viernes, 26 de octubre de 2012

Charles Bukowski Guía Audiovisual (I)

Charles Bukowski. Es  uno de los escritores estadounidenses más influyentes, y símbolo del "realismo sucio" y la literatura independiente. Tiene mala fama, literatura de adolescentes que quieren revolcarse en el fracaso, sin demasiado vocabulario, asustados por las novelas decimonónicas. Es posible que sea así, hablamos de un alcohólico, alguien con una infancia de malos tratos, adolescencia de paria, misántropo, nihilista, con farragosas relaciones sentimentales. Sin embargo su literatura autobiográfica, su lirismo bronco, remueve el alma. Hay un haiku “Cuando el espíritu se desvanece, aparece la forma”. Él nunca dejó que eso pasara.
¿Hasta que punto se puede representar su sordidez, el malditismo de sus personajes en pantalla?

Basada en el libro de relatos “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones” y sobre todo en el primero de ellos, maravilloso por cierto, “La chica más guapa de la ciudad”, bajo la dirección de Marco Ferreri, el actor Ben Gazzara nos presenta al más lírico de los avatares de Bukowski de esta trilogía, empeñado en sus tres obsesiones: beber, escribir y follar; vida y obra inseparables; el arte como sublimación de un estilo de vida peligroso, pero con poso de sensibilidad. La protagonista femenina, Cass, Onerlla Muti preciosa, es perseguida por la locura, por el deseo del dolor como olvido, un ángel de renuncia, desapego, proclamando con sus actos una independencia de la vida que nadie puede penetrar.

Sin embargo la película peca de ser demasiado personal, surrealista, no recoge el ambiente Bukowskiano, tiene un ritmo demasiado lento, incluso tosco.


El siguiente título se centra en el ámbito vital favorito de los personajes de Bukowski: el bar. Barfly, mosca de bar, reiterada disposición a deambular alrededor de estos sitios, dando tumbos, gorroneando bebidas, perdiendo el tiempo sin remordimientos. Hank, encuentra su "hogar" entre bebedores impenitentes, camareros hostiles, la sordidez de esa encolada desesperación, la peleas al terminar la noche en el callejón trasero.

El Hank de esta historia es Mickey Rourke. Nadie estaba convencido con su elección, no quería ensayar, y venía penado por todas las excentricidades de las grandes estrellas. Y es cierto que resulta excesivo, histriónico. Pero de las tres películas es mi interpretación favorita. Quizás porque Rourke constituye en sí mismo un ejemplo de actor autodestructivo; destinado a ser un símbolo sexual durante los ochenta y después de grandes películas como “El corazón del Ángel  o “Manhattan Sur”, prefirió meterse en el boxeo profesional destrozando a la vez su cara y su carrera. Quizá aporta al personaje ese oscuro deseo de ser castigado que tienen algunos boxeadores, donde no importa ganar o perder, sino resistir, resistir siendo consciente de lo inútil del acto, superando así la ética del triunfo.
El guión es del propio Bukowski y la dirección de Barbet Schroeder. Más tarde aprovechó la experiencia para escribir una nueva novela: Hollywood, una mirada ácida a ese ecosistema y el agriado sueño americano.


El último largometraje es una adaptación de su novela Factotum, en ella encontramos al Hank repartidor de hielo, empleado de fábrica, vendedor de un almacén de bicicletas y jugador en el hipódromo, entre otras ocupaciones. Se trata del Hank escritor rechazado y alcohólico, intermitente en sus relaciones amorosas, ajeno a cualquier responsabilidad y amante de las palabras. Convencido de que su destino es la escritura, por convicción y sobre todo porque no sabe hacer otra cosa. Como tal siente “las palabras no como algo valioso, si no como algo necesario”.

La interpretación de Matt Dillon nos trae a un Chinaski más prosaico, menos grandilocuente, atrapado entre situaciones absurdas y muestras de estupidez social. Es la película más accesible para el público en general, sin el tono lisérgico de Ordinaria Locura, y con mucha menos suciedad y abandono que Barfly. El final, recitando uno de sus mejores poemas, hace que olvides los momentos de tedio que acompañan muchos momentos del visionado, y el talante demasiado suavizado de los personajes.


La reformulación rebajada de todos los tópicos del malditismo Bukowskiano –sobre todo para la gente que nunca ha leído ninguno de sus libros-, toma forma en esta serie de televisión de la cadena Showtime, Californication. Hank Moody, un escritor alcohólico, mujeriego e irreverente se muda a Los Ángeles para la adaptación de una de sus novelas. Peleas absurdas, visitas a la cárcel intermitentes, promiscuidad y demás aderezos del mito literario explorado por el Hank original son usados en esta comedia que oscila entre el homenaje y la parodia. Al principio me fastidió verla. Luego, en la segunda temporada, tomándola como algo ajeno, me pareció incluso entretenida.