viernes, 25 de julio de 2014

Alejandra Pizarnik y sus cincuenta pastillas.

Aristocracia. Plutocracia. Oligarquía. Dictadura. Despotismo. Son otras formas de referirse a la democracia -en minúscula y cursiva- en España. Hoy veía en un programa de televisión como una mujer de Castellón informada de que Carlos Fabra ha robado y espoliado durante años, afirmaba que le volvería a votar de nuevo si pudiera presentarse a las elecciones. No hay peor insulto para la ciudadanía que decir: “son los políticos que merecemos”.

Qué sé yo de escribir cuando la escritura me cuesta tanto y la vocación es inexistente, ¿por qué esa idea absurda de escribir todos los días? Quizás busco el significado y el significante de las horas. Alguien enciende la luz de la cocina y yo intento escabullirme, huir, antes de que me pise de forma despiadada. La calidad de los escritos decae. A veces es inexistente. La musa trastabilla y desde el suelo veo sus bragas rosas. Están sucias y adornadas con esquirlas de hielo. Pero así suceden las cosas. Soy la ausencia del padre. El alcohólico solitario. El adicto a la cobardía. El rabo de lagartija que fenece al sol. La pirotecnia sin cielo. Una fábrica de quimeras abandonada. El que pulsa el botón rojo antes de la explosión. Las ruinas a la luz del candelabro. Un revolver que ha perdido la fe en las balas. Soy uno de los soldados que se negaron a seguir a Alejando Magno más allá del rio Ganges. El que divide todo en dos: conmigo o feliz. Poesía o amor. Salieri o el precario equilibrio de un clítoris sobrio. Y así me va, con este sempiterno aroma de jueves eterno, de caballos de sal, de pájaros azules quejándose por el exceso de poetas y la falta de poesía.

Se acabó el tiempo.

Venus in Furs by John Cale on Grooveshark