sábado, 26 de julio de 2014

¿Los poetas son unos estafadores del lenguaje o los últimos colonos de la Belleza? Depende de si la musa les medica con letras o con espejos.

No escribo porque hay mucho ruido o demasiado silencio. Es demasiado tarde o demasiado pronto. No escribo porque no se me ocurre ningún tema. Porque son demasiado personales y no quiero hacer el ridículo. Porque nadie me lee, me comenta, me valora. No escribo porque me lee demasiada gente y pienso demasiado cada línea. No escribo porque me duele la cabeza, el corazón, los pies, la musa. Porque no tengo habitación propia, he leído poco –eso sucede toda la vida- y los demás son demasiado buenos. No escribo porque tengo la vista cansada, prefiero beber y mirar al techo. No escribo porque internet me distrae, descargo una serie, una película, me paso media hora leyendo los comentarios de un vídeo de YouTube. No escribo porque mi pareja me quita tiempo. No escribo porque mi soltería me deprime. No escribo porque estoy de vacaciones y hay que descansar. No escribo porque tengo que madrugar mañana para ir al trabajo. No escribo porque estoy en paro. No escribo porque en el Nuevo Testamento en ningún momento consta que Jesús se riera alguna vez. No escribo porque la moda es la poesía y me gusta la prosa. O al revés. No escribo porque no me pagan por ello. O me pagan poco. O los aplausos ya no son tan intensos como al principio. No escribo porque tengo que contestar los comentarios de mi blog, devolver los fav de Twitter, chatear con gente en Facebook, quedar con amigos escritores para hablar de literatura y sus secretos. No escribo porque siempre he querido ser escritor, pero no contaba que hubiera que escribir tanto para conseguirlo…

Todos utilizamos excusas para cubrir nuestra indolencia, nuestra falta de determinación, nuestra procrastinación, ¿cuál es tu excusa de los sábados?

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