sábado, 2 de junio de 2012

Material de archivo: Entrevista al conejo misógino.

Rorschach: Hola, buenas tardes. Usted, ¿cuándo descubrió que era misógino?
Conejo Misógino Edgar: Fue en el parvulario, cuando Maribel me rechazó. Ahí ya vislumbré que el hombre necesita librarse de cualquier tipo de dependencia del género femenino.
Rorschach: ¿Y usted cree que el odio es la mejor manera?
Edgar: No exactamente, considero que la misoginia simplemente es prudencia aplicada a las mujeres, no tengo la culpa de que no me gusten, que solo me atraigan sexualmente.
Rorschach: ¿Y no consideró la posibilidad de sentir más empatía hacia Maribel, de tomar su rechazo con más madurez?
Edgar: Siempre he sido demasiado sensible. Mis vecinos me odiaban porque siempre los despertaba de madrugada gritando el nombre de mi Emperatriz Infantil, quería salvar desesperadamente el reino de Fantasía. Pero la madurez para mí fue comprender que comparar a una mujer con una flor no es de poetas sino de imbéciles.
Rorschach: Pero, ¿no se ha enamorado alguna vez, no ha mantenido alguna relación que haya menoscabado esas creencias?
Edgar: Sí, han sido experiencias maravillosas que han convertido mi soledad actual en algo reconfortante. Se puede ser feliz con cualquier mujer mientras no se la ame. Hay muchos intelectuales, desde Aristóteles, pasando por Nietzsche, Schopenhauer, Flaubert, etcétera, que comparten mi postura. Ya lo decía este último, “La mujer es un vulgar animal del que el hombre se ha formado un ideal demasiado bello”
Rorschach: Pero coincidirá usted conmigo que la sociedad actual ha cambiado, que muchas de las ideas de esos filósofos son anacrónicas, que quizás nacían de la ignorancia, del rencor. De hecho Schopenhauer en sus últimos años de vida empezó a tener una opinión más dulcificada sobre ellas.
Edgar: Tonterías, te aseguro que ahora pensarían cosas peores. Hoy en día solo un putero lucha en igualdad de condiciones con una mujer. Ellas no necesitan perder el tiempo, tienen kilómetros y kilómetros de polla a su disposición, de todos los tamaños y colores. Y esa es la razón por la que siempre muestran, hasta el embarazo o las primeras arrugas, un código de conducta tan errático y deleznable.
Rorschach: Me deja usted sin palabras.
Edgar: Si quiere conocer realmente a las mujeres, le insto a acompañarme a un lupanar de confianza. Descubrirá sin corsés su verdadera naturaleza y no tendrá que pagar demasiado por ello.
Rorschach: …

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