domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 12 - Bola De Navidad (Alicia)

Puedes fingir que eres distinto durante un tiempo, más acorde a lo que el otro exige con sus amables y sutiles reproches. Pero a la larga quién eres lucha por existir y ocupar el espacio que le has robado. La vida tiene que ser algo más que ese eterno esconderse tras una máscara para fingir normalidad. La normalidad está sobrevalorada. En el fondo nadie es normal del todo. Todos tenemos manías, pequeños defectos. A algunos se les da mejor esconderlos que a otros. Supongo que por eso los que mejor fingen normalidad son los que más critican las rarezas. Aterroriza pensar que no eres tan distinto de ese monstruo al que señalas.
Y así durante años, ese ser gris -del que Momo huiría aterrorizada-, se las ingenia para hacerse pasar por normal, aunque a veces se observe desde fuera y solo vea alguien ajeno y asustado que asiente a todo como un autómata.

Julio –por fin soy capaz de decir su nombre- ya no está en mi vida, y aunque sea una tontería hoy me he dado cuenta que vuelvo a vestir de negro. Él lo odiaba, y por eso mi armario se tiñó de azules, lilas y colores claros. Lo importante era parecer feliz. Ahora intento simplemente ser yo misma.

Suena el móvil, lo miro distraída. Un mensaje de María: “Alicia necesito verte. Te espero donde siempre. Es MUY importante. Beso.”


Al llegar a la puerta de “La pequeña taberna del infierno” siento una mezcla de nostalgia y ganas de huir. Abro la puerta y espero a que los ojos se acostumbren a la penumbra. Diez años. Más de diez años sin venir y ella escribe “donde siempre”. Hay algo tranquilizador en esas palabras, como una vieja rutina a la que llamar hogar. Durante años viendo a la misma gente, el rincón favorito para tomar el café mientras la ciudad despierta, el saludo de todos los de la barra. Sin preguntas: el café por la mañana, la cerveza al mediodía, el tequila vespertino. Y sí, lo sientes como tu refugio personal. Un lugar que no sé si estoy profanando o recuperando.

¿Es el mismo camarero? No puede ser. El mismo que me tiraba los tejos sin pudor, que me hacía sonreír en mi fuero interno todas aquellas mañanas grises de lunes.
Camarero: (me observa como si fuera un fantasma, tartamudea al hablar) Alicia… cuanto tiempo…
Alicia: (le contesto con una sonrisa) ¿Aún recuerdas cómo me gusta el café?

María está en un rincón apartado. Cuando me ve se levanta y espera a que llegue a su encuentro. Abrazo cálido. Joder. Cuanto echaba de menos estos abrazos. Nos sentamos. El camarero me mira de reojo, casi ruborizado, cuando trae mi café a la mesa. María espera a que vuelva a la barra para empezar a hablarme en voz muy baja, casi un susurro.

María: Ana ha desaparecido…
Alicia: Ana siempre desaparece... Le habrá dado otro de sus ataques de pánico. O quizás ha encontrado alguien con quien perderse.
María: No, esta vez es diferente. Sabes que ella siempre termina llamándome, mantiene el móvil encendido. No sé, aunque solo sea una simple postal cada tres o cuatro semanas, pero intenta mantener el contacto. No tanto con mis padres, pero sí conmigo.
Llevamos más de ocho meses sin saber nada de ella. Lo único que ha logrado descubrir la policía es que estuvo viviendo hasta hace un mes en Londres. Y ayer casi de casualidad averiguaron que estuvo el domingo aquí, en Valencia, en la playa. Y ni siquiera nos llamó. Se ha mezclado con gente muy peligrosa, quizás la mantienen secuestrada.
Alicia: (¿el domingo, la playa? No. Imposible. Demasiada casualidad. Aunque sí, se parecía a ella. Joder. Quizás lo era)  María, te quiero como a una hermana, pero sabes por todo lo que he pasado el último año… Ahora mismo no me siento capaz de nada…
María: ¡Pero la policía no ha conseguido nada! Mis padres están desesperados y yo también estoy asustada… (Se le quiebra la voz) Alicia, por favor, ayúdanos, mis padres confían en ti, eres casi de la familia, no queremos contratar a un desconocido. Por favor…
Alicia: (Es la primera vez que la veo tan alterada. Cierro los ojos: realmente no me deja ninguna alternativa.) Está bien, haré todo lo que pueda por ayudaros. Pero llevo demasiado tiempo alejada de todo esto, no se… (Suspiro) ¿Se sabe algo de esa persona con la que estaba?
María: (me mira sorprendida) No te había comentado ese detalle, eres muy intuitiva. Sí, no estaba sola, los dos vinieron en coche. Conseguimos las cámaras del aparcamiento. La matricula es de Madrid. Mis padres ya están allí. (Me da un dossier y un sobre. Dentro del sobre hay una cantidad escandalosa de dinero)
Alicia: Joder María. Somos amigas, es demasiado dinero. Sólo… sólo necesito una cantidad pequeña, para los gastos del viaje y el hotel.
María: No quiero discutir sobre eso. Es mi hermana. Lo único que siento es no haberte avisado antes. Quizás ahora no estaríamos en esta situación.

Es inútil discutir. Me facilita los teléfonos de Emilio y Carla, sus padres. Iré mañana mismo a Madrid. Nos despedimos con otro abrazo. Siento como la responsabilidad hace temblar el dossier entre mis manos. Odio estar asustada. Pero me mantiene alerta, siempre funciono mejor bajo presión.

Llego a mi casa. Marco su número. Aún lo recuerdo.

Alicia: Estoy buscando a alguien.
Miguel: ¡¿Alicia?! Pensé que estabas muerta. Joder, estaba seguro de que estabas muerta.
Alicia: Tal vez lo estoy.
Miguel: (empieza a reír a carcajadas) Coño Alicia, no sabes cuánto he echado de menos tus frases. Sigues siendo la misma.
Alicia: Lo intento Miguel, no sabes cómo lo intento…

Miguel me espera en Madrid. No lleno demasiado la maleta. Vivir con un controlador me hizo aprender a viajar con el equipaje justo. Estaría orgulloso, pienso. Y meto en la maleta una bola de Navidad. Cuando la agitas miles de calaveritas flotan en el líquido. Me parece de lo más adecuado. Necesito algo superfluo, algo poco apropiado. En mi mente su cara de orgullo desaparece. Sonrío…

Fin capítulo 12.

Alison Hell by Annihilator on Grooveshark