martes, 21 de agosto de 2012

Harry (III)

“Teddy bear Strapon Oral with Anna”... Me gusta el título del vídeo, ya me falta poco para llegar al punto de ruptura, para un onanista compulsivo esta web de vídeos amateurs ha sido un gran descubrimiento, la mezcla de morbo voyeur unido a la incertidumbre sobre los detalles que diferencian a una pareja de otra hacen que esté tan entusiasmado como un niño la mañana de Reyes. Creo que podría estar así todo el día, viendo vídeo tras vídeo, metiendo algún añadido en forma de conversación sucia y caras conocidas para que todo resulte más emotivo. Yo soy más egoísta, no compartiría los vídeos que he grabado a mis amantes con nadie, pero reconozco que mi diletante práctica de director se está enriqueciendo con cada visionado.

Sigo enhiesto, vamos allá. Aparece en pantalla una hermosa joven con un arnés y un enorme consolador, está encima de una cama de colcha infantil acariciándose al lado de un enorme oso de peluche marrón. Atónito contemplo como le coloca a él su arnés y empieza a follárselo, le toca la cara, cambia de postura, se agarra a sus brazos de felpa. El vídeo dura solo cinco minutos y acaba con ella mandando un beso a la cámara con una enorme sonrisa de satisfacción mientras abraza con una mano a su peludo e impertérrito amante. Vuelvo a verlo. Sigo atónito. Busco información, ¿soy un privilegiado que ha descubierto una filia más, es un mensaje personal que se ha filtrado en la red, una genialidad fruto de una mente enferma? Encuentro un par de vídeos más de ese estilo. Que deprimente; me doy cuenta que los ositos de peluche tienen más sexo que yo.

Me guardo mi enorme y fláccido miembro. En cualquier caso no es tan difícil tener sexo con alguien, el problema viene después del orgasmo, incluso diría que ya durante el sientes como te resulta cada vez ajeno el cuerpo en el que te vacías, ya no forma parte de ti. Te dejas abrazar, haces los comentarios de rigor, pero en el fondo quieres apagar el cigarro y huir. Supongo que a ellas también les sucede, pero su orgasmo es diferente y tardan más en observar las grietas de la escena.

Pienso en las oportunidades perdidas de este año. No han sido demasiadas pero sí inquietantemente iguales, como lo es también mi gusto por las mujeres. Me fijé el otro día, una fiesta, todo el mundo pasándoselo bien, y justo voy a sentarme al lado de la única mujer que parece que, como en la canción de U2, está esperando el fin del mundo. Demasiada inseguridad por mi parte supongo. O quizás lo vulgar me aburre, entendiendo lo vulgar como común. Aunque hay gente que opina que nadie es mediocre, solo hay que dar una oportunidad de que la intimidad desperece la singularidad que todos escondemos. Quizás yo, que me presto a unas creencias demasiado particulares, resulte ser el más vulgar en esa intimidad.

Tengo un vino realmente bueno en la nevera, ha sido escogido por manos femeninas. Es deprimente que lo tenga que beber solo, aunque mucho más el asunto del oso de peluche. No podemos escoger las imágenes que nos llevamos a la tumba. Por otro lado he de confesar que he caído en la trampa del capitalismo, y ahora, en tres cómodos y esclavistas plazos, disfruto de un nuevo ordenador, silencioso, con más de seis gigas de ram y que no destrozará mi paciencia por su pertinaz incapacidad para sufragar más de cuatro programas simultáneamente. Debería de montar los dos servidores, pero últimamente con tantas limitaciones para encontrar buenas películas o series, o lo que sea, me veo sin ganas de nada.

Voy escribiendo a ratos, cuando me aburro; recuerdo cuando en aquella película le preguntaban a Brando: “¿Contra qué te estás rebelando?”, y él respondía: “¿Qué puedes ofrecerme?”. Hay una cierta pulsión cuando me pongo ante el teclado para escribir de forma decadente, supongo que después de un año y medio es sencillo “Hotel. Señora De La Limpieza. Grito. Bañera. Agua Roja. Cuerpo Blanco.” 
Pero hay otras cosas que, por despertar mi aversión, también fustigan mis dedos, como la gente que tiene faltas de ortografía, me entran ganas de ponerles un enlace del torrent al Microsoft Word y que el programa les haga el trabajo sucio, no por el hecho en sí, sino porque actúan como si estuvieran orgullosos –y algunos lo están- de que su estandarte sea la estulticia, la ignorancia, de que una mal usada libertad de expresión fagocite la meritocracia que todo texto debería albergar. Pero da igual, porque al menos todas esas personas que se olvidan de limpiarse el culo cuando escriben hacen uso del teclado. Mejor eso que nada, mejor leer una revista del corazón que no leer nada en absoluto. ¿Mejor votar al PP que no votar? Ups, quizás sea un tema complicado, quizás la inacción en si misma sea una virtud que deberíamos respetar.

También me provoca aversión las fiestas que van a empezar la próxima semana en este pueblo de extrarradio. Son famosas en España. Encierros. Se llaman “Fiestas Cristo De Los Remedios” Lo sé, lo sé, suena dantesco, anacrónico, provoca urticaria, pero es real, se esperan con sonada devoción, emoción y vísperas de coma etílico. Este año se han gastado el grueso del presupuesto en traer a David Bisbal, que rima con bilis y mierda.

Me despido hasta la noche y los escritos alcohólicos.

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