lunes, 12 de mayo de 2014

Hay demasiados fantasmas entre tu boca y la mía.

Ruiseñor, deséame suerte. He tenido un sueño. Mi abuelo moría en la habitación de al lado. Y yo escuchaba los sollozos de mi abuela. Tenía siete años y no comprendía la transcendencia de la muerte. Y la pregunta se atoraba en mi garganta y me impedía respirar.

Miro el reloj: son las cinco de la madrugada. En dos horas tendré que levantarme. Ducharme. Esquivar el baile de sombras del espejo. Resistir el impulso de llamar al manicomio y pedir habitación. Intento volver a dormir. Imposible. Me incorporo y enciendo el ordenador. Debería aprovechar y escribir algo. Mi blog está abandonado. Hace casi un mes que no escribo nada, ni siquiera una frase vacua estilo: “Robar flores tiene más sentido que amar, porque su belleza dura más que los sentimientos”. Pero me cuesta escribir, ya no leo, no tengo tiempo ni ganas de nada. Sólo me dedico a ser útil a la sociedad completando mi hermosa jornada laboral con la desesperación kafkiana del que lleva en el mismo circulo del infierno capitalista cuatro largos años. No comprendo la resistencia de los demás, yo noto el cáncer extendiéndose por mi cerebro. Gusanos devorando poco a poco mi singularidad, las cucarachas amotinadas en mi corazón. La transfiguración en tuerca, en saco de arena deshilachado.

Escucho gritos en la calle. Discusión sentimental. Una cruenta ruptura. O quizás sólo estén disfrutando de los preliminares de un buen polvo dialéctico. Difícil saberlo con la adrenalina del alcohol formando figuras de neón sobre su contexto. Como aquel relato que nunca escribí cuyo protagonista va mutilándose poco a poco para intentar ganar el favor de una mujer. Primero un dedo, luego la mano, luego una pierna… Macabros regalos que va dejando delante de su puerta con un bonito lazo de color azuloscurocasinegro. Totalmente obsesionado sigue y sigue amputando hasta que lo único que queda de sí mismo es su polla. Desesperado por la indiferencia mostrada por su amada se arrastra hasta su casa y se deja caer en el felpudo. Ella al abrir la puerta se encoge de hombros, abre su bolso y mete ahí a su tramposo Werther. Sí, así es el verdadero amor, convirtámonos todos en el consolador de alguien.

Voy a la nevera y cojo un par de cervezas. Dulce combate. Las voy devorando como Saturno a sus hijos. Sus lágrimas de espejo perforan mis tripas con vocación de vómito. Resisto sin fingir felicidad. Soy la puta descartada de Dios. Soy la que limpia los retretes de su inmenso prostíbulo existencial. Decido pensar en otras cosas. Podría escribir un cuento donde la niña asesina al lobo en un frenesí de violencia. Donde la niña se esconde debajo de la cama del psicópata y lame la sangre que gotea de sus sabanas. Podría pensar en tu coño. En el grito convulso que ahoga el papel y justifica tu belleza. En lamer el pecado que escondes entre las piernas e inventarme una delicadeza del color de mis cojones.

Por eso ven. Ven. Ven. Todo es tan efímero que no existe un mañana más allá de estas líneas. Los años de plenitud han sido devorados por los cuervos. Los dos hemos nacido grieta con vocación de jardín. Es nuestra naturaleza, cómo gatos jugando con el globo antes de explotarlo con cruel veleidad. Déjame caer en tu boca. Ahogarme en tu saliva. Desciende sobre mí con tu sonrisa afilada y mastícame sin piedad.

Acúname en este romanticismo de caricia violenta y espita de gas que llamamos amor.

It's On! by KoRn_(p) on Grooveshark