viernes, 12 de septiembre de 2014

Mi cráneo un lago donde flotan peces muertos con vocación de pensamientos.

Sentado en el sofá, la televisión de fondo, tu cabeza silueteada por su luz de ruido blanco, el carmín rojo alzándose ante mí, envolviéndolo todo. Carmín color pasión, fascinación, perversión, penetración. Huellas de vida en la copa de vino. Da igual donde mire: el mundo se ha transformado en unos ojos azules incendiados por el deseo, como un atardecer de cuervos. Habitemos la paradoja de lo inevitable. Mariposas de saliva con tu nombre se posan en mis dedos antes de morir. La poesía es una habitación que huele a sexo y sudor. Sombras chinescas de placer. Templos con forma de manos. Bailemos: nunca estarás sola, vigilo tus sueños a la sombra de tus pestañas. Canicas con forma de insomnio. Laberintos emocionales que despellejan rodillas. Somos un revolver de piel demolida que hemos dejado al lado de los condones. Tinta derramada en forma de corpiño. Un pasillo embrujado sin retorno que oculta un tú dentro de un yo.


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Ella es el accidente contra el que te inmolas con una sonrisa
Ella es la que baila en el alfeizar y te tatúa un pájaro azul cada vez que te besa
Ella es una niña que juega a ser gesto altivo
Ella es una llamada de madrugada cuando necesito que alguien crea en mí aunque yo no lo haga
Ella es el fuego cantando entre los arboles de papel de un poema
Ella es una rayuela que desde mi tejado parece un rostro de tiza sonriente
Ella es un tiburón buscando un descuido para devorar mi corazón
Ella es un tablero de ajedrez donde la Muerte se duerme esperando su siguiente jugada
Ella es la que empuja mi cabeza entre sus muslos, hacía esa cascada hambrienta de sentimientos, y me exige que me ahogue en su misterio
Ella es nieve desnudando un jardín
Ella es nombre de orgasmo, un gesto eterno que acaricia siempre el muro de mi memoria.


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Engendrar monstruos/versos que suben por la pared del manicomio gritando que sueñan con arrancarme los ojos. Y a pesar de ello: amémonos. La palabra puede ser amante o asesino, pero el castillo de tu boca es poesía. Besa mis dedos, mi nunca, mi cerebro, mi polla. Hazme olvidar que somos gente usada, palabras usadas, amor usado, victimas del tic-tac implacable que nos intenta acostumbrar a fornicar con la mutilación.

Pero cuando tu corazón late entre mis labios tienes miedo, y me lanzas por la ventana gritando: “vuela, vuela libre” Y la nada prepara sus muñones de piel azul cemento, ansiosa de abrazar el recuerdo del hombre que fui. Y las piedras lanzas hurras porque creen que han ganado por fin la guerra a las flores. Pero mis sempiternos no transigen con leyes de gravedad, ni caducan sentimientos por traiciones de segundo y medio. Y vuelvo flotando al anzuelo de tu carmín, meneando la cabeza como quien reprende a un niño. Y así seguimos. Sin ponernos de acuerdo en nada. Excepto en investigar los misterios infinitos de tu cuerpo, tu piel, tus labios y –perdonad el exabrupto- tu coño.

Es difícil para un poeta olvidar su vocación.