tren que pasa siempre de largo ante tu mirada
El poeta inédito que te guarda en una carpeta junto a los borradores
Podría insultar al reloj y entregarme a la cacería
Al charco de ciervos azules y caricia animal
A los huecos por besar que viven en la noche madrileña

Podría convertirme en bala de plata, catapulta o cadalso
En el carmín del último cigarro que abandonaste en mi casa
Podría recortar los ojos al cielo nocturno
Y manchar de vino todas tus cartas

Podría besar el musgo del cuchillo, ser orgasmo de sequía
Barco de papel en delicada tempestad, turbulencia de fría desidia
Podría pensar que el tiempo es la fruta podrida del árbol del deseo
Y negarme a ser la puta de tus besos
Podría derretirme en el suelo recién fregado de la cocina
Con tal de no vivir con tu nombre atragantado.

Y todo, ¿para qué?
Si al difamar tu atalaya de carne
El mundo se transforma en algo vulgar y gris
Si yo lo que quiero es seguir hilando poemas
En la eternidad azul que se esconde entre tus piernas
Envilecer tu clítoris lleno de ojeras y partirte en dos con mi lengua
Poner letra a la canción que mis cojones tallan en tu carne
A los jadeos de lirio blanco que fustigan tus mejillas de neón

Por eso ven aquí, mirada de jardín
Déjame esconder esa bufanda que llevas siempre empapada
De efímeros y puntos suspensivos
Déjame buscar el amor en el fondo de tu garganta, bailar un vals con tus arcadas
Déjame dibujar rayuelas de saliva en la trinchera de tu cuerpo
Déjame entrar en ti con violencia

Gira tu belleza hacia mi boca
Transfórmame en vaho despeinado
En pared enamorada

Y derríbame.