miércoles, 2 de mayo de 2012

El vecino del Quinto.

Soy el vecino del quinto. Onofre, un parasito social que colecciona botellas. Tengo episodios de leve violencia, como hace un momento, amenazando al chino de mi barrio, exigiéndole bebida a pesar de ser más de las doce. Pero es divertido escribir sobre la hermosa futilidad de la nada mientras los antibióticos intentan combinarse de forma malsana con el alcohol. Sé que puedo sobrevivir como indigente porque en mi casa, carente de calefacción central, padezco los cambios de temperatura con las mismas consecuencias para mi salud que si durmiera en la calle. Quizás, de forma inconsciente, intento evitar los compromisos sociales de mañana. La resaca es una puta conocida a la que no suelo guardo rencor.

Vaso vacío. Vaso lleno. Hay una cierta relación entre escribir y beber. No es imprescindible. Tampoco la música. Pero para los decadentes es un atrezzo vital, como las palomitas en el cine. Y además, lo más importante es el presente puro, la aparición inmisericorde de letras sobre la pantalla, luego, cuando el cansancio nos agarrote, cuando nuestra musa adicta a la absenta y al bondage nos abandone ante la falta de creatividad, siempre podremos optar por borrar nuestro rastro virtual, una solución menos radical que pintar la pared de masa encefálica inútil.

Hoy he visto, o mejor dicho, he punteado, que es una forma de abreviar películas convirtiéndolas en montajes propios con los mejores momentos, “Atrapado en el tiempo” o “Groundhog Day” película atemporal y asumo que conocida por todos. Es curioso el cambio de comportamiento de Bill Murray: es un dios, tiene la inmortalidad, puede hacer lo que quiera, pero se siente vacío, no puede substraerse de la desesperación y se intenta suicidar. Luego, en el último tercio de película, cuando ve que esta solución tampoco es viable -y motivado por esas reminiscencias Frank Capra y por el entorno de comedia romántica-, abandona su mezquindad inicial y empieza a desarrollar una ética de la virtud aristotélica, a autorrealizarse e intentar ayudar a todo el mundo.
Como curiosidad en los extras se menciona que está repitiendo el mismo día durante diez años. Joder. Diez años.

Vaso vacío. Vaso lleno. A veces también hay relación entre la escritura y el sexo. Una foto. Tu foto. Tus pechos. Un calambre entre mis piernas. Mi mano. Mi polla. Amor, o lujuria, quizás repetir viejos errores. O solo amarte de forma aséptica durante cinco minutos de intensa y profunda nostalgia. Y luego apagarte. Como un interruptor. Como la pantalla del ordenador. Y aniquilar así todas las ansiedades. ¿Sabes que en el guión original del “Episode VI: Return of the Jedi” Han Solo muere, los Ewoks no existen, Luke se convierte en un vengador trágico y no hay final feliz? La autorrealización es respeto hacia ti mismo, no vender esa parcela de talento que ciertas circunstancias aleatorias te han otorgado.

Sigamos. Las mujeres. Como la publicista diciéndome este viernes, en un arranque de denostada sinceridad, que había sido mi falta de ambición lo que había propiciado que Laura estuviera con un inglés en vez de conmigo. Que majas son las mujeres, como esa compañera de trabajo que prefiere mi literatura a mi persona, ¿es esa ambición de la que hablan, la que consigue penetrar la vagina de la vida, entendiendo ese concepto como Welles, que llamaba Rosebud al coño de su amante mientras filmaba su película? ¿Qué elegimos, en caso de tener esa posibilidad? Supongo que mi pene arrastra su particular complejo de Asperger. Dentro de mi pequeña idiosincrasia literaria me gustan más los términos pene-vagina que coño-polla, pero acepto sugerencias.

Vaso vacío. Vaso lleno Mi gato vomita. Le tengo unos días mientras mi ex folla con su nueva pareja. Normalmente eso sucede en nuestra antigua cama. Sin acritud. Es divertido. La felicidad ajena digo. No suelo hablar de ella, ¿Qué decir? La única mujer con la que no me he aburrido después de meses de relación. Inteligente. Culta, Divertida. Alegre. Intensa. De carácter furibundo. Catalana, con estereotipos incluidos. Aún recuerdo un mensaje suyo, meses después de dejarlo, donde confesaba que no podía ver Up de nuevo, porque durante mucho tiempo ese había sido su sueño: envejecer juntos, canosos, con nuestras respectivas librerías, nuestras vidas unidas hasta el final ¿Qué falló? Supongo que no me esforcé lo suficiente. Y también, en algún momento, dejé de amarla. Y eso suele ser imprescindible con mujeres tan intensas. Con las demás puedes, simplemente, quererlas, cultivar el apego, el cariño, ser felices, sentarse uno al lado del otro, pero nunca de frente. A veces te casas, tienes hijos, y eres consecuentemente feliz.

Reconozco mi cinismo, a fin de cuentas soy hijo de padres separados y ausentes, he vivido la decadencia sentimental de mis vecinos filtrada por las indiscretas ventanas abiertas en verano, he conocido la historia del pájaro azul, la de la mujer que tiene una hija autista y un marido borracho, la enana que perdió la cabeza cuando murió su marido, pero que durante los años de matrimonio le insultaba y amenazaba continuamente con tirarle por la ventana, la adicta al bingo viviendo una segunda juventud fuera de su domicilio conyugal. Basta.

Vaso vacío. Vaso lleno. A veces la vida es como un enorme atasco. Si tienes suerte te quedas atrapado con alguien que resulta ser una buena compañía, con momentos de sexo apasionado que empañan los cristales. Quizás tengas un accidente o te quedes sin gasolina. O pierdas la paciencia al ver que no te mueves y todo desemboque en un Día de furia que te haga salir del coche con un bate de beisbol. Quizás la radio no funcione o no consigas que suene la música adecuada. Quizás haya un perro, o unos niños en el asiento de atrás, o tengas la oportunidad de hablar durante un rato con el conductor de algún coche que se pone a tu altura. O tal vez, en un gesto que muchos entenderán como una huida pero que supone el primer acto de libertad desde tu infancia, te bajes del puto coche y avances caminando por el arcén.

Este es un no-puente, formo parte de esa clase baja que ya no tiene derecho a sanidad, a educación, a quejarse reunidos en una zona pública, soy de esos que tienen que aguantar que Urdangarin quiera llegar a un acuerdo para no ir a la cárcel solo por devolver parte del dinero que ha robado, o que alguien como Carlos Fabra con su aeropuerto de personas llame inútiles a los que le critican. Qué asco de país. Por eso no veo el telediario. Porque damos pena, tendríamos que salir ahí afuera y matar. Así de simple: matar, destruir. Estamos en manos de ineptos, o peor aún, de escoria humana que se ríe de nosotros. Hasta a mí, que coqueteo con la idea del suicidio, me parece indignante lo que están haciendo, y encima a sabiendas de que sus recortes sociales no solucionan nada. Los mercados señalando al proletariado mientras los bancos siguen subvencionando las campañas políticas y Angela Merkel continua masturbándose el ombligo. Qué pena. Qué pena todas esas personas que tienen una familia. Qué pena todos esos jóvenes emprendedores saliendo de la universidad, gente normal, con sueños, con ambición, con ganas de comerse el mundo como corresponde a su edad. Qué pena que lo único que podamos ofrecerles sea mierda, mierda y más mierda. Y ni una sola esperanza de cambio. Solo el recetario común de aprender un idioma y huir, o quedarse anclados en el desánimo, en una mortaja existencial que solo les permita elegir una adicción para el fin de semana.

Copa vacía. Copa llena. Bah, dejemos el tema, soy alguien tranquilo. Podríamos hablar del sexo sin penetración, la excitación de la negación, “no te acerques, no me hables no me toques, no me invites a tu casa” mientras vuestras bragas se humedecen. El otro día vi, no sé exactamente en qué momento, ya sabéis, 2046. Aunque sigo prefiriendo Deseando Amar. Podría decir que me estimulan el escroto, pero no es cierto, son…bonitas, joder, sí, bonitas. Hermosas. Obras de arte. Mejor en pareja. Mejor enamorado. Verlas solo es como ser una chica de trece años y ver Dirty Dancing. Salvando las distancias menstruales.

Y poco más. Hay gente embutida en sí misma, una especie de costra de tópicos que seca primero el coño y luego el alma. Luchad. Masturbaros. Taladrad vuestras mesetas orgásmicas. Mandad esa carta. Haced ese viaje. Perdonad. Recordad.
No tendréis una nueva oportunidad.

Perquè he plorat (Mar i cel) by Dagoll Dagom on Grooveshark